Cultura
Ver día anteriorDomingo 22 de abril de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 

Entrevista con el historiador y líder de la restauración del Centro Histórico de La Habana

La cultura es la coraza moral de un país: Eusebio Leal Spengler

Durante 40 años se ha encargado de salvaguardar la singularidad del pueblo cubano

Si la nación descansara sólo sobre personas, estaríamos perdidos; lo importante es dejar huella, afirma

Foto
Ciertas formas de interpretación de la modernidad tratan de privarnos de la memoria, alerta Leal SpenglerFoto cortesía Claudia Gómez Haro
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 22 de abril de 2018, p. 2

Eusebio Leal Spengler ha dedicado la mayor parte de su vida a engrandecer la historia de Cuba y su memoria. Todos los que lo hemos conocido nos quedamos deslumbrados por su capacidad creadora e intelectual. Orgullo y agradecimiento profesan los cubanos por el hombre que durante 40 años ha salvaguardado el patrimonio y la memoria histórica y cultural de su capital, patrimonio de la humanidad.

En su obra, como líder de la restauración del Centro Histórico de La Habana, ha demostrado una preocupación constante por el entorno social.

En entrevista, revela su visión de la Cuba actual, los valores a rescatar y la esencia de la cubanía. Como él dice, es hijo de su tiempo, y su tiempo comienza cuando se derrumbó la sociedad antigua y se necesitó construir la nueva…

Como señaló la poeta Fina García Marruz: En su sacrificio humilde, en la entrega tenaz de sus horas, en la vehemencia prometéica con que ama a La Habana, es donde está su huella. Cuando lo olviden los hombres, todavía lo recordarán las piedras.

–¿Me podrías hablar de los valores en la Cuba actual, donde se avecinan grandes cambios? Siempre has dicho: la honradez es el símbolo de la verdadera virtud, de ahí nacen los demás valores.

–Los valores nacen de la honradez, quiere decir, de la conducta pública, de la verdad, del compromiso que cada cual asume con un proceso político de la jerarquía de la Revolución cubana.

Me alegra pensar que en este momento en el cual aseguras se avizoran cambios, podamos afirmar que la Revolución es y debe ser protagonista del cambio. Ella es cambio. Es hacer en cada momento, como afirma Fidel en su concepto de Revolución, lo que en cada momento es necesario.

–¿Qué es lo necesario hoy?

–La respuesta a esta interrogante tiene que darla el pueblo cubano, y se la da cada día al intentar hallar su propio camino. Ahí creo que descansa la virtud.

–Has hablado de la importancia de los símbolos como valores de la nación y de un pueblo.

–La familia, la amistad… Podría parecer un discurso conservador, pero no lo es. Ya Engels avizoraba por muchas razones la base que es y el sentido que tiene la familia en la sociedad humana y en la estructura de un Estado.

“Son también los valores patrios, aunque parezca que en los tiempos en que vivimos, de homologación en todos los aspectos, hablar de valores patrios resulte también un discurso conservador.

La patria nunca lo será, la patria no es sólo donde se nace, ni es el amor ridículo, como decía Martí, del aldeano al pedazo de tierra en que vino al mundo; la patria es algo más: es un espacio espiritual, un ente moral, un punto de referencia y ese es un valor, a mi juicio, sustantivo para la América nuestra y para Cuba en particular.

–En repetidas ocasiones has hablado no sólo de la historia de Cuba y sus principales héroes, de su soberbia arquitectura y monumentos. Ahora, ¿podrías hablar del presente y del futuro, de los valores que necesita defender el país?

–En un memorable Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en un tiempo definitorio de la historia de nuestro país, Fidel señaló que lo primero que teníamos que salvar era la cultura. La cultura es la escama metálica, la coraza moral, la defensa que todo país tiene para eso que antes me preguntaba y que consideramos los valores.

“Los valores se defienden con una armadura cultural sólida. Y en los momentos en los cuales vivimos vale la pena reflexionar profundamente sobre ello.

En mi trabajo de casi medio siglo consagrado a la restauración de esos valores en el campo de la arquitectura, la documentación, la preservación de las fuentes para el estudio y conocimiento de la cultura, podría decir que es esencial. Hay un engaño en ciertas formas de interpretación de la modernidad que tratan de privarnos de la memoria, y se cae en esa especie de Alzheimer social que da resultados nefastos a los países, sobre todo en vías de desarrollo.

–A lo largo de aproximadamente 50 años de arduo trabajo en La Habana Vieja, ¿en qué momento se encuentra la preservación del patrimonio de Cuba frente a los cambios venideros?

–Es una afirmación constitucional de Cuba en las primeras leyes revolucionarias dictadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular, que son la Ley sobre la Protección al Patrimonio Cultural, la Ley sobre Museos Municipales y la Ley de los Monumentos Nacionales y Locales. ¿Por qué el país les dio tal importancia a estos elementos? Porque precisamente, son de capital importancia en el devenir futuro de la nación. Eso fue así en el momento de dictarse el texto constitucional en 1975, pero lo es hoy con igual intensidad y fuerza.

“¿Qué ventajas encontramos hoy? La experiencia adquirida, la vertebración de un movimiento a escala nacional de protección del patrimonio y de las ciudades patrimoniales de Cuba, integradas en una red gracias a la cual comparten experiencias, recursos, sin privarlas de rasgos de identidad y de características y singularidades que cada una tiene.

“Nos hallamos hoy mucho más preparados, más competentes y no descuidamos la formación de cientos de personas que se especializan en materia patrimonial.

“Hace pocas horas una persona me preguntaba de dónde salen los recursos para enfrentar tal cantidad de obras de restauración, algunas de gran monumentalidad y no sólo en La Habana. Nacen no de un poder económico, que no poseemos – aunque es necesario para hacer estas cosas– sino de una necesidad moral, de una fuerza característica del espíritu cubano y prueba lo que ha sido en estos años una de las tareas fundamentales de la Revolución: salvaguardar la identidad y singularidad de nuestro pueblo.”

–Has sido un hombre que ha visto y vivido la Revolución a lo largo de los años, has sido partícipe importante de las transformaciones, de las rectificaciones, del análisis y del debate. ¿Cómo ves el futuro de Cuba ahora que Raúl Castro se retira?

–Si la nación descansara sólo sobre personas, estaríamos perdidos; el papel de los hombres es transitorio en la historia. Lo importante, como decía un gran intelectual cubano, Alfredo Guevara, es al menos dejar huella. ¿Ha quedado realmente una huella del paso por la historia de figuras tan importantes como Fidel, Raúl, el Che? Yo diría que sí, que ha sido profunda, por solamente referirme a los hombres que conocí, a los que han sido mis contemporáneos, aunque mayores que yo.

El grito en América Latina

“Pertenezco a una generación casi inmediata posterior a la de los hombres históricos de la Revolución cubana. Pero cuando miro hacia atrás, veo que los grandes intelectuales, pensadores, los que llamamos padres fundadores de la nación, dejaron una huella y no solamente la del grito. Alguien me preguntaba una vez por qué en América Latina se habla continuamente del grito: el grito de Lares, el grito de Dolores, el grito de Yara… Y es que aquí hemos tenido que hacerlo todo gritando, hemos tenido que gritar. Ahora bien, ese grito, en el caso nuestro, para referirme solamente a Cuba, fue el de hombres de talento, en los cuales coincidió la acción y el pensamiento. Han dejado una profunda huella.

“Siempre pensé que nos esperaba un golpe muy fuerte para mi generación, y era el momento en que Fidel dejara de ser una figura palpable dentro de la sociedad cubana; quiere decir, alguien a quien vemos caminar por las calles, enfrentarse al ciclón, estar en la trinchera, combatir por la zafra, atender la escuela. ¿Qué pasaría después? Sin embargo, la vigencia de su pensamiento y de su acción es tan real, que a veces nos parece que no es verdad que se haya ido.

“Exactamente nos pasa ahora, cuando estamos ante la disyuntiva, en este caso voluntaria, del general presidente Raúl Castro, de poner fin a la etapa de su mandato como dirigente presidencial. Raúl sigue siendo referencia moral en la estructura del partido fundado por Fidel, y sigue siendo referencial en el orden del pensamiento y de la acción revolucionaria en el tiempo inmediato futuro. ¿Lo demás? La suerte está echada: alea jacta est.”