Opinión
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Ciudad Perdida

Triquiñuelas electorales

Los expedientes de los señores X

No hallan cómo bajar al puntero

Miguel Ángel Velázquez
L

ejos de la mirada justiciera de las autoridades electorales, en todas las arenas de la contienda política que atraviesa el país, se ha desatado un guerra paralela, por decirlo de algún modo, donde los organismos privados, principalmente, han vertido opiniones que buscan enajenar a los ciudadanos, causando, por ejemplo, miedo o enojo, en contra del quienes no están de acuerdo con ellos.

El supuesto es que esas campañas no están permitidas, y aunque no se debe limitar por ningún motivo la libertad de expresión, hoy es más que obvio que la ley no está hecha para impedir que los señores del dinero traten de imponer el modelo de país donde ellos dictan la reglas de la vida diaria, y por eso la violan a contentillo, sus empleados, colocados en los lugares estratégicos que requieren para que la ley se acomode a su capricho, sólo tienen que cumplir con los deseos del patrón para no sentirse en peligro de ser expulsados del terreno del confort que hoy pisan.

El asunto de los señores X y sus empleados es impedir que Andrés Manuel López Obrador pueda llegar a la Presidencia de la República, y para ello se valen de todo y han probado de todo, sin mucho éxito, según nos dicen las encuestas, por eso ahora buscan desesperados al joven (C)Anaya, aunque sepan que la naturaleza traicionera del panista hoy o después les clave el puñal en la espalda.

Lo saben porque lo han estudiado, momento a momento, acción tras acción. Saben, por ejemplo, que el discurso de la democracia en boca de (C)Anaya no funciona, que lo que hizo primero en el PAN para dejar fuera del partido a sus correligionarios, y luego en la alianza para impedir que la candidatura se diera a partir de una encuesta, dan muestra de su calaña, y la similitud con que ellos hacen y piensan es tan grande que por eso le temen, y hoy por hoy, no han logrado un acuerdo por más que se esfuerzan.

El candidato del PAN, que ya también se comió al PRD, se negó a enfrentarse a Miguel Ángel Mancera en una encuesta que señalara al candidato con la aprobación de la gente. Y eso, hay que decirlo, en el peor momento de popularidad del jefe de Gobierno de la Ciudad de México con permiso, tal vez porque aún sin una aprobación alta por su gestión, Mancera podría ganarle la encuesta, y bueno parece que no es creíble que ahora el panista pida hasta un mal parido voto útil, si no fuera porque ahora siente la posibilidad de hacer creíble un fraude en contra de la gente y de López Obrador con el apoyo de los tramposos de siempre.

Es muy grave saber que las autoridades electorales puedan inclinar la balanza de la justicia al modo que mejor le conviene a los enemigos de uno de los contendientes, es muy temprano en el proceso electoral, pero desde quienes juzgan la elección están fuera de la línea de la credibilidad de la gente, y eso ya le resta legitimidad a sus acciones. Algo se tiene que hacer; tiene que haber alguna manera de neutralizar, pero ya, desde lo legal y no dentro de tres años, cuando otra vez la realidad nos aplaste.

De pasadita

Sin mucho gusto, pero sin argumento en contra, el pasado día primero, en Los Pinos, los asistentes al acto que daban fe de la existencia del Día del Trabajo para el gobierno de México, escucharon de la boca del secretario del Trabajo, Roberto Campa, una palabra muy incomoda: justicia, y peor, llamó a la historia como el instrumento del tiempo que exige no volver a cometer los mismos errores, pero ese día que se conmemoró la lucha obrera, el jefe del sindicato de patrones se confundió y solo habló de lo bondadosa que es la iniciativa privada, pero además estaba la CTM, o lo que de ella queda, y de eso, mejor ni hablar.

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