Opinión
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México SA

EPN: empleo y novela rosa

Cada vez más ganan menos

Precariedad y confianza

Carlos Fernández-Vega
E

n uno de esos actos a modo que tanto gustan al gobierno en turno, pletóricos de porras y agradecimientos al inquilino en turno de Los Pinos, a Enrique Peña Nieto se le ocurrió que es la confianza que México proyecta dentro y fuera del país la garantía para la apertura de fuentes de ocupación, y como parte de su novela rosa laboral presumió que durante su estancia en la residencia oficial suman 3.6 millones los empleos formales inscritos en el IMSS.

El problema es que la confianza asociada por Peña Nieto a la generación de puestos de trabajo resulta por demás raquítica y promotora de la pobreza, porque el grueso de las plazas laborales registradas en el IMSS reporta niveles de ingreso de hasta dos salarios mínimos (176.72 pesos diarios como máximo), algo que ni lejanamente contribuye al bienestar de los mexicanos ni al progreso del país.

Para ayudar a entender de qué se trata, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC, Precarización laboral: revés salarial, cantidad por la calidad) nos obsequia un paseo temático, y de su análisis se toman los siguientes pasajes.

La brecha entre el número de personas que gana más de 10 salarios mínimos (solamente 0.9 por ciento de la población ocupada) respecto de las que reciben hasta dos (42 por ciento de la población ocupada) es el verdadero muro contra la equidad. Además, se debe considerar a 3.4 millones de mexicanos ocupados que no obtienen ingresos.

Al terminar 2017, menos de 480 mil personas ocupadas tuvieron ingresos que superaron 10 salarios mínimos, contra 22.1 millones que cuando mucho recibieron dos minisalarios. Si se asume que una familia en promedio tiene cuatro integrantes, se puede apreciar la implicación negativa directa: los beneficios de un buen ingreso llegan a pocas personas, particularmente en un entorno laboral en el que se reduce el número de plazas laborales que paga más de tres salarios mínimos.

Entre el último trimestre de 2012 y el correspondiente de 2017, la ocupación y empleo que paga entre tres y cinco salarios mínimos disminuyó en 713 mil plazas. En el mismo periodo, la ocupación y empleo que paga más de cinco sueldos mínimos se contrajo en 1.49 millones. En conjunto, ambas cifras muestran que, si se considera la cifra de jóvenes que se sumó al mercado laboral, más mexicanos se disputan menos oportunidades.

En consecuencia, se debe plantear que el verdadero problema de inequidad y pobreza es atribuible a la precariedad del ingreso laboral, que a su vez es resultado del entorno adverso que enfrentan la mayoría de las empresas en México: inseguridad, corrupción, altos costos de energéticos y combustibles, falta de financiamiento e importación ilegal de productos, entre otros.

Hay un hecho insoslayable: la disminución en la tasa de desocupación se ha logrado al tiempo que se reduce la ocupación mejor remunerada: solamente el sector industrial ha logrado mantener la generación de empleo con salarios que rondan entre tres y cuatro veces el mínimo.

El sexenio está por finalizar y el resultado que refleja el mercado laboral es de 3.6 millones de nuevos empleos, dato relevante por su naturaleza, en especial por los colaterales positivos que causa a la sociedad; no obstante, ese avance tiene elementos negativos que deben considerarse. El fundamental se encuentra en las bajas remuneraciones.

Al final de 2017, cerca de 53 millones de personas tuvieron una ocupación, pero solamente 0.9 por ciento obtuvo una remuneración mayor a 10 salarios mínimos diarios (26 mil pesos mensuales). Cuando se considera a quienes lograron ganar más de cinco suledos mínimos, el porcentaje es de sólo 4.6 por ciento (cifra que contempla a 0.9 por ciento que recibió 10 o más).

Si bien los números mencionados permiten observar que pocos mexicanos tienen buen ingreso económico, lo extremo de la situación puede dimensionarse cuando se contempla al total de la población. De acuerdo con el Inegi, hacia finales de 2017 México albergó 123 millones de habitantes; en este sentido, las 480 mil personas ocupadas que ganaron 10 o más salarios mínimos representan sólo 0.4 por ciento de la población total. ¿Cómo puede lograrse mayor equidad si el mercado laboral genera pocas oportunidades bien remuneradas?

Lo anterior es atribuible a lo que ocurre por entidad federativa: de los 32 estados, apenas 12 contabilizan a más de uno por ciento de su población ocupada percibiendo más de 10 salarios mínimos y sólo dos están por arriba del umbral de 2 por ciento: Baja California Sur y Chihuahua, con 2.5 por ciento en cada caso. La primera es la única que supera 10 por ciento del total de su población ocupada por encima del rango de cicno sueldos mínimos o más, con 14.5 por ciento. Ocho estados de la República reportan que su población ocupada con una percepción superior a 10 minisalarios no excede 0.5 por ciento del total.

En sentido contrario, una cuarta parte de las entidades federativas tiene más de 50 por ciento de su población ocupada, percibiendo hasta dos salarios mínimos diarios. Chiapas, con una población total de 5.3 millones y 1.8 millones desocupados, tiene más de 60 por ciento, cuando mucho, con hasta dos sueldos mínimos diarios.

Nuevo León, con 21 por ciento, es la entidad con menor cantidad de población ocupada en este intervalo; dicho de otra manera, aun en el estado mejor posicionado, uno de cada cinco trabajadores se encuentra en este rango (hasta dos salarios mínimos). Las entidades de la zona sur-sureste reportan la mayor proporción de población ocupada con dicho rango.

En Ciudad de México apenas 1.7 por ciento de ocupados obtiene más de 10 salarios mínimos, mientras 35.6 por ciento, cuando bien va, gana hasta dos. Así, la debilidad del mercado laboral es reflejo de la condición social en que vive México: los problemas que enfrentan las empresas y los trabajadores se trasladan a la vida familiar, vía bajos salarios y carencia de prestaciones sociales.

Por tanto, uno de los verdaderos desafíos que deberán resolver quienes resulten electos a escala federal y estatal será detener la precarización del mercado laboral, algo que solamente se puede lograr mediante el incremento de las capacidades productivas de las empresas en todos sus tamaños.

Las rebanadas del pastel

Agarraos, mexicanos al borde de un ataque de pánico: tipo de cambio peso-dólar en distintos bancos de Ciudad de México: Banamex, 20.05 por uno; Scotiabank, 20.06; Bancomer, 20.17, y CI Banco, 20.50

Twitter: @cafevega