19 de mayo de 2018     Número 128

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Del maíz a la picapica mansa:
innovación campesina verde

Ángel I. Ortiz Ceballos y J. Rogelio Aguirre Rivera  angortiz@uv.mx


Mucuna Pruriens.

En las regiones tropicales de México, el sistema tradicional de producción de maíz de roza-tumba-quema está resquebrajado por el agotamiento de tierras con monte alto. El suelo se degrada sin el barbecho o descanso del acahual y se abandona por improductivo, o se recurre a fertilizantes químicos, herbicidas y plaguicidas para lograr cosechas, con los inconvenientes económicos y ambientales ampliamente conocidos. Como alternativas para la recuperación y mantenimiento de la fertilidad de estos suelos degradados, están los cultivos para abono verde, en cobertera, es decir, cubriendo el suelo con ellos, o incorporándolos al suelo al ararlo.

Los abonos verdes son plantas que se siembran en rotación o en asociación con cultivos anuales y perennes para aportar nitrógeno biológico para la nutrición del cultivo y materia orgánica para mejorar o conservar la fertilidad (capacidad de producción persistente de cosechas), para proteger el suelo de la erosión, pérdida de nutrimentos y del intemperismo, y para controlar arvenses (“malas hierbas”). Algunos campesinos del sureste de México, desde hace unos 50 años, desarrollaron un sistema de rotación con picapica mansa (Mucuna pruriens ssp. utilis) para poder cultivar en forma continua la milpa en suelos que estaban degradados. Esta leguminosa es originaria de Indonesia, y fue introducida en 1876 a los Estados Unidos (“velvet bean” o frijol terciopelo), donde fue cultivada y seleccionada (cultivares de ciclo corto); así, en 1918, en el sur de Estados Unidos se sembraron más de tres millones de hectáreas para producir forraje y semilla para alimentar bovinos, cerdos y caballos. Pero también se utilizó en rotación para conservar la fertilidad en suelos dedicados a la producción de cereales, algodón y cítricos; además, las compañías bananeras la llevaron a diferentes regiones tropicales de México y Centroamérica. Sin embargo, como todos los abonos verdes, dejó de usarse con el surgimiento de los fertilizantes nitrogenados sintéticos y posteriormente con el auge del cultivo de soya, en la rotación con cereales y algodón.

La picapica mansa es una planta anual de rápido crecimiento que produce en promedio 7.3 toneladas de materia seca por hectárea. Su biomasa total (follaje, raíces y semillas) contiene en promedio 162 kg/ha de nitrógeno, equivalente a 352 kg de urea. Conforme aumenta la antigüedad del sistema de rotación maíz-picapica mansa se ha observado que el material acumulado sobre la superficie del suelo incrementa su contenido de materia orgánica entre 2.2 y 3.8%, se reduce su densidad aparente (suelo más poroso), y se produce una mejoría en sus condiciones químicas (mayor capacidad de intercambio catiónico, reducción del pH) y del reciclado de nutrimentos (fósforo, potasio, calcio, magnesio y otros).

Con la cobertura viva densa que se forma (50-90 cm de altura) la picapica mansa, se genera un micro ambiente favorable (humedad y temperatura), y los nutrimentos que aporta permiten conservar la biodiversidad dentro del suelo: lombrices de tierra, nemátodos, hongos micorrizógenos, bacterias fijadoras de nitrógeno, coleópteros, arañas y colémbolos, entre otros. La función gradual de los organismos del suelo es descomponer los residuos orgánicos y liberar los nutrientes; o sea, es una actividad benéfica que contribuye a incrementar los rendimientos de los cultivos. Además, la incorporación de carbono en el suelo, a través del rastrojo del maíz y de la picapica mansa, ayuda a mitigar la acumulación global del CO2.

Se ha documentado que el cultivo continuo de maíz en terrenos de ladera (30 a 65% de pendiente) incrementa la erosión (salpicamiento y escorrentía superficial), con pérdidas de 200 a 3,600 t/ha/año de suelo, mientras que con la rotación maíz-picapica mansa se pierden 52.32 t de suelo/ha/año, y en un sistema de pradera-picapica mansa sólo se perdieron 3.92 t/ha/año. Además, en los suelos compactados por maquinaria pesada o degradados por el sistema de roza-quema, con la rotación maíz-picapica mansase recupera su fertilidad para reincorporarlos a la producción de alimentos.

La picapica mansa, por su crecimiento vigoroso y violento, ha mostrado ser efectiva para suprimir o eliminar las arvenses (malas hierbas o mal monte), principalmente zacates (Imperata cylindrica y Andropogon bicornis) yjuncias pirófitos (Cyperus rotundus) que compiten ventajosamente por luz, nutrimentos, agua y espacio con los cultivos anuales y perennes. Así, con esta práctica se reducen los costos por el control de arvenses (deshierbas manuales o con herbicidas) y se liberan jornales para otras actividades. La siembra de 15 kg/ha de semilla de picapica mansa (15000 a 16000 plantas/ha) ha sido exitosa para el control de arvenses. Así, la picapica mansa tiene un potencial como bioherbicida para rehabilitar los suelos infestados con arvenses de difícil control. Por ello, no sólo debe verse como una forma barata de agregar nitrógeno al suelo.

Con el uso de la picapica mansa en rotación con la milpa, los investigadores y campesinos obtienen en promedio rendimientos persitentes de 3.0 t/ha, contra 1.8 t/ha del sistema tradicional (roza-quema-herbicida); o sea, los rendimientos son semejantes a los señalados como metas de productividad del maíz del programa MasGro que promueve Sagarpa y CIMMyT en las regiones tropicales de México. El sistema de rotación maíz-picapica mansa se practica principalmente en la siembra de tornamil o tapachole (otoño-invierno), aunque también se puede realizar en la siembra de temporal (verano). Sin embargo, en el sistema de rotación en invierno desarrollado por los campesinos se alterna el ciclo biológico de ambas especies (cuando uno inicia, el otro termina, y viceversa). La siembra de temporal requiere más mano de obra, pues hay que sembrar cada año la picapica mansa y hay que controlar su crecimiento sobre las plantas de maíz.

Por todo lo anterior, podemos concluir que el sistema de rotación maíz-picapica mansa en las regiones tropicales de México es una tecnología sustentable, porque: a) permite el control biológico de arvenses, b) reduce o elimina el uso de fertilizantes artificiales, c) incorpora materia orgánica y nitrógeno atmosférico (secuestra carbono y reduce la  emisión de óxido nitroso), d) protege el suelo contra la erosión, e) conserva la biodiversidad del suelo, f) regula el clima del suelo, y g) produce cosechas persistentes. Finalmente, el sistema de rotación maíz-picapica mansa contribuye a lograr la seguridad alimentaria.

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