19 de mayo de 2018     Número 128

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Mujeres del cafetal veracruzano.
La vida en épocas de crisis


El café de la huerta es manejado por las mujeres.
FOTO: Rigoberto Vicente Castro

Lorena Paz Paredes

En el imaginario social alimentado por nuestra sacrosanta cultura sexista, hay una tajante división del mundo productivo y del mundo reproductivo, donde los hombres del campo se ocupan de la producción agropecuaria y las mujeres de los quehaceres domésticos, del cuidado y del traspatio. En la cruda realidad, esto no es ni tantito cierto. Desde hace casi medio siglo va quedando claro que ellas también son proveedoras y productoras, y que la feminización rural crece como el zacate por la migración de varones adultos y jóvenes que huyen de la pobreza, la inseguridad y la violencia. Hoy casi una quinta parte de los hogares rurales en comunidades con menos de 15 mil habitantes están encabezados por jefas de familia (INEGI, 2010), lo que significa que se han multiplicado las jornadas laborales, comunitarias y organizativas de las mujeres del campo.

Es bien sabido que, desde siempre, aparte de las tareas obligadas de mujer, ellas trabajan en varias labores de la milpa y el cafetal, igual que las niñas y los niños, aunque muy pocas son propietarias o controlan este espacio tradicionalmente masculino.

Pero el cafetal se ha venido feminizando como resultado del bajón de los precios del café de 1989-1994 y 1998-2004 (de 120 dólares las 100 libras, a menos de 50), y muy evidentemente desde 2013 cuando la plaga de la roya y los cambios climáticos provocaron pérdidas de más de la mitad de la producción nacional de este grano aromático. En la CNOC estiman que la cosecha cafetalera nacional del ciclo 2015-16, fue la peor de los últimos 58 años.

En la región Xalapa-Coatepec, del centro del estado de Veracruz, la roya hizo estragos en las plantaciones y desempleó a cafetaleros y a jornaleros que llegaban por cientos en la temporada del corte. En el ciclo 2014-2015, de los 400 mil quintales de grano que en promedio se cosechaban ahí antes de la roya y los fríos, la producción cayó a los 80 mil quintales

En las comunidades más afectadas como San Miguel Tlapexco, del municipio de Cosautlán, muchos varones salieron en busca de empleo, y entonces las mujeres se hicieron cargo del sostenimiento familiar, del cafetal y de la vida comunitaria. En este trance, su trabajo, tanto en las maltrechas plantaciones como fuera de las fincas, así como las redes femeninas para el cuidado de niñas, niños y personas mayores, se volvió un auténtico salvavidas.

Mi esposo se endeudó queriendo renovar su finca –decía una campesina de esta comunidad- y plantó matas más resistentes a la roya… Pero hay que esperar tres años a que empiecen a dar… ¿Y qué hacemos todo ese tiempo? ¿De qué vamos a vivir?... Él se tuvo que ir y yo me quedé a cuidar casa, hijos… Y también ando en la finca.

En Tlapexco las mujeres se encargan de cuidar y atender el hogar, pero además cortan café de la huerta familiar, lavan, secan y encostalan el grano, y se contratan como cortadoras en otros cafetales. Por temporadas hacen pan, costuras, o venden comida y otros productos en fiestas comunitarias y eventos escolares del pueblo o de parajes cercanos. Muchas son beneficiarias del Prospera. Las más jóvenes se emplean en comercios o como trabajadoras domésticas en ciudades cercanas, dejando a sus pequeños al cuidado de otras mujeres. Y aun las que no salen de la localidad y se responsabilizan directamente de tareas del hogar, hacen de todo para conseguir un ingreso adicional.


Ellas son proveedoras y productoras. FOTO: Archivo

La reciente crisis del café puso al descubierto estas finísimas redes solidarias del cuidado. Y donde no las había, la necesidad las echó a andar. Padres y madres que se van dejan a los niños y niñas al cuidado de hermanas, tías, abuelas, madrinas, quienes se encargan de llevarlos a la escuela, de asearlos, de prepararles comida, de mantenerlos sanos y hasta contentos. Redes femeninas tradicionales, o de amigas, vecinas y comadres. Así, las que se quedan se ocupan del niñerío de las que se van, y se hacen cargo de espacios de vida, de afecto, de juego, tan entrañables como la casa y ahora tan anchos como la comunidad.

Así que esta crisis evidenció que las economías familiares en zonas cafetaleras como ésta, no dependen ni exclusiva ni principalmente de los ingresos por la venta de café. La producción de autoabasto, la provisión de alimentos y servicios familiares, y el entrañable universo doméstico del cuidado a cargo de las mujeres, reveló su centralidad. Quedó claro también que, en situaciones de gran riesgo, la vida se sostiene con manos y alma de mujeres. Se crean nuevos arreglos y se alteran los entramados y equilibrios socioeconómicos y las relaciones tradicionales entre hombres y mujeres.

Si en un futuro cercano la roya llega a controlarse, si los precios no caen demasiado, y si a mediano plazo la cafeticultura regional se recupera, quieran que no, unas y otros se encontrarán con que los roles de género han cambiado. Quienes ayudaron a sostener la vida familiar y comunitaria, no podrán ser más las fantasmas o personajes invisibles de siempre… ¿O sí?

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