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Anaya, súbita colocación // Debate insustancial // AMLO, beneficiado // Rioboó, tema de última hora

Julio Hernández López
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▲ ANAYA, "DESESPERADO". El candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, aseguró que a su contrincante Ricardo Anaya se le ve desesperado y triste, lo cual me da pena, porque él construyó su trayectoria política con base en la traición.Foto Jesús Villaseca
L

uego del insustancial remedo de debate que los candidatos a la Presidencia de la República sostuvieron el martes por la noche ha sido notable la súbita colocación del panista-frentista Ricardo Anaya Cortés en el centro del interés periodístico.

En algunos medios se le consideró un notable ganador del mencionado “debate (mediante peculiares sistemas de consulta a líderes de opinión, como sucedió en el diario Reforma) y también ganaron titulares sus denuncias respecto de José María Rioboó, el constructor favorito del paso del tabasqueño por el gobierno capitalino.

Rioboó, por cierto, no es el único gran empresario de la construcción favorecido desde el flanco lopezobradorista: el 29 de marzo de 2016 en esta columna se habló del Empresariado constituyente (https://goo.gl/dbxhNN), al referirse a las postulaciones para ser diputados constituyentes en Ciudad de México, a nombre de Morena, de personajes como Moisés Araf Hop, alto ejecutivo del Grupo Ideurban, que construye el desarrollo inmobiliario Mitikah, justamente en el sur de la ciudad, en la colonia Xoco, entre sostenidas impugnaciones vecinales, además de Elvira Daniel Kabbaz Zaga, quien es hija del dueño de Danhos, empresa constructora ampliamente favorecida por las administraciones capitalinas desde la correspondiente a Andrés Manuel López Obrador (durante la gestión de éste, Kabbaz Zaga fue directora de transportes eléctricos).

La construcción acelerada de un falso perfil de víctima del sistema ha permitido a Anaya mantenerse como la última posibilidad arriesgada de intentar un golpe electoral relativamente incruento contra López Obrador (la otra posibilidad, cruenta, correría con cargo a Meade). A pesar de lo explotables que pudieron ser en el debate dos hechos detonados justamente a horas o minutos del inicio de ese encuentro en Mérida, el sacrificable José Antonio Meade Kuribreña no los aprovechó como sugeriría cualquier olfato político aunque fuera en mínima expresión tecnocrática: ni la programada excitación del presidente de la directiva del Senado, Ernesto Cordero, para que la procuraduría federal de justicia actúe ya contra Anaya, ni los nuevos videos, con base en el dicho de un hermano del empresario Manuel Barreiro, que fueron difundidos media hora antes de que iniciara el tal debate.

La acumulación de acusaciones mediáticas, pero no judiciales, contra Anaya, llevó incluso a Meade, a quien se debería suponer como confidente privilegiado de Los Pinos, a cometer dos errores: dijo que, en esa mesa meridana, el único indiciado era el panista, lo cual es falso, pues justamente esa es la clave aquí mencionada en anterior entrega: todo parecerá artificio mientras Los Pinos no ordene a la PGR que pida acción penal contra Anaya. Por otra parte, Meade, como si tuviera información privilegiada, adelantó que pronto llegará a Anaya un citatorio judicial por lavado de dinero.

Aun cuando todo apunta con claridad a un triunfo sin regateos de López Obrador en la contienda presidencial, y del partido Morena en varias gubernaturas y probablemente en la mayoría de los asientos en el Congreso federal (diputaciones y senadurías), el conjunto de factores que están en su contra (en especial un segmento de los capitales más importantes del país) habrán de hacer cuanto puedan para evitar ese desenlace tabasqueño tan cantado.

En el tercer y último debate, Andrés Manuel López Obrador terminó, a pesar de todo, como el gran beneficiado (elusivo, fuera de tiempo, desconocedor de ciertos temas, aferrado a la cantaleta de la corrupción como mantra salvador) más que ganador, incapaces sus adversarios de moverlo de su sitial de muy aventajado competidor. Pero, al mismo tiempo, desde un segundo lugar al que se acerca Meade (o ambos a una especie de tercer lugar compartido), el robótico Anaya recibe cuerda para intentar el zarpazo final, con el tema de los contratos directos al grupo empresarial Rioboó como lema de combate.

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