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Nosotros ya no somos los mismos

LLegó el día de votar// PRI y PAN: diferencias salvables// El origen revolucionario y los decentes//

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▲ En imagen del 6 de mayo, técnicos de los Talleres Gráficos de la Nación afinan detalles en la impresión de boletas que se usarán el próximo domingo.Foto Cristina Rodríguez
E

sta es la última columneta que se publicará antes del domingo 1° de julio. En esa fecha los mexicanos tomaremos una decisión que, para mí, no se circunscribe a un breve e insuficiente cambio del color partidario que, durante un exiguo sexenio, encabece el gobierno de la República, entre 2018 y 2024.

Alternancia de dos partidos, históricamente antagónicos, ya la tuvimos. Sus diferencias a partir del surgimiento del segundo, en 1939, parecían insalvables.

Nomenclatura (PRI, tres. PAN, una)

Declaración de principios. PRI: separación Estado-iglesias, laicidad, nacionalismo, educación racional. Propiedad originaria de la nación sobre tierras, aguas, mar territorial, espacio aéreo y riquezas del subsuelo. Leyes protectoras de los trabajadores del campo y las ciudades. Acceso a los bienes culturales y una inclinación (decreciente, ciertamente) por los pueblos originarios. (Alguien recuerda a don Genaro V. Vásquez: Al indio hay que darle la razón aunque no la tenga.) En 1938, la Revolución todavía estaba en el gobierno.

PAN: como en los orígenes, la religión católica sería la única oficialmente aceptada, sin tolerancia de ninguna otra. (Elementos Constitucionales de López Rayón y Los Sentimientos de la Nación, de Morelos). La propiedad privada no tendría más límite que el poder económico, político, de relaciones, complicidades y carencia de escrúpulos y honorabilidad que impidiera la acumulación desenfrenada de un patrimonio transgeneracional. Su política internacional era una y simple: fronteras abiertas al capital extranjero y plena predisposición para que los vecinos del norte nos hicieran el favor de incluirnos, como otra luminosa estrella de su bandera. La educación, para que en verdad lo fuera, estaría dedicada a promover la sumisión, el oscurantismo, la desigualdad a que inevitablemente nos condenan los libros sacros y la más laxa aplicación del derecho natural. ¿Derechos humanos? ¡Por favor! ¿Los humanos con derechos? No, con obligaciones, grilletes y lo increíble: dotados de todos los órganos para realizar las funciones sexuales naturales e imprescindibles para ser felices, pero con la enfermiza condena de que si los usabas por amor, deseo y con libertad, cometías un pecado (peor que un delito) y te podías condenar para siempre.

El PAN, por su parte, se gana a plenitud el mote de Partido de la Reacción. Sus propios exégetas lo confiesan: Lázaro Cárdenas era un peligro para México. La gente decente tenía que reaccionar en contra de ese bolchevique purépecha que pretendía transformar nuestros maravillosos latifundios y haciendas, tan impresionantes como los castillos del Loira (Chambord, Chenonceau), en antecedentes de los hoteles boutique y resorts a los que en la actualidad todos los mexicanos siempre somos bienvenidos… como personal de servicio.

Si los últimos dirigentes de este influyente grupo burgués de Jurassic Park leyeran siquiera sus documentos fundacionales, no tendrían para qué haber rebosado, con millares de perras chicas, las faltriqueras del mentado gachupín Antonio Solá, quien volvió a engatusar con sus abalorios y bisutería a la nueva Junta de Notables, más conocida ahora como La Sagrada Familia. (Revísense los apellidos de los legisladores y funcionarios panistas desde su fundación y véase si de pura chiripa algún apellido coincide). Solá, simplemente cambió el nombre: Cárdenas por López Obrador.

Yo, por mí mismo, sin la menor representación que la propia, me resisto. Mi voto, el próximo domingo, será por los principios, por la ideología en que me formé, conforme a la que he vivido. No tengo otra prenda que mi coherencia. No tengo otro legado que obrar en conciencia.

PD. A mis hijillas: Ana y Mariana, que votarán en libertad.

Twitter: @ortiz tejeda tejeda