Construir el Porvenir / Gustavo Esteva

Mal empieza la semana cuanto te ahorcan el lunes.


ene 01 09:10


Imagen del documental de Andrés Manuel López Obrador, proyectado el 15 de diciembre de 2017 en el Centro Cultural Telmex. Foto Pablo Ramos

Así empieza nuestro año. Ni siquiera podemos decir que el panorama no puede ser peor…porque puede ser peor. Esa es la perspectiva realista. Tiene razón Agamben: el futuro ya no tiene futuro. El poder financiero ha secuestrado toda la fe y todo el futuro, todo el tiempo y todas las esperanzas. Por eso, según él, para tener de nuevo acceso al presente e imaginar un porvenir, no debemos ver al futuro, como exigen hoy todos los candidatos. Tenemos que voltear al pasado para entender lo que pasó y averiguar cómo pudo ocurrir todo esto. De ese modo, dice Agamben, podremos encontrar nuestra libertad.

Será muy difícil levantar el ánimo ante la cuesta de enero. Encontramos por doquiera un paisaje patético y trágico a la vez. Las mayorías enfrentan una situación de extrema gravedad en sus condiciones materiales de vida y en las del entorno natural; todas las esferas de la vida cotidiana están expuestas a miserias sin cuento. Estamos también ante situaciones cada vez más trágicas, en que el desgarramiento del tejido social se hace más profundo y la degradación humana que muestran los crímenes innumerables se hace más despiadada.

Futuro es lo que no existe. Todavía. Algo como un futuro empieza a existir si una fe, aquello en que tenemos confianza, es capaz de dar realidad a nuestras esperanzas. ¿Cuál es la fe qué tratan de moldear los candidatos? ¿De qué manera intentan inspirarnos confianza para no seguir cayendo por el despeñadero en que estamos?

Era de esperarse que los candidatos del PRI y del PAN/PRD sólo ofrecieran más de lo mismo y por tanto no pudieran alimentar muchas esperanzas. Sólo las conservan quienes confían en disfrutar de los beneficios que se derivan de alguna complicidad con los aparatos que esos partidos controlan; es el famoso ‘voto duro’…que se vuelve cada vez más frágil. Ni siquiera el PRI puede ya confiar en él.

En las semanas recientes, la fe invariable que todavía inspira AMLO en millones de personas comenzó a cuartearse. No fue por efecto de las críticas de sus adversarios, sino por sus propias decisiones. Hasta algunos de sus más fieles seguidores reaccionaron con frustración ante su programa y su gabinete. Es interesante tomar nota de sus reacciones. Cuando se presentaron fundadas objeciones por su selección de uno de los autores de la ‘ley Monsanto’ para manejar la política agrícola, reconoció el valor del disenso pero exigió creer en él, como persona, porque estaba comprometido con la soberanía alimentaria; una vez en el poder, afirmó, se aseguraría de que no fueran las corporaciones quienes decidieran la política oficial. Reaccionó en forma semejante cuando se le reclamó su asociación con un partido cuyas posiciones se han ubicado siempre en la extrema derecha y está implicado en crímenes como el de Acteal. Subrayó que no había diferencias políticas o ideológicas de fondo con ese partido. Que debían seguir confiando en él, en su buen juicio.

Hay millones que escuchan aún ese llamado. Confían en AMLO. Pesa en su ánimo la sensación de que es la única opción. Que para resistir la barbarie fascista sólo existe la vía electoral. Eso creen hasta quienes reconocen que la democracia es la forma política del capitalismo, porque piensan que sería políticamente suicida luchar abiertamente contra el capital, en las circunstancias actuales. Consideran que la inmensa mayoría de la población sigue aún atrapada en el modo consumista impuesto por el capital y están subordinados a las estructuras constituidas. Con alguien como AMLO podría empezar a inclinarse la balanza en otra dirección, para pensar entonces en otras cosas.

Para esas personas lo que resulta ilusorio es apostar a la acción discreta, puntual y esforzada de quienes intentan reconstruir la sociedad desde abajo; las personas, los colectivos y las comunidades que están poniendo toda su energía en organizarse, cada quien a su manera, para detener el horror y aprender a gobernarse por sí mismas. Se insiste en afirmar que el efecto de ese empeño, vinculado actualmente con Marichuy como vocera del Concejo Indígena de Gobierno, será enteramente marginal y debilitará a la que aún llaman ‘izquierda’. Por eso, quizás, las redes sociales están llenas de comentarios racistas y sexistas contra ella por parte de afiliados a Morena.

No hay promesas con Marichuy. No espera ocupar los aparatos podridos y desde ellos abrir otra posibilidad. No plantea siquiera que se vote por ella. Se reduce a mostrar lo que está pasando. Sostiene que sólo nosotros, nosotras, en nuestros lugares, podemos hacer lo que hace falta. Sólo nosotras, nosotros. Si recuperamos la esperanza como fuerza social sin más fe que la derivada del empeño propio, discreto, puntual, esforzado. A ras de tierra. Sólo así, piensan algunas, algunos, podemos ponernos a construir un porvenir.

gustavoesteva@gmail.com