Sin consultar a Perogrullo, permítaseme decir que es profunda, muy profunda, la superficialidad con la que los candidatos a la Presidencia de la República afrontan la problemática y las perspectivas de solución de lo que podemos llamar “lo energético”. Y llamémoslo así “lo energético”, para no restringir el diagnóstico y, mucho menos, las líneas de solución, a la pregunta sobre qué hacer con Petróleos Mexicanos (Pemex) y con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde ya hay, por cierto, adelantos plagados de superficialidad e ignorancia.
La masacre perpetrada desde el viernes pasado en la ciudad siria de Hula, provincia de Homs, en donde murieron un centenar de personas –entre ellas, 32 niños menores de 10 años–, suscitó una enérgica condena internacional encabezada por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki moon, y su enviado al país árabe, Kofi Annan, así como por el bloque occidental del Consejo de Seguridad del organismo –Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia– más Alemania.
Si hubiese que proyectar estos siete días de mayo a la primera semana de julio, no tendríamos sino que decir que el fin de la jornada electoral se dio en un clima enrarecido. Los cuatro (¿cinco, cuántos más?) generales sometidos al arraigo y la práctica incomunicación, atestiguan enormes fallas geológicas en la estructura de la seguridad y revelan fracturas amenazadoras en las relaciones entre sus dos principales ejes: el Ejército nacional y la Procuraduría General de la República.
Una vez más los jóvenes vuelven a imponer su presencia en el escenario político nacional. Todos los observadores están de acuerdo en que ello no es fortuito o casual. Los jóvenes tienen sus motivos, muy poderosos y muy claramente definidos. Y son muchos y variadísimos. Lo que en verdad sobresale es su voluntad de actuar y de hacerse presentes a todos los actores de la sociedad, con un profundo y exigente deseo de ser escuchados. Están hartos de ser objeto de la manipulación de los medios y de los políticos y, lo que es peor, de ser ignorados o tratados como unos idiotas (en el sentido antiguo del término griego: como seres aislados y sin voluntad propia, sin poder ni capacidad de decidir).
Las encuestas prelectorales –sobre cuyas intenciones y precisión hay mucho que decir– siguen dando una ventaja de 10 puntos al candidato de Televisa y del establishment, Enrique Peña Nieto. Sin embargo, a pesar de los grandes medios de desinformación e intoxicación, y gracias a las masivas manifestaciones populares y de universitarios, Andrés Manuel López Obrador está reduciendo esa distancia cuando queda algo más de un mes para votar. Por tanto, hay margen para destacar algunas cosas.
En la semana, por lo menos desde el sábado 19 pasado, han salido a la calle numerosos estudiantes y otros manifestantes. Los temas son relacionados, pero en un caso es contra el candidato del PRI; el domingo 20 fue centralmente en apoyo a López Obrador; el miércoles 23, sobre Televisa, y en cada caso sobre los otros temas. La coordinación para televisión llama a dar un “apagón” a Televisa y Tv Azteca el 30 de mayo.
La ciudad de México es el escenario de un despertar ciudadano que empieza a estar consciente de su propia fuerza y que contagia a otras ciudades de todo el país; los estudiantes de #YoSoy132 invitan a una acción pacífica, pero contundente, en contra de las televisoras, que marca un cambio positivo en la historia contemporánea.
Vivimos un momento cardenista. Lo digo en dos sentidos. Primero vivimos un momento parecido al que enfrentó Lázaro Cárdenas a finales de los años 30 en dos aspectos. Primero una crisis económica mundial que llama a soluciones heterodoxas. Y una correlación de fuerzas internas que permite imaginar soluciones intrépidas en lo político y lo económico. Hasta ahí la analogía. Nada permite suponer que la profunda crisis económica que golpea de maneras distintas a Europa y Estados Unido conduzca a una guerra mundial. Pero ha exacerbado en ambos casos tanto a los grupos más xenófobos y derechistas como a nuevas y trascendentes formas de expresión progresistas desde las movilizaciones juveniles hasta la revitalización de algunos partidos de centro izquierda como el Partido Socialista de Hollande o el Laborista de Miliband o expresiones políticas más a la izquierda como Melenchon en Francia o más ciudadanas como Beppe en Italia. La presente discusión en Europa entre la disyuntiva entre crecimiento y austeridad –una antigua y pesimamente definida opción entre nosotros en los 80– ,o la oposición programática en Estados Unidos entre rendir culto a los ricos –una versión más salvaje de la frase mal atribuida a Deng Xiaoping de “enriquecerse es glorioso”– o un regreso paulatino a la senda de mejor distribución de ingresos y beneficios; apuntan a un momento donde lo definitorio será asumir riesgos acotados pero al fin riesgos para salir de la actual inercia intelectual y política. Continuar en la inercia sólo lleva a hundirse en las arenas movedizas de la actual coyuntura mundial.