2012-01-16

¿La Fiesta en Paz?

En tanto que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en lugar de atender asuntos de mayor relevancia para la calidad de vida de la ciudadanía, aplaza o reinicia la bizantina discusión del premoderno dictamen que intenta prohibir las corridas de toros –siempre ha sido más fácil desautorizar que aplicar la ley–, aficionados pensantes se preguntan si la política, la religión y los taurinos conservan una mínima neuronalidad para entender la vida humana.

Dos tenazas internas, no de antis, apretaron más de la cuenta la extemporaneidad de la tauromaquia en estos tiempos de hipócrita guerra por el petróleo y contra el terrorismo y el narcotráfico: 1) la tradicional postración del latinoamericano ante lo importado, sea bueno, regular, malo o pésimo, y 2) el irresponsable voluntarismo de los llamados promotores taurinos, quienes en su alegre autorregulación se desentendieron o compraron a la autoridad y dieron la espalda al público que posibilitaba y animaba el espectáculo.

A los gobiernos simplemente les ordenaron –los propietarios del pensamiento único– considerar a la fiesta de toros como algo política y culturalmente incorrecto y al ingenuo público que por inercia siguió asistiendo a las plazas hasta convertirse en aficionado a tres apellidos extranjeros, se le privó de toda forma de capacitación o ésta quedó en manos de locutores de radio y televisión lo suficientemente flexibles para llevar la fiesta en paz.

Pero una cosa es no haber sabido conducir el espectáculo taurino por rumbos de grandeza, innovación y mercadotecnia que recuperasen para la fiesta la bravura, la competitividad y el verdadero riesgo, y otra, muy diferente, querer desaparecerla en vez de corregirla desde la ley y el reglamento respectivos. Con tantas complicidades recíprocas los autorregulados y sus cómplices se quedaron sin el apoyo del público y las autoridades sin idea de cómo rescatar una tradición.

¿Quién defiende la fiesta de toros de México? Los políticos se hartaron de los autorregulados; los legisladores con trabajos caminan verticales; los taurinos, luego de varias décadas de autorregulación redituable sólo para ellos nunca van a entender, y la autoridad ahora promueve negocios. Afortunadamente ayer domingo, a partir de las 21 horas, los comentaristas taurinos de seis estaciones de radio dieron un ejemplo de unidad y enlazaron sus programas en defensa de la fiesta. La que hay, claro, no la que debería haber.