Al rescate del arte rupestre y la historia oral

No hace falta ascender mucho por la ladera de la cordillera de Lemgasem, en Rekeiz, al norte de Tifariti, para encontrar los primeros resguardos de pinturas rupestres. Sobre la piedra rojiza de las grutas, gacelas, jirafas y antílopes que nunca habitaron el desierto constituyen crónicas vivas de viajeros del Africa subsahariana de épocas de la prehistoria. Con diseños policromos, escenas de caza y ganadería, danzas de hombres y mujeres hablan nítidamente de sucesos de hace 10 mil, 8 mil años.

Y manos. Decenas de manos, algunas no sólo pintadas sino grabadas, otras decoradas con motivos geométricos, imprimen la huella del hombre que merodeó durante el neolítico por estas enormes rocas de la era precámbrica.

La baja cadena de cerros está formada por grandes lajas calizas. Dicen los geólogos que estas son las piedras más antiguas del continente, "el viejo esqueleto de Africa". Y consideran este sitio como una de las manifestaciones más importantes del arte rupestre que, por su singularidad, ha merecido que se acuñe el término "neolítico sahariano".

Dispuesta a rescatar el patrimonio cultural de sus ancestros, sin recursos, sólo con la voluntad y la convicción de su identidad nacional y el concurso solidario de la Universidad de Gerona, la ministra de Cultura Mariam Salek se ha lanzado al rescate de estos sitios arqueológicos que se ubican, casi todos, en los desolados territorios liberados.

''Porque -explica esta voluntariosa mujer- es nuestro mayor arraigo. Y de esto depende que nuestro pueblo entienda que tiene una causa por la cual luchar''.

Sin embargo, un vándalo de nombre Suleiman, osó, hace pocos meses, hacer sus absurdos grafitos encima de esos tesoros. Muley Mohamed Fadel, el guía que nos ha llevado al pie de Rekeiz, no cabe en sí de rabia y dolor.

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Texto y fotografías: Blanche Petrich