Surge el dilema: retorno a las armas o "normalización del refugio"
La República Arabe Saharahui Democrática parece debatirse frente a realidades contradictorias. En el Sáhara en el exilio se habla de desesperación y de un retorno a las armas para romper la inercia de la solución política. Pero también existe lo que algunos analistas llaman la "normalización del refugio", la transformación de los campamentos en poblaciones organizadas y funcionales.
Conforme pasa el tiempo la brecha generacional se profundiza. Los jóvenes menores de 25 años no conocieron las tierras que sus mayores idealizan y que son objeto de la tenaz resistencia de sus dirigentes del Frente Polisario. Suman ya miles los que se han incorporado a las oleadas de migrantes que suben de Africa a Europa en busca de otros horizontes. En los años 80, ante la falta de horizontes, muchos refugiados que no militaban en el Polisario retornaron a sus ciudades, en Marruecos. Los otros, los que se quedan, educados en un sistema de valores casi utópico, no encuentran empleo para sus habilidades. Para ellos la tentación de la vía armada ronda durante las horas de ocio, alrededor de la vasija del té.
"¿Y cómo vamos nosotros, los viejos combatientes, a pedirles paciencia?", se pregunta Mohamed Lamin. A sus 60 años, fuerte aún, enfundado en su darrah (túnica), admite que los muchachos de hoy, con sus críticas y su radicalismo, le recuerdan su juventud. Amigo de Lueli Mustafá Sayed, a quien llaman "el alma" del Frente Polisario, Lamin fue también fundador de la guerrilla que inicialmente se enfrentó a la colonia española. Aquella generación desafiaba la opinión de los cheijs, los ancianos notables que tenían -y siguen teniendo- gran autoridad en la sociedad.
Lamin es hoy consejero del presidente Mohamed Abdelaziz. "Cuando nos levantamos en armas en los años 70 éramos apenas 26, la mayoría estudiantes. No teníamos armas ni existía organización en el pueblo. Nadie en el mundo nos reconocía ni apoyaba (el respaldo de Libia y Argelia fue posterior). Los viejos nos pidieron paciencia hasta que ellos mismos entendieron que nuestra rebeldía tenía razón de ser."
La primera acción de estos rebeldes fue en mayo de 1973, un asalto a una patrulla militar. Recuperaron varios camellos y seis ametralladoras. Fueron sus primeras armas. "Y nuestra primera lección resultó perdurable: todo depende de la voluntad del hombre", expresa Lamin.
De esa generación es el intelectual Hamdu Suelem. "Nos inspiramos en el Che Guevara. La concepción inicial del Polisario fue foquista y nuestro primer gran choque cultural fue con los notables de nuestras tribus."
Explica que en la estructura social de los beduinos, el anciano tiene un rol relevante no sólo por el respeto. "En una cultura de tradición oral, ellos son los sabios, las enciclopedias, los que guardan en la memoria toda la información relevante para la sobrevivencia de la tribu: las rutas del desierto, la ubicación de los pozos. Son instructores, jueces y guías."
Después de las primeras escaramuzas guerrilleras, los jóvenes rebeldes entendieron que nunca serían una fuerza nacional sin el apoyo de los cheijs. Y lograron convencer a varios eminentes notables. "Cuando ellos se incorporaron en 1975 al Frente Polisario, dimos el salto histórico. Muchos ancianos también tomaron las armas. Otros resistieron hasta la muerte en las ciudades."
Dentro de la actual organización de la república existe un consejo consultivo de nueve ancianos que participan en tareas legislativas y diplomáticas como parte integral del Estado. Cada wilaya tiene un representante ante el Consejo. No es en balde, pues un proverbio beduino proclama que ve más un hombre viejo, aunque esté echado, que un joven de pie.
Esa misma generación de rebeldes apostó todo a la vía política. A finales de los años 80 dominaban el campo de batalla. Recuerda Lemin: "Ya les tocábamos las narices a los marroquíes. Pero aun así aceptamos en 1991 el cese del fuego. Creímos en la diplomacia. Al cabo de los años, el acuerdo favoreció más a nuestros enemigos que a nosotros".
No sólo en boca de los hombres se oye la palabra guerra. De la necesidad de retomar las armas nos habla Suelma Beiruk, responsable de desarrollo social y cooperación internacional de la Unión de Mujeres y diputada en el Parlamento Africano. "Estamos a la intemperie. El mundo nos mira y nos olvida casi inmediatamente. Si no presionan a Marruecos no tendremos otra alternativa que la guerra. Y claro que pensamos en las consecuencias. Más que nadie, ya que son nuestros hijos los que irán al frente, los que morirán primero."
Texto y fotografías: Blanche Petrich