Los avances de las saharahuíes ejemplo para el mundo árabe
La escuela de mujeres
La clave para entender la construcción de un Estado en vías de desarrollo, con una estructura política y social democrática y avanzada en el que las mujeres impulsan el barco y determinan su rumbo (aunque no están al timón), radica en el campamento “27 de febrero”; una comunidad que floreció alrededor de un proyecto, la escuela de mujeres, uno de los edificios más complejos y completos de este país en el exilio.
El “27” lleva el nombre de la fecha de la fundación de la República Árabe Saharahuí Democrática. Se ubica a pocos kilómetros de Rabuni, la capital administrativa. El conjunto, como un corazón colectivo, está formado por una serie de instalaciones que rodean una gran explanada de arena. Ahí está la sede de la Unión de Mujeres y sobre todo, la escuela.
Además de aulas donde centenares de mujeres se capacitan en todo lo imaginable –cada año egresan 500–, hay una biblioteca en embrión, un área de bellas artes, un departamento de asistencia sicológica, la redacción del periódico semanal de la RASD, un centro de informática, una escuela de enfermería. Algo indispensable: una guardería abierta a lo largo de toda la jornada. Sí, también un salón de belleza donde Shaya despliega el arte de la henna (tinte vegetal rojizo o negro) en manos y pies de quienes acuden. Ahí se realizan labores diplomáticas, de coordinación de ayuda internacional, de atención a grupos vulnerables. Ahí confluyen miles de proyectos de solidaridad de organizaciones no gubernamentales (Ongs) de todo el mundo. Y como en cualquier lugar del primer mundo, también se imparten rutinariamente talleres de autoestima.
Pero sobre todo, para la generación de luchadoras que por años se dedicó a dar, ahora la escuela brinda un espacio para su desarrollo personal; una opción, dicen ellas, “de cercanía y preparación”. Las mujeres que aquí trabajan o estudian viven en la comunidad, con su familia. En la medida en que se multiplican las actividades de la escuela –un taller de tejido de tapetes, talleres de artesanías y su respectiva tienda cooperativa, talleres de redacción y locución para radio y televisión, música, pintura– crece el pueblo, que también es sede del Museo de Historia. Justo frente al museo viven el presidente Mohamed Abdelaziz y su esposa Hadiya Hamdi, que es responsable de comunicación de la Unión de Mujeres y que sacude la mano con hartazgo cuando alguien la llama “primera dama”: “Eso no, por favor”.
Texto y fotografías: Blanche Petrich