Usted está aquí: Portada Reportajes La nación seri, un paraíso calcinante de desierto, mar, cultura y autonomía

Foto 1

Description

Foto Foto

Foto 2

Description

Foto Foto

Foto 3

Description

Foto Foto

Foto 4

Description

Foto Foto

Foto 5

Description

Foto Foto

Foto 6

Description

Foto Foto

Foto 7

Description

Foto Foto

Foto 8

Description

Foto Foto

Foto 9

Description

Foto Foto

Foto 10

Description

Foto Foto

Foto 11

Description

Foto Foto

Foto 12

Description

Foto Foto

Foto 13

Description

Foto Foto

Foto 14

Description

Foto Foto

Foto 15

Description

Foto Foto

Foto 16

Description

Foto Foto

Foto 17

Description

Foto Foto

Foto 18

Description

Foto Foto

La nación seri, un paraíso calcinante de desierto, mar, cultura y autonomía

Punta Chueca y El Desemboque, Son. Aquí, donde se juntan el mar y el desierto, es el territorio de la nación seri. Es un paraíso calcinante que los vio arribar, integrarse y expandirse como etnia desde tiempos inmemoriales; después, ser perseguidos, estar al borde de la extinción y pasar, no hace ni un siglo, de la vida nómada a la sedentaria.

Este paraíso es además el escenario actual de un proceso de transformaciones culturales seris que no desea excluir ciertos aspectos de la globalización, pero tampoco la cohesión comunitaria, la identidad y las reivindicaciones autonómicas que marcan una explícita diferenciación de ellos con "los mexicanos".

Primera luna nueva del verano

Durante el 30 de junio y el primero de julio las autoridades tradicionales de los seris o comcá'ac de Punta Chueca y El Desemboque, las dos únicas comunidades de este pueblo indígena de entre 700 y 900 personas en total, encabezaron la celebración del Año Nuevo tradicional, que llega con la primera luna nueva del verano.

"La fiesta del Año Nuevo seri ha sido consolidada como un espacio escénico donde los símbolos de orgullo y desafío de esta cultura hacia Occidente se han desplegado con mayor intensidad", dice el etnólogo Rodrigo Rentería, y agrega:

"Esas dos noches la nación comcá'ac celebra su persistencia y desafía lo venidero."

Presenciar la fiesta del Año Nuevo seri ha sido como abrir una ventana para otear el complejo entramado cultural, económico, político y social de los comcá'ac, palabra que quiere decir "la gente". Según una de varias versiones, "seri" es un vocablo yaqui que designa a la "gente de la arena".

La fiesta se pudo apreciar gracias a la invitación del cuarteto de rock seri Hamac Caziim (Fuego Nuevo), el cual dio dos conciertos en la ciudad de México hace más de un mes (La Jornada, 21 de mayo de 2005), y de un grupo de trabajo de la Dirección General de Culturas Populares e Indígenas que viajó allá, encabezado por la etmusicóloga Aurora Oliva y el promotor triqui y director del Museo Nacional de Culturas Populares, Marcos Sandoval.

"Modernidad" acechante

Aquí, en este paraíso de la costa de Sonora, en el Golfo de California o Mar de Cortés, en 211 mil hectáreas otorgadas por decreto presidencial para su uso exclusivo hace tres décadas, incluida la isla del Tiburón, la más grande del país, los comcá'ac se adaptan a la vida sedentaria a la que fueron orillados poco a poco.

Ya casi no practican la caza y se ha reducido la recolección de frutos y semillas del desierto, pero aún dependen en gran medida de la pesca, que ahora comercializan mediante una cooperativa surgida durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

A los visitantes les venden sobre todo collares de conchas, caracoles y semillas, figurillas de animales en palo fierro y piedra, canastas tradicionales o coritas y paseos en sus lanchas de motor.

Las antiguas y pequeñas viviendas seris de arcos de ramas de ocotillo y cubiertas de yerbas, llamadas haco ahemza, ya sólo se utilizan en las festividades.

Desde hace algunas décadas la mayoría habita casas construidas con bloques de cemento y otros materiales "modernos", calurosas en verano y frías en invierno.

Como nómadas, los comcá'ac gozaban de libertad de movimiento en "bandas" o clanes, los cuales convivían y a veces se enfrentaban entre ellos y contra otras tribus como los pápagos. En un tiempo el territorio seri abarcó más del doble del actual.

Después los comcá'ac se opusieron a la evangelización y a su control en misiones y lucharon contra los colonizadores europeos y mestizos, a quienes, según el investigador Edward Moser, a veces les robaban ganado.

Como sedentarios han dejado de padecer la persecución de fuerzas militares coloniales y luego nacionales, que en el siglo XVIII los llevó a sublevarse unidos a los pimas y en el XIX los redujeron hasta casi exterminarlos.

A los hombres los asesinaban y a las mujeres y niños los deportaban hacia el sur. Fueron tiempos de tragedias familiares y étnicas aún no investigadas. Se sabe que a principios del siglo XX sólo quedaban unos 130 seris.

Hoy el hostigamiento reviste otras formas, como las incursiones en marzo y abril pasados de la Policía Judicial del Estado y la Agencia Federal de Investigación, o la imposición de proyectos turísticos considerados por ellos ajenos y contaminantes, como el Escalera Náutica-Mar de Cortés, que incluye cinco estados y busca "sacarlos del atraso", según el gobernador sonorense, Eduardo Bours. Ambos casos documentados por La Jornada.

Abundancia en la aridez

Otros retos de la "modernidad" son la pérdida de identidad y el consumo de drogas por parte de un sector de jóvenes. Aunque en las dos comunidades no se vende cerveza u otro tipo de alcohol debido al ingreso hace cuatro décadas de una comunidad protestante proveniente de Estados Unidos.

Lo que sí se comercializa son "sodas" (refrescos), golosinas chatarra y alimentos enlatados, que han generado, según diversos informes, problemas de salud como obesidad, diabetes, caries y desnutrición. De ahí otro problema de las dos comunidades seris: la falta de manejo de la basura inorgánica, sobre todo plástica, que invade calles y monte.

Punta Chueca se localiza 30 kilómetros al norte de Bahía de Kino, región que antes también formaba parte del territorio seri y que a su vez se encuentra a 130 kilómetros de Hermosillo, capital del estado tierra adentro.

Frente a Punta Chueca se despliega impresionante la isla del Tiburón, reserva ecológica también de uso exclusivo seri que mide unos 30 por 40 kilómetros. Sesenta kilómetros al norte y también a la orilla de la playa, se encuentra la otra comunidad seri: El Desemboque.

Zona continental e isla, separadas por el Canal del Infiernillo, ofrecen un paisaje de montañas, desierto, playas y manglares, hábitat de una gran variedad de cactaceas, águilas, pelícanos, gaviotas, tortugas, delfines, ballenas, lobos marinos, coyotes, serpientes, venados y borregos cimarrones.

Una vez al año los seris subastan a cazadores estadunidenses cuatro permisos para matar al borrego cimarrón. Cada permiso cuesta 90 mil doláres, recursos que en parte de distribuyen a cada uno de los pobladores, quienes reciben en promedio mil dólares al año por ese ingreso.

Fiesta y naturaleza

Las festividades del Año Nuevo seri se habían dejado de practicar por tres décadas y se recuperaron en 1985 gracias al trabajo de ancianos y promotores culturales de la tribu, en coordinación con la Unidad Regional Sonora de Culturas Populares e Indígenas, reasignándose los días 30 de junio y primero de julio, aunque la fecha tradicional la marca la primera luna nueva del verano.

Es la única celebración calendarizada, pues las demás, como la fiesta de la pubertad por la primera menstruación de las mujeres, la llegada de la tortuga de los siete filos o ciertos rituales practicados en la cueva de un cerro, se suceden según variables de la naturaleza y de necesidades de meditación.

Otra fiesta importante sin fecha fija es la que se celebra cuando una mujer concluye la elaboración de una corita o canasta grande (hat hanoc cacoj), tejida con la fibra del arbusto conocido como torote.

Es el saaptim, "tejer mientras duerme el niño", pues la canasta se crea en silencio y de manera casi secreta con dos grandes agujas de hueso de pata de venado. Si en algún momento surge algún rechinido, el tejido debe suspenderse de inmediato, juntar dinero por algún tiempo y organizar una celebración de cuatro días para poder continuar.

La fiesta mayor sucede al concluir la canasta, con la participación de padrinos. La calidad y tiempo de elaboración de las coritas es tal que una de regular tamaño llega a costar hasta 50 mil pesos, precio que casi sólo pagan coleccionistas extranjeros.

De cualquier modo, ninguna festividad seri tiene elementos de las religiones cristianas, pues los comcá'ac nunca pudieron ser evangelizados por los católicos. Por otra parte, y como recuerda el etnólogo Rodrigo Rentería, su mundo simbólico y ritual es un universo casi inexplorado.


La llegada del año nuevo seri, anuncio de abundancias en época de escasez

En la playa, a unos 30 metros del mar, pasada la media noche del viernes y en medio de las risas sin fin de los niños y adultos de El Desemboque, la guardia tradicional seri dispara sus armas al aire en señal de júbilo. Todos se abrazan, se despiden y penetran la oscuridad rumbo a sus casas.

Han concluido las celebraciones comunitarias del año nuevo de los seri o comcá'ac, que se realizaron el jueves 30 de junio y el viernes 1º de julio. De manera tradicional, el año nuevo de esta nación indígena comienza con la llegada de la primera luna nueva del verano (icoozlajc izaaj).

La fiesta se llevó a cabo en las dos únicas comunidades de los comcá'ac: Punta Chueca o Socáaix y El Desemboque o Haxöl Iihom, sedes de su territorio actual, que va de sur a norte, entre el desierto y el mar, frente a la enorme isla del Tiburón, también parte de sus dominios, en las costas de Sonora, en pleno Golfo de California o Mar de Cortés.

Por la noche del viernes ya había regresado a El Desemboque el gobernador de todos los seris, Efraín Perales, quien reside aquí pero como el jueves presidió las fiestas locales, al día siguiente viajó a Punta Chueca para estar algunas horas en la festividad de allá.

Ambas son celebraciones sin agenda aparente en las que las cosas suceden sin prisa, en una atmósfera comunitaria de alegría y laxitud, como si el fin principal fuera, simplemente, estar en el mundo.

Un mundo de danza y juego

Antes del final, las mujeres jóvenes y maduras, muchas con sus delicados diseños tradicionales en el rostro, habían bailado en filas y círculos el hant cötin coila, plenas de algarabía. También repartieron el icoozlajc, algo parecido al bolo de los bautizos pero en el que se avientan obsequios como listones, collares y pulseras de conchas y caracoles.

Desde un atardecer que aceraba el mar y llenaba de violeta el horizonte, por turnos y ante miembros del Consejo de Ancianos, con sus trajes tradicionales y sonoros tenabaris en las pantorrillas, los varones jóvenes habían bailado el pascola sobre una pequeña tarima de madera enterrada en la arena.

Sentados en sillas, con sonajas y micrófono en mano, los viejos se turnaban para interpretar las ancestrales canciones de la tribu. Muchos de ellos también utilizan los diseños faciales seris, de líneas delgadas y puntos.

Bajo un techo de láminas de cartón, durante el día y hasta el anochecer, los hombres se habían entretenido el jueves y el viernes con el juego del xapiij canlam, en el que sacan carrizos marcados de una caja con arena y cubierta por una tela.

Desde el jueves por la tarde, al comenzar los festejos, las mujeres jugaron el amoiij con rodajas de pitahaya puestas en círculo en la arena. Los niños y niñas, varios con los rostros pintados, también participaron en diversos juegos tradicionales y contemporáneos.

El viernes y el jueves se comió tortuga guisada, frita y hervida, pollo con ensalada y un pan local de harina. Hay veda del quelonio, pero los seris cuentan con una autorización especial para cazarla con fines rituales.

Se bebieron refrescos y agua en grandes cantidades para evitar la deshidratación por las temperaturas de alrededor de 45 grados centígrados. Al atardecer, preparada en el hueco de una biznaga, se sirvió un ligerísimo licor de pitahaya.

Los asistentes habían gozado, además, las danzas y la música con raspadores, sonajas y tambores de agua de un grupo de "hermanos mayos", quienes compartieron su otredad a la vez cercana y ajena con bailes de pascola, coyote y el famoso venado.

Los mayos, por voz de uno de ellos y parados ante Efraín Estrella, jefe del Consejo de Ancianos de El Desemboque, dieron las gracias a los "hermanos seris" por la invitación a participar en sus celebraciones y les pidieron corresponder la visita.

Más de 200 diseños faciales

Es la media noche y el año nuevo seri ya ha comenzado. No son tiempos de floración o de renovación de ciclos vitales. Incluso, por el calentamiento de las aguas del mar en verano disminuye la presencia de peces. Son entonces momentos adecuados para desear y propiciar el arribo de abundancias.

Los festejantes se han ido a sus casas. En la playa sólo quedan los periodistas de La Jornada y los tres promotores de la Dirección General de Culturas Populares e Indígenas (DGCPI), del CNCA: la etnomusicóloga Aurora Oliva, el promotor cultural triqui Marcos Sandoval y la trabajadora social Alejandrina Espinoza Reyna, quien reside en Hermosillo y lleva dos décadas de trabajo con los seris.

Espinoza ha recopilado información inédita sobre los diseños faciales tradicionales de los comcá'ac, de los cuales ha documentado más de 200 diferentes, que se usan según el sexo, la edad y la actividad cotidiana, festiva o ritual respectiva.

La investigadora, quien apoyó el resurgimiento de la celebración del año nuevo seri, publicó en 1997 La historia en el rostro, que incluye unos 60 diseños. Pero la documentación ha crecido y antes de que termine este año la DGCPI editará un nuevo libro.

El grupo duerme bajo una haco ahemza, pequeña enramada tradicional seri hecha con varas de ocotillo arqueadas y forrada de yerbas. El sábado muy temprano es el regreso a Punta Chueca, 60 kilómetros al sur.

La visita al territorio seri había comenzado el jueves por la tarde. En Punta Chueca fue recibido por don Antonio Robles, jefe del Consejo de Ancianos local. El dirigente habló de la amplitud de conocimientos de la cultura comcá'ac: rituales, herbolaria, diseños faciales, el mar, el desierto.

Una mujer convidó un exquisito guisado de tortuga en un plato de unicel. La cocina comunitaria se ubica, como en El Desemboque, debajo de un techo de láminas de cartón, donde suceden varios momentos de la fiesta.

En una pequeña playa-península casi circular, como una "punta chueca" que forma una laguna paradisiaca, acompañados de tres hermosas jovencitas seris, el cuarteto de rock comcá'ac Hamac Caziim (Fuego Divino) graba un videoclip que se incluirá en su primer disco compacto. Las tomas las realiza la reconocida videoasta yaqui Esperanza Molina.

Una realidad imbricada

Por la noche, en el patio de una escuela que aún no se utiliza como tal, ubicada al lado del techo de lámina, los jóvenes, entre ellos Israel Robles y El Indio, baterista y vocalista de Hamac Caziim, bailan pascola frente a don Antonio y otros ancianos.

Como en El Desemboque, los mayores de Punta Chueca interpretan las indescifrables canciones rituales, al parecer del seri antiguo. Son las mismas, junto con otras en seri moderno, que canta el grupo de rock, con el permiso del Consejo de Ancianos.

El viernes, en el patio de la escuela, en la sobremesa de un desayuno de atún enlatado, David Morales, encargado de un incipiente centro comunitario de culturas populares, habla sobre la importancia de fortalecer la identidad y la organización de los seris para enfrentar el asedio ideológico y económico de la globalización.

Un ejemplo es el proyecto turístico Escalera Náutica-Mar de Cortés, que incluye la construcción de una carretera que atraviese el territorio de los comcá'ac.

Por ahí llega El Indio, quien prefiere ser llamado sólo así, y habla de la necesidad de respetar la autonomía seri. El participa en las guardias que protegen por mar y tierra la isla del Tiburón, de uso exclusivo de los comcá'ac según un decreto presidencial.

Marcos Sandoval comenta a El Indio que también se debe comenzar por aspectos en apariencia más pequeños, como el manejo comunitario de la basura "moderna" y el desarrollo de sanitarios ecológicos que eviten drenajes que contaminarían el mar.

No a la campaña antiseri

Al medio día del viernes, el grupo sale a El Desemboque, donde pasará la noche. Al día siguiente, el ambiente del sábado temprano en Punta Chueca, al regreso de El Desemboque, luego del clímax de las celebraciones en ambas comunidades por el año nuevo seri, es algo parecido al del primero de enero occidental.

Pero la intensidad regresa con un recorrido en lancha por los manglares continentales y por un extremo de la isla del Tiburón. El guía es Israel Robles, el baterista, quien muestra unos mangles tan extensos que se pierden hacia las montañas unos cinco kilómetros.

Los pobladores y visitantes se reaniman por la tarde con la presentación de grupos de rock venidos de Hermosillo. Hamac Caziim es el plato fuerte. Las jovencitas comcá'ac gritan cuando aparecen en el patio de la escuela. Algunos chavos de fuera se animan con el slam.

En una pausa de sus cantos, El Indio dice que, ante la campaña de desprestigio de los medios de comunicación estatales contra los seris, los visitantes han encontrado una comunidad segura y unida. Es un buen epílogo porque todos los visitantes deberán regresar el domingo por la mañana a Occidente, es decir, a Hermosillo y la ciudad de México.


Soy un guerrero de la tribu, el más bravo: Alfredo Monroy, guardia tradicional

Este es un caso que refleja el sentimiento de autonomía del pueblo seri. Habla Alfredo Monroy, El Pollo, controvertido integrante de la guardia tradicional seri y quien una mañana de marzo pasado fue agredido a balazos por integrantes de la Policía Judicial del Estado de Sonora y de la Agencia Federal de Investigación, en una incursión a la comunidad reprobada por las autoridades tradicionales de la tribu y organismos sociales, pues estaban cerca niños, mujeres y hombres civiles:

"Nosotros salimos a vigilar nuestro territorio. Estas aguas y tierras fueron concesionadas para la tribu por un decreto presidencial de Luis Echeverría. El decreto marca el terreno que nos hace dueños. Inclusive (el ex gobernador Manlio Fabio) Beltrones nos entregó unos títulos de propiedad de la isla del Tiburón."

Monroy, quien porta ropa camuflada, gorra negra, botas y una metralleta, pudo escapar a la agresión de marzo. El guardia, presentado como un delincuente por medios de comunicación estatales y demandado por pescadores furtivos mestizos de Bahía de Kino y otros sitios, accede amable a la entrevista con La Jornada, expone de manera clara y directa sus argumentos, y agrega:

"Cuando nosotros hacemos una vigilancia y agarramos una, dos o tres pangas de pescadores furtivos, buzos que vienen a robarnos aquí a nuestras aguas, se les decomisa únicamente el producto y se deja ir a la gente. Aunque mejor deberíamos traerlos a tierra, al pueblo, y ponerles una multa conforme al daño que están haciendo.

"Pero sucede al revés: a nosotros nos denuncian, nos ponen como asaltantes y el Ministerio Público de la Calle 12 o de donde pongan la denuncia, la acepta sin tomar en cuenta que este es un ejido, una propiedad privada, públicamente, de la tribu."

—¿De qué acusan a los seris? —se le pregunta a Monroy, sentado en la batea de un pequeña camioneta, en una calle cerca de la playa.

—De asaltantes, de haberles robado este producto o este otro, cuando son ellos los que vienen y explotan nuestro territorio. Esa gente es la que nos está haciendo daño a nosotros. Nosotros no hemos hecho ningún daño a nadie.

"Cuando hemos disparado ha sido en nuestra defensa porque ha habido ocasiones que entre dos, tres o cuatro pangas se nos han aventado para arrollarnos, para chocar. Hubo una panga de bahía de Kino que ya la habíamos corrido varias veces, no quería aceptar y le tuvimos que tronar la máquina, pues a balazos."

Insiste: "Ningún juez o agente del Ministerio Público me va a hacer culpable de ningún cargo al yo estar defendiendo mi territorio únicamente, inclusive mi vida en ocasiones".

Consejo de Ancianos, el poder mayor

—¿Cómo funciona esta guardia de vigilancia del territorio seri?

—Vigilamos todo lo que es tierra firme, que incluye Punta Chueca y El Desemboque, todo el territorio continental y la isla del Tiburón. Hay un comandante general, que es de tierra y de mar, y hay un comandante marítimo.

Otros cargos que menciona Monroy es el secretario de gobierno seri, el cual puede coordinar algunas acciones y recorridos de la guardia.

—¿Cuál es la relación de la guardia tradicional con el Consejo de Ancianos y el gobernador seri?

—La guardia depende del Consejo de Ancianos. El consejo es la fuerza más grande, es el poder mayor. Y enseguida el gobernador. La guardia está para proteger al pueblo. Cualquier acción de la guardia tiene que salir de ellos.

—¿Cómo se maneja el hecho de que tú, por ejemplo, estás armado? ¿Tienen algún tipo de permiso?

—En realidad, no hemos logrado ni pensado en regularizar armas. Por decir así, que yo voy a ir... ¿a dónde, pues? Aquí es una nación, se puede decir que es una pequeña nación, que este gobierno tradicional debe marcar su punto de vista sobre cualquier índole. No creo rendirle cuentas al gobierno federal, porque se supone que tenemos nuestras leyes.

Orden de ejecución, no de aprehensión

Acerca de los hechos de marzo, cuando entró la policía a Punta Chueca, Monroy critica al gobernador Eduardo Bours por no investigar "a fondo" el asunto y no pedir cuentas a las autoridades del gobierno federal.

"Ellos llegaron y en cuanto entraron a la calle donde yo estaba, lejos, como a dos o tres cuadras, me empezaron a tirar. Había niños, mujeres y hombres también, era una tienda de abarrotes. Eran las 10 de la mañana.

—¿No respondiste al ataque?

—No, pues si me sorprendieron. Me metí a mi casa. Hubo unas casas que sí invadieron. Adentro de ellas se oía el rafagazo. Yo estaba metido en mi casa, y querían que mi carnal me sacara. No pues, les dijo aquel, ya les dije que no está ahí. Y si creen que ahí está, pues sáquenlo. Pero le dijeron que no traían orden de aprehensión. Entonces traen orden para matarme nada más. ¿Qué clase de ley están usando? Aquí en México no hay orden de ejecución.

—¿Qué dijo de esos hechos el Consejo de Ancianos y el gobernador tradicional?

—El jefe del Consejo de Ancianos estuvo pidiendo al gobierno que no mandara bala. En vez de mandar alguna ayuda para la comunidad o algo, nos mandan pistoleros. ¿Pues qué onda?

—¿No sales del territorio seri?

—No. Antes me paseaba por donde quería, pero tampoco me hace falta.

Cabe destacar que en abril se realizó otra incursión policiaca estatal y federal, pero en esa ocasión en El Desemboque. De ella se conoce poca información, pero algunos vecinos de allá comentaron que los uniformados estuvieron varios días. Incluso se habló de que un helicóptero se desplomó.

—¿Qué arma portas?

—Es un arma que me defiende, porque hay veces que uno como policía se va a topar con gente que va a traer armamento.

—¿Te consideras un policía seri?

—Así es, un guerrero de la tribu, el más bravo. Malo que yo mismo lo esté diciendo. Quiero hacer lo mismo que aquella gente hizo, nuestros antepasados, para que nosotros estuviéramos en este poder de decir: esta tierra es nuestra. Ellos la pagaron con sangre, con sangre se compraron estas tierras.

—¿Se pueden tomar algunas fotos tuyas?

—No, yo no tengo rostro, me dicen el cien caras dijo el otro.

Arturo Jiménez (texto) y José Carlo González (fotos)