Las guerras políticas desatadas por Trump siguen dominando el escenario

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Nueva York. Las guerras políticas internas desatadas en la era Trump y la corrupción que las acompaña siguen ocupando el escenario principal del espectáculo, mientras continúan las guerras militares incesantes impulsadas por Washington y la preparación ominosa de otra contra Corea del Norte que tendría “consecuencias catastróficas”.

El torbellino cotidiano alrededor de la Casa Blanca continuó hoy con mas especulación sobre si el presidente está contemplando despedir al procurador general Jeff Sessions como también si el jefe del gabinete John Kelly sobrevivirá al conflicto ya casi abierto entre él y el yerno presidencial Jared Kushner y, claro, Ivanka, la primera hija.

Por ahora, los jueces del concurso señalan que Kushner parece estar perdiendo este partido, y que después de que Kelly logró reducir su acceso a inteligencia del más alto nivel, su futuro polìtico se complicó aún más después de que el New York Times reveló esta semana que los negocios de la familia Kushner recibieron préstamos multimillonarios de empresas cuyos representantes se reunieron con él en la Casa Blanca, Y esto después de que el Washington Post reportó que algunos gobiernos, incluyendo el de México y China, buscaron establecer relaciones directas con Kushner porque pensaban que lo podían manipular por su falta de experiencia polìtica y diplomática. Pero otros recuerdan que a fin de cuentas, Jared es de “la familia”.

También hay intensa especulación sobre la renuncia de la directora de comunicaciones Hope Hicks y las implicaciones de eso en la disputa interna de esta telenovela. Hicks, a quien le decían dentro de la Casa Blanca la “hija verdadera de Trump”, renunció después de varios eventos recientes: su romance con el asistente presidencial Rob Porter se reveló cuando las ex esposas lo acusaron de abuso físico y tuvo que renunciar, supuestos enfrentamientos con Kelly, su interrogación por el equipo del fiscal especial Robert Mueller y esta semana su comparecencia ante un comité del Congreso donde comentó que de vez en cuando mintió, pero nunca sobre algo importante.

La tasa de cambio de personal en la Casa Blanca de Trump es por mucho la más alta comparada con las de sus cinco antecesores -triple de la de Barack Obama- según un informe de la Brookings Institution.

Mientras tanto, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano Ben Carson canceló una orden de 31 mil dólares para un juego de comedor para su oficina después de que se inició una investigación sobre el uso de fondos públicos para remodelar sus oficinas, incluyendo nuevas sillas de lujo entre otras cosas, todo al mismo tiempo en que este gobierno busca reducir por miles de millones programas de asistencia de esta secretaría para los más pobres.

Otro tipo de corrupción ha quedado de nuevo a la vista de todos gracias a la insistencia de los jóvenes líderes del nuevo movimiento que nació de la masacre de 17 estudiantes y maestros en una preparatoria en Florida hace apenas dos semanas de denunciar frontalmente la influencia de los millones de dólares que reparte la Asociación Nacional del Rifle (NRA) a la clase política estatal y federal.

Como para comprobarlo, hoy, la legislatura estatal de Georgia cumplió con su amenaza de castigar a Delta Air Lines (con sede en Atlanta) al anular una reducción de impuestos para la empresa por atreverse a sumarse a una creciente lista de empresas prominentes que suspendieron sus convenios con la NRA.

Pero las empresas entienden el poder de los jóvenes y los vientos de la opinión pública. La titánica Walmart, la cadena Kroger’s y la cadena de tiendas de artículos deportivos Dick’s anunciaron que ya no venderán armas a menores de 21 años de edad. Walmart y Dick’s también anunciaron que dejarán de vender rifles estilo asalto, generando mayor alarma para la NRA y sus aliados políticos.

Guerras

Hablando de armas, y ocultas detrás del espectáculo político en Washington, las guerras estadunidenses proceden en varios frentes, con la amenaza de otras nuevas.

Una guerra “preventiva” contra Corea del Norte ordenada por Trump está preocupando nuevamente a políticos, opositores y hasta generales en Washington. El Pentágono no ha ocultado la elaboración de “planes de contingencia” y los preparativos para esa opción. Pero el peligro de que eso suceda -y tal vez por un incidente arbitrario- ha sido expresado por nadie menos que los mandos militares supremos. El propio secretario de Defensa James Mattis ha declarado que una guerra contra Corea del Norte sería “catastrófica” y él y varios generales del más alto nivel han enfatizado la vía diplomática para enfrentar la llamada amenaza nuclear de ese régimen.

Un ejercicio militar para evaluar un ataque realizado la semana pasada contemplaba que unos 10 mil estadunidenses podrían ser heridos en combate en los primeros días, y que el número de bajas civiles sería de los miles, tal vez hasta cientos de miles, reportó hoy el New York Times. Un general dijo que “la brutalidad de esto estaría más allá de lo que ha experimentado cualquier soldado viviente”.

El ex enviado especial sobre Corea de Trump acaba de renunciar a su puesto, y según fuentes ha estado diciendo en privado que una facción poderosa dentro del gobierno de Trump opina que una guerra contra los norcoreanos es inevitable.

El senador republicano Jim Risch, en comentarios en la Conferencia de Seguridad de Munich hace un par de semanas comentó que Trump está dispuesto lanzar una “guerra muy, muy breve” contra Corea del Norte, lo cual sería “uno de los eventos más catastróficos en la historia de nuestra civilización” con “bajas masivas… jamás vistas” para evitar que se adquiera la capacidad de lanzar un misil nuclear contra Estados Unidos, reportó The Intercept.

Mientras continúa la “guerra contra el terror” declarada en 2001 en lugares como Afganistán, Irak y Siria -también hay otros campos de batalla que pocos aquí conocen. Entre estas, desde 2015, bajo Obama, los militares estadunidenses participan en la guerra de intervención contra Yemen encabezada por Arabia Saudita que ha matado a más de 10 mil civiles y herido a otros 40 mil, y dejado a un 60 por ciento de la población al borde de una hambruna, situación que algunos consideran como la crisis humanitaria más grande del mundo”. Un grupo de legisladores federales de ambos partidos, incluyendo al senador Bernie Sanders, está impulsando un proyecto de ley para ordenar el retiro de fuerzas estadunidenses de una guerra no autorizada por el Congreso.

Entre tanta guerra dentro y fuera, se entiende lo que dicen de la crisis de salud mental en el país.

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