Recibe Fernando del Paso el premio Sor Juana Inés de la Cruz en Guadalajara

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Guadalajara. “Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba”, leyó Fernando del Paso en el barroco español con que fue escrito el soneto amoroso sin título de Sor Juana Inés de la Cruz, al recibir la presea con el mismo nombre entregada por la Universidad del Claustro de Sor Juana en un acto realizado la noche de este jueves en el Instituto Cultural Cabañas.

“No soy un experto pero sí un enamorado de su poesía, esto me exime de opiniones comprometedoras y de hipótesis demasiado audaces sobre los complejos que, para no comprometerme, podría llamar freudianos y me dejan en libertad de disfrutar su obra de la manera más cándida posible”, dijo el escritor galardonado, durante la ceremonia en la que fue acompañado por la rectora Carmen López-Portillo Romano y su hijo, Rafael Tovar López Portillo.

La presea es la máxima distinción que otorga anualmente, desde 2005, la Universidad del Claustro de Sor Juana “a quienes han contribuido al desarrollo cultural, artístico y académico de nuestro país”. Entre los trece personajes que la han recibido figuran Elena Poniatowska, José Narro, Carmen Aristegui, Leonora Carrington, Estela de Carlotto y Carlos Slim.

“Imagínense ustedes lo que este bellísimo soneto puede significar para un adolescente de doce años que por primera vez, por decirlo así, lo contempla (...) Estoy lejos de ser un experto en la literatura de la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, pero me he visto muy cerca muchas veces en trance amoroso con lo que era ella y ella escribía”, afirmó el escritor.

Acompañado de su esposa Socorro Gordillo y su hijo Alejandro, el Premio Cervantes recordó que el descubrimiento de la poesía de Sor Juana lo hizo cuando, apenas comenzando la adolescencia, pasó varias temporadas en casa de un hermano de su padre, quien tenía una gran biblioteca en la que nadie leía.

“Vivía en las fronteras con el Bosque de Chapultepec, de manera que a las cinco y media de la mañana nos despertaban los estentóreos rugidos de los leones. Fue ahí, en esa biblioteca, donde se mecieron los primeros días de mi afición por la literatura. Digo ‘mecieron’ porque fueron muy movidos. Tres fueron los autores que descubrí en esas estadías en las que yo viajaba por España a lomos de un Rocinante, por el mundo y el universo con Julio Verne y por el lenguaje castellano con Sor Juana Inés de la Cruz”.

Dijo que eso lo hizo darse cuenta que “para escribir es necesario escribir bien o mejor no hacerlo”, además de que el lenguaje “es por fortuna un ser vivo con el que podemos jugar y al que podemos dominar, no sin antes reconocer sus reglas y su originalidad, su fuerza viva y su constante evolucionar”.

Desde esas temporadas juveniles en las Lomas de Chapultepec y a través de los años dijo que ha leído y admirado a Sor Juana tanto “que el ofrecimiento de esta presea otorgada por la Universidad del Claustro de Sor Juana, me ha llenado no sólo de orgullo, sino también de incertidumbre: no sé si merezco este premio de verdad o sólo se me otorga por ser un novelista al que no le ha ido tan mal y al cual se le han otorgado varios premios”.

Agradeció a la rectora López Portillo, a su hijo Rafael y a “uno de los más grandes amigos de toda la vida, el licenciado Rafael Tovar y de Teresa”, quien estuvo presente a través de las varias menciones durante la velada.

“Se premia más que nada la fidelidad que desde casi un niño siento por la obra de nuestra querida Sor Juana”, agregó Del Paso, modesto.

Afirmó que para México, la obra de Sor Juana Inés de la Cruz va más allá de su gran valor literario, pues como hija natural y monja profesa logró realizar una obra literaria cuando el feminismo estaban en desarrollo y supo imponer su personalidad en una sociedad enfocada hacia la masculinidad, que sólo pensaba en ella “como un adorno”.

La rectora Carmen López Portillo afirmó que entregar el premio a Fernando del Paso convirtió al 1 de marzo de 2018 en “un día de fiesta para el Claustro”, además que el escritor ha sido uno de sus más venerables recuerdos literarios infantiles de la mano del amor por la palabra que le inculcó su padre, el ex presidente José López Portillo.

“De niños jugábamos a descubrir con mi papá las palabras más hermosas por su sonido, su significado y cuando encontrábamos una lo festejabamos. Jugando con él aprendimos con su palabra y ejemplo a amar a México, entender la complejidad del mestizaje. Yo conocí a Fernando del Paso en voz de mi padre”.

Contó también cómo a lo largo de la vida lo fue encontrando en distintas ocasiones, con su padre, con Rafael Tovar y de Teresa, muchas veces “con la corbata inaudita” que lo caracteriza pero siempre tendido un puente de humor, de hipnotismo por la voz del escritor.

“A partir de entonces Fernando me sucedió como me sucedieron luego sus palabras, los mundos imaginarios, la sutileza, los matices, sus ecos”, señaló.

Recordó que tras instituirse el galardón, la búsqueda de un ganador cada año ha sido ardua porque se ha tratado de premiar muy diversas trayectorias que “en su conjunto reflejan el espíritu creativo, humanista, crítico y emprendedor de nuestra Universidad”


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