¡Fuera manos de las elecciones! / Víctor Flores Olea

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Los debates"oficiales" entre los candidatos a la Presidencia de la República se han distinguido por su mediocridad, por su superficialidad a toda prueba, por su no comunicación "interesante" con la ciudadanía votante. Algunos lo atribuyen a la necesaria rigidez de este tipo de actos, otros, la mayoría, se duelen del bajo nivel de los protagonistas. Seguramente hay un poco de todo. Más el  hecho de que la mayoría de los candidatos no tenían ni tienen el adiestramiento indispensable pare estos menesteres. Pero también el hecho es que los mencionados debates no han sido, ni de lejos, verdaderamente útiles para informar de la real situación política del país. Y esto es una lástima.

¿Cómo entonces los votantes llegarán a las urnas a depositar su voto? Por un conocimiento más general de los candidatos, que no se desprende de los debates ni, en estricto rigor, de las campañas de sus respectivos partidos, sino más bien del conocimiento general que puede tener o no el pueblo de cada uno de los candidatos, por su trayectoria anterior, por los puestos que han desempeñado, por los libros que han escrito, si en todo caso los hubiera, por su contacto o ausencia de tal con la ciudadanía, por su capacidad de relacionarse con la misma, en fin, por sus antecedentes políticos e intelectuales si los hay para desempeñar la función más alta del país. Y aquí los votantes no fallan y dan su veredicto definitivo el día de la elección. Pero antes, nos guste o no, hay diversos medios adelantando los resultados, como los sondeos de opinión, y hasta el día mismo de la elección con entrevistas al salir de las urnas, etc.

Por supuesto tienen razón quienes expresan una enorme desconfianza hacia las encuestas de la opinión pública, y citan una serie de ejemplos recientes, en México o fuera del país, que han resultado absolutamente erróneas y frustrantes, para confirmar su desconfianza profunda en los diversos métodos de sondeo a la opinión pública, y más en el caso de la política, en que se juegan intereses tan grandes…

Lo que resulta menos comprensible es que sabiendo todo esto, y seguramente mucho más, los partidos políticos elijan como candidatos suyos a personas que pueden tener todas las virtudes que se quiera  salvo la de ser conocidos realmente, y la de haber tratado realmente, a la amplia ciudadanía. En efecto, para no ir más lejos, los nombramientos de Ricardo Anaya y de José Antonio Meade como candidatos de sus partidos, colocan a los mismos y a sus organizaciones en una situación muy difícil de sostener. No sólo las campañas sino las corrientes de opinión, por su contundencia y desproporción, han parecido cargadas en favor de Andrés Manuel López Obrador. Nada que hacer, pues esa contundencia y desproporción hacen ver como imposible un fraude o una triquiñuela que tendrían que ser gigantescos para ser efectivos y que provocarían una reacción imprevisible del pueblo, que pudiera ser más violenta de lo ahora pensado, si es que existe una suerte de previsión o algo que se le parezca. Y, por supuesto, en ese caso debemos estar también preparados a una reacción internacional que seguramente sería de una severidad difícil de imaginar ahora, pero en la que se perdería el prestigio internacional que ganó México en su historia, y que nos haría pasar a la lista de los Estados parias, para decir lo menos.

Precisamente por todas estas razones tiene absoluta razón AMLO al decir que ahora, aspecto fundamental de su campaña, debe ser la defensa del voto y evitar absolutamente cualquier propósito de fraude o trampa electoral. De hecho, ha postulado como la tarea fundamental del movimiento social Morena, a estas alturas de las campañas, precisamente la lucha en contra del fraude o de la distorsión en cualquiera de sus formas de los resultados electorales del próximo primero del julio. Por mii parte, entiendo ese llamado no sólo como una defensa del propio destino político de Andrés Manuel sino incluyendo también en esa defensa a Morena en su conjunto. Las aspiraciones políticas de AMLO y sus razones han quedado perfectamente claras en sus diversas intervenciones en que ha tocado el tema, Se trataría no sólo de ostentar un puesto político sino de realizar una obra significativa en la historia del pueblo mexicano, en lo cual el primero y más importante sujeto es el mismo pueblo de nuestro país.

Y sobre estos asuntos AMLO ha logrado establecer una relación, o una empatía extraordinaria con una mayoría aplastante de la sociedad mexicana, Tal es su gran éxito o mérito político, que todos deberíamos reconocer. Y tal es la cualidad de que carecen sus contrincantes en esta justa. 

Pero reconozcamos que el mérito no es sólo suyo, sino también el de sus contrincantes, que han tenido ya la oportunidad de ocupar lo más altos sitios del poder ejecutivo y las mayorías legislativas que facilitaron su desempeño.Y que echaron por la borda tales oportunidades. Desde luego el PRI, que después de nueve décadas de gobierno sale rodeado de un enorme desprestigio, e igualmente el PAN, que muy lejos de ese número de oportunidades, también falló rotundamente en su desempeño en los dos sexenios en que ocupó la Presidencia de la República. 

Evidentemente tal desprestigio de los otros dos partidos que prácticamente han gobernado a México durante un siglo, han ayudado absolutamente al gran éxito político actual de AMLO, lo que no es muy difícil de reconocer. Sabiendo también que López Obrador, en un trabajo político de décadas, ha logrado ganar la confianza, la admiración y seguramente el voto de la mayor parte de la ciudadanía mexicana en la próxima elección presidencial.  

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