Usted está aquí: miércoles 7 de mayo de 2008 Espectáculos Abordan en película el movimiento armado de Venezuela durante la década de los años 60

Postales de Leningrado, de Mariana Rondón, se proyectará en el Foro de la Cineteca

Abordan en película el movimiento armado de Venezuela durante la década de los años 60

■ Por ley en ese país sudamericano los largometrajes nacionales permanecen dos semanas en cartelera

■ Autobiográfica, narra historias reales de muerte y tortura, desde la perspectiva infantil

Juan José Olivares

Ampliar la imagen Fotograma de la cinta cuya premisa es "se fueron a salvar el mundo y los estamos esperando" Fotograma de la cinta cuya premisa es “se fueron a salvar el mundo y los estamos esperando”

Alguien tenía que saber que mientras muchos venezolanos estaban en Miami, en su país de origen, de 1962 a 1971 (debido a que el presidente en turno Rómulo Betancourt había declarado inexistente al Partido Comunista) se vivía una guerrilla que dejó de saldo muchos desaparecidos, presos y torturados. Éste fue un comentario que le hicieron a Mariana Rondón, directora de la cinta Postales de Leningrado –que se exhibirá en el Foro de la Cineteca Nacional y posteriormente en corrida comercial–, que trata ese tema desde una perspectiva infantil autobiográfica.

Rondón vivió este movimiento social desde adentro: sus padres fueron perseguidos y presos políticos, y su tío está desaparecido. Por eso, Postales de Leningrado está relacionada con su familia y con historias que ha escuchado de amigos o conocidos. “Son historias que conozco, que son reales, cosas que le han pasado a mucha gente, de distintas maneras. No se había hablado del tema en el cine de Venezuela, más que en los años posteriores, pero de manera desdeñosa. No sé si es una reivindicación, pero se ha convertido en algo parecido, aunque también ha sido una crítica amorosa del tema”, dice Rondón.

Una vida en la clandestinidad

“Se fueron a salvar el mundo y los estamos esperando” es la frase de esta cinta, ubicada durante los levantamientos armados de izquierda de los años 60 en Venezuela. Una joven guerrillera –que bien podría ser la madre de la realizadora– debe dar a luz en la clandestinidad. Para su sorpresa, su hija es la primera en nacer el Día de las Madres y sus fotos salen en la prensa. Desde entonces, ambas tienen que huir. Disfraces, escondites y nombres falsos son la vida cotidiana de la niña narradora de esta historia. Junto a su primo, reinventan las aventuras de sus padres guerrilleros, construyendo un laberinto fantástico de superhéroes y estrategias alrededor de la subversión. Pero este juego no logra ocultar la muerte, las torturas y traiciones que se viven en las guerrillas. Los niños desean convertirse en el Hombre Invisible, para estar a salvo y no correr más peligros. Sin embargo, aunque por momentos logren escapar del miedo, saben que sus padres tal vez no regresen nunca, y a cambio sólo reciban postales de Leningrado.

En la narración, la cineasta usó diversos recursos de animación, alternativas visuales y sonoras desde la que estos niños tratan de explicar el mundo que les tocó vivir.

Una de las historias de vida que menciona Mariana Rondón y que está reflejada en el filme es la de un asalto a un almacén, ejecutado con roedores: “Siempre me contaban de un asalto que hubo por el año 65, creo que fue a Sears, donde un grupo de mujeres lograron robar la tienda sin armas; para conseguirlo lanzaron ratas a los pasillos, con lo que espantaron a los clientes y al personal. Ésta es una anécdota que, a lo largo de mi vida, me he imaginado de mil maneras”.

Marité Ugás, productora del filme, afirmó: “Hay que mencionar que esta guerrilla pasó desapercibida durante muchos años. Desaparecida de los libros de texto de Venezuela. Lo interesante fue que el mismo día del estreno, tanto diarios que apoyan a Hugo Chávez como de la oposición defendían a la cinta como suya, porque tenían argumentos sólidos. Pasó más por el espectro de cine social y político que del de espectáculos, y se dio una discusión en torno de la cinta porque tanto en el gobierno como en la oposición existen ex guerrilleros, que es la gente más interesante en cuanto a la opinión política. La película nunca tuvo nada que pudiera parecerse a una censura, y que me lo discuta quién sea. En Venezuela al cine lo siguen considerando un hecho cultural”.

La cinta contiene material de archivo captado por las fuerzas armadas de Venezuela, propaganda de instrucción antiguerrilla (“fue una suerte conseguirlo, y realizamos un documental al respecto”), muy impresionante.

La productora considera que hacer un filme de raíces autobiográficas con ese halo personal cuesta mucho. “Mariana dio un punto de vista infantil, un punto de vista esquivo para tratar el tema. Quería saber la verdad y reinterpretarla desde la infancia.”

El largometraje de 90 minutos, que ya fue mostrado en el pasado festival de cine en Guadalajara, tuvo los beneficios de la nueva ley de cine de Venezuela. Uno de éstos fue el de duración en pantalla. Cualquier cinta venezolana –aunque ésta fue coproducida por Perú y México– debe permanecer dos semanas exhibida en la misma sala, haga los números que haga. “Las películas del país se ven como gran éxito de público. Por primera vez se le permitió al público venezolano ver las películas hechas en casa. Luego de ese tiempo, las cintas entran a jugar en el mercado libre. El hecho de que garanticen dos semanas da tiempo para que el boca a boca funcione. Al auditorio venezolano siempre le gustó su cine, sólo que antes no tenía oportunidad de verlo. Si se diera una ley así en México, sería lo mismo. Porque los exhibidores no dan oportunidad de que la gente de México vea sus cintas, que ganan premios; a la semana ya no están en cartelera”, comentó Marité Ugás.

En cuanto a los apoyos, las realizadoras dijeron: “Por medio de esa ley se puede solicitar apoyo a las empresas y que de alguna manera se les pueda regresar dinero de sus impuestos (estímulos fiscales). Otra forma es por medio del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cenac), como el Instituto Mexicano de Cinematografía, que ha aumentado sus apoyos. Por otro lado, está una especie de productora llamada La Villa del Cine, que es más manejada por el Estado y al que se entra por medio de un concurso de guiones y luego contrata a directores para realizarlos. Es más por encargo y se enfoca a hacer películas históricas”.

La dirección de fotografía de Postales… fue realizada por Micaela Cajahuaringa; el sonido es de Lena Esquenazi y Rosa María Oliart; la dirección de arte, de Matías Tikas; la música de Felipe Pérez Santiago y Camilo Froideval, y la animación, de Ignacio Gorfinkel.

 
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