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The House I Live In, de Eugene Jarecki, compite en el festival de cine de Sundance

Guerra contra las drogas en EU, sistema para hostigar a minorías

Asociaron el opio con los chinos, la mariguana con los mexicanos y la cocaína con los afroestadunidenses, para hacer creer que son una amenaza, afirma el cineasta

Esta lucha ha costado billones de dólares, 45 millones de arrestos, y la venta sigue; es un fracaso, señala

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The House I Live In muestra que las drogas en Estados Unidos no siempre fueron un problema. En la imagen, plantío de amapolas hallado en la sierra sinaloenseFoto Reuters
 
Periódico La Jornada
Martes 24 de enero de 2012, p. 9

Park City, EU, 23 de enero. La guerra contra las drogas, lanzada hace 40 años por Estados Unidos, apunta menos a la salud pública y más a perseguir a los grupos considerados peligrosos para la sociedad, sostiene un documental presentado el fin de semana en el festival de cine de Sudance.

The House I Live In (La casa en la que vivo), del estadunidense Eugene Jarecki, ganador del Gran Premio del Jurado en Sudance en 2005, compite en este festival de cine independiente, que se extiende hasta el 29 de enero en Park City, Utah.

La guerra contra las drogas, frase acuñada por el presidente Richard Nixon, fue lanzada en 1971, y se traduce en un despliegue sin precedente de las fuerzas de seguridad, encargadas de erradicar al enemigo público número uno del país.

En 40 años, esta guerra ha costado billones de dólares y provocó 45 millones de arrestos, sin reducir el suministro, venta o consumo de drogas. Un fracaso total, afirmó Jarecki.

Para este cineasta, la guerra contra las drogas es una de las tragedias de la justicia penal estadunidense. Uno descubre que las raíces de esta tragedia son mucho más profundas de lo que se había imaginado.

La película, que aborda el problema de las drogas en todos sus aspectos y actores –distribuidores, consumidores, trabajadores sociales, policías, jueces y políticos–, también ofrece una perspectiva histórica sobre el tema.

Así, muestra que las drogas en Estados Unidos no siempre fueron un problema: en el siglo XIX, por ejemplo, fumar opio era legal. Y sus principales consumidores eran mujeres blancas de mediana edad.

Sin embargo, cuando California decidió legislar contra el opio, los únicos que terminaron presos fueron los chinos, usuarios regulares, pero no mayoritarios, observó Jarecki.

De hecho, no era una ley contra las drogas, sino contra un grupo de personas vinculadas con las drogas, añadió.

La droga en California –que albergaba la mayor comunidad chino-estadunidense– permitía meter en la cárcel a los trabajadores chinos, acusados de quedarse con el trabajo de los estadunidenses.

El mismo escenario se repitió luego con la mariguana –asociada con los mexicanos– y la cocaína. En el siglo XX la cocaína era aceptada y ampliamente utilizada por las clases medias y dirigentes antes de ser repentinamente asociada a los afroestadunidenses, señaló Jarecki.

La droga era el pretexto para hacer creer que esas personas eran una amenaza para la sociedad. Estados Unidos, a lo largo de su historia, ha utilizado las leyes antidrogas como instrumentos de persecución de las minorías vistas como amenaza al orden económico y social, afirmó el cineasta.

El fenómeno se amplificó aún más en el siglo XX con la aparición del crack. A escala federal, 90 por ciento de las personas inculpadas por casos de crack y cocaína son afroestadunidenses, aunque representan una minoría de los consumidores.

No es un accidente, es un sistema, dijo el realizador de documentales.

Un sistema en evolución, que ahora está más regido por una lógica de clase que de raza, porque el principal denominador común de los afectados por la guerra contra las drogas es que son pobres, apuntó Jarecki.

Pero el sistema es tan imperfecto que cada vez recibe más críticas, incluso de sus propios integrantes: un juez federal, obligado por la ley a condenar a 20 años de prisión a un joven afroestadunidense por la posesión de varios gramos de metanfetamina, manifiesta su inconformidad en el documental: Las leyes que debo aplicar son injustas y no las apruebo, dice frente a la cámara.