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Habría sido envenenado con una sobredosis de dipirona, dice el jurista Eduardo Contreras

Los militares no podían permitirse que Neruda liderara la resistencia democrática

La exhumación de los restos del Nobel chileno se efectuará en la primera quincena de abril

 
Periódico La Jornada
Viernes 15 de marzo de 2013, p. 5

Santiago de Chile, 14 de marzo.

El poeta y Nobel de Literatura chileno Pablo Neruda (1904-1973) fue presumiblemente envenenado con una sobredosis de dipirona para evitar que encabezara la oposición a la dictadura militar de Augusto Pinochet, sostuvo hoy el abogado Eduardo Contreras, querellante del caso.

Neruda era sin duda un objetivo para Pinochet. Junto al presidente Salvador Allende y al cantante Víctor Jara, era símbolo del recién derrocado gobierno socialista, opinó el ex diputado.

Contreras, quien ha procesado a cientos de represores en Chile, aseveró que los militares “no podían permitirse que Neruda liderara la resistencia democrática desde México, donde pensaba exiliarse.

Hay un conjunto de indicios y sospechas que hace razonable presumir una probable intervención de terceros en su muerte, ahondó el jurista, quien pidió la exhumación del cádaver del escritor. Ésta tendrá lugar en la primera quincena de abril.

Entre las contradicciones del caso, citó la desaparición de la ficha médica del escritor y la ausencia de un listado completo de los trabajadores de la Clínica Santa María.

En dicho centro médico falleció además en 1982 el ex presidente demócrata cristiano Eduardo Frei, en principio envenenado con gas mostaza y toxina botulímica, como revelan investigaciones judiciales.

¿Qué se le inyectó?

En el caso de Neruda, Eduardo Contreras enfatizó que el diagnóstico de caquexia, un estado casi vegetal asociado al cáncer, es contradictorio con la actividad del poeta en ese tiempo.

Hay varios testigos importantes, entre ellos el entonces embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, que estuvieron con Neruda hasta muy poco antes de su muerte y que señalan que estaba vital, insistió Contreras.

El jurista, para respaldar sus palabras, ahonda que los pocos medios que podían circular en los primeros días del régimen militar también hablan de un fallecimiento asociado a una inyección.

¿Qué se le inyectó? Al parecer dipirona (un fármaco también conocido como metamizol, que se utiliza como analgésico, entre otros usos), con la excusa de calmar sus dolores, se respondió el abogado, quien en el pasado interpuso cientos de querellas contra Pinochet.

Respecto de la exhumación prevista para abril, Contreras dijo: “se espera que con la actual tecnología sea posible detectar, pese al tiempo trascurrido y la proximidad al mar, la existencia de tóxicos en los restos de Neruda.

Para eso actuará un excelente equipo de expertos, nacionales y extranjeros, y se enviarán muestras a los laboratorios de mayor calidad en el exterior, sin perjuicio de lo que se haga en Chile, detalló.

“Durante años aceptamos inocentemente lo de la muerte por un cáncer que, efectivamente, padecía. Agravado además por el daño moral causado por el genocidio.

La aparición de un testigo, Manuel Araya, y las demás señales son demasiado serias y, ante eso, nuestro deber ineludible es exigir a los poderes del Estado el esclarecimiento de su muerte.

Neruda, de militancia comunista, respaldó el gobierno socialista de Allende (1970-1973).

Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 planeó su salida a México.