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Dinámica económica de México: la tercera
U

na mala noticia económica de nuestros vecinos. Luego de 12 meses de crecimiento anual cada vez menor, en octubre pasado la producción industrial estadunidense registró un decrecimiento. Y es muy probable –al observar la dinámica industrial anterior– que tarde unos 10 a 12 meses en recuperar crecimientos positivos. Siempre, respecto del mismo mes del año anterior. Esto se traduciría en el reinicio –hasta 2021– de un comportamiento virtuoso de la producción industrial estadunidense y –dado nuestro estrechísimo vínculo con el ciclo industrial vecino– en una probable recuperación del crecimiento hasta los primeros trimestres de ese año.

Ahora bien, si centramos nuestra atención en la evolución reciente de la inversión en México, ese reinicio –por lo demás moderado por las limitaciones del ahorro interno– dependerá del fortalecimiento de la inversión. Actualmente, con un componente de 80 por ciento privado y 20 por ciento público. Pero recordemos: desde el tercer trimestre de 2016 –sólo con excepción de los trimestres segundo y tercero de 2018– la formación bruta de capital ha caído. Un crecimiento sostenido del producto interno bruto superior a 2 por ciento exigiría un crecimiento similarmente sostenido –incluso mayor– de la inversión.

A su vez, esto implicaría una recuperación sólida tanto de la inversión pública como de la privada. En los últimos, ambos componentes se han retraído y han mostrado debilidad excesiva y comportamiento errático y volátil. ¿Cuáles son las razones? En la historia del debate económico hay múltiples respuestas, sustentadas en visiones teóricas alternativas. En el terreno del pensamiento económico crítico, la razón fundamental de la retracción es el descenso de la rentabilidad general de la economía. Y ésta, a su vez, se explica en lo fundamental por la sobreacumulación de activos, productivos e improductivos.

El ciclo económico estadunidense es incuestionable muestra de esta tendencia. Actualmente –por ejemplo, a pesar del comportamiento industrial regresivo–, desde agosto de 2010 no deja de crecer la instalación de activos industriales. Incluso, con tasas crecientes en el momento en que la producción industrial ha tendido no sólo a crecer cada vez más lentamente, sino a descender. Se trata de uno de los mayores absurdos económicos actuales y se muestra en una capacidad utilizada cada vez menor. Y, consecuentemente, en una tendencia a la disminución de la rentabilidad general de la economía y en una retracción de la inversión, como se puede mostrar no sólo en Estados Unidos, sino en México mismo.

En una perspectiva crítica, comenta el profesor universitario argentino Rolando Astarita ( Valor, mercado mundial y globalización, de ediciones Cooperativas). El giro de la prosperidad a la depresión está determinado por el estancamiento y descenso de las ganancias y la tasa de ganancia. A ello sigue la caída de la inversión. Y, con ella, de la actividad económica y del empleo.

Bueno, lo cierto es que el volumen global de recursos de inversión que exigiría anualmente en México esa recuperación sostenida de la economía equivale a no menos de 270 mil millones de dólares. Idealmente, 300 mil. Cada año. No menos de 240 mil millones por la inversión privada y también no menos de 60 mil millones de dólares por inversión pública. Y eso, sin duda, tiene sus dificultades. Lo veremos. De veras.