Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 23 de diciembre de 2001
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Espectáculos
06an1esp Ť Después de Los Tigres del Norte, es el grupo norteño más importante del país

La empresa familiar Los Huracanes del Norte celebra su 30 aniversario

Ť Son los iniciadores de los narcocorridos; ahora, su repertorio va de lo romántico a lo chusco

ARTURO CRUZ BARCENAS ENVIADO

Houston, Texas/Tanganzicuaro, Mich. Con 30 años de trayectoria, de andar en troca -su empresa posee 48 vehículos, unos ocho tráileres- por Estados Unidos y México, Los Huracanes del Norte es uno de los grupos de música norteña más sólidos, comparables sólo con Los Tigres del Norte. Por semana, los oriundos de Tanganzícuaro tocan, mínimo, tres veces. Los empleados suman ya más de 50, pero todos, incluido el hijo del líder, Eraclio García, del mismo nombre, le entra a la cargada de bocinas, fuentes de poder, de "los fierros". "No pierdas nunca la humildad", recomienda Eraclio a su vástago, a sus hermanos, a sus amigos y empleados.

huracanes-3Con ellos, en un recorrido por las carreteras de Texas y Michoacán, cantando varias de sus máximas composiciones, como Soy troquero y me gusta ser borracho y Suburban dorada, los kilómetros van consumiendo el paisaje. El grupero viaja mucho, de pueblo en pueblo y de urbe en urbe; lo mismo se entrega al público de un night-club que de un parque con cabida para 50 mil personas.

Tienen oficinas en México, Nuevo México y Los Angeles. Afirman que la única industria que no está en crisis es la del entretenimiento. "Ni con Bin Laden nos han detenido", puntualiza Eraclio. Aún recuerdan sus inicios, con narcocorridos como El gato de Chihuahua, 911, Los dos colombianos, El clavo y Entre pase y pase. Las anécdotas familiares remiten a carencias, a la pobreza extrema. Un ejemplo: un día llegó su papá; llamó a los hermanos García. Les puso los pies sobre un frío neumático. Moldeó la forma del pie. Cortó cada parte. Izquierda y derecha. Con una cinta acabó lo que serían los huaraches. Chuy, otro huracán, recuerda cómo en medio de la lluvia, del fango, se quitó los huarachitos, para no ensuciarlos. Por el amor a su padre.

Hoy, después de todo eso, quedan los corridos, que para Eraclio son historias rústicas y emocionantes, fruto de la ficción popular, con leyendas sobre héroes, gente valiente y atrevida, que mueren por su tierra y pelean por su gente. Los Huracanes fueron de los primeros en interpretar "corridos prohibidos", que hablan de trabajar en contra de la ley, burlándola para traficar con droga. Otros, muchos, han seguido sus pasos.

Por eso han cambiado a las canciones (así se llama en lo grupero a lo que no es corrido), abarcando temas chuscos, como El dormilón y El perro de tu marido, y lo romántico, como Falsas ilusiones.

Cantan en español porque consideran a su idioma como "toda una cultura, una forma histórica de interpretar la vida, la felicidad, el sufrimiento". Hoy están en un periodo de cambio. Ha salido Alejandro Wico López, a quien ha sustituido el hijo de Eraclio, y José Luis Mejía, de apodo Chapete, quien le retumba al acordeón.

En Houston

A los cientos de bailes masivos en parques o plazas de México y Estados Unidos, así como a los night-clubs o salones de menor capacidad, ahora se suman las discos gruperas, donde los diyéis ponen a zapatear a la bola. "No hay diferencia entre un dj de dance, de música para morenos (negros) o ésta; el chiste es conocer la música y poner a bailar a la gente hasta que se canse", expresó Héctor Ramírez, tornamesista originario de Dallas con diez años de experiencia.

Es jueves y miles se dirigen a la inauguración de una más de las discos: Escapade 2001, en Houston, cuyo lema mercadotécnico es "Donde manda la raza". Es la quinta de la cadena y para hacerla realidad el dueño, un iraní, ha invertido 12 millones de dólares.

"Solamente las luces ?un moderno sistema operado con computadoras? costaron un millón", agrega el dj. En la cabina destacan las marcas Ashly, Power System y otras. Sobre la pista central penden cinco grandes aros que se inclinan a voluntad del operador, quien los hace bailar al compás de la música.

La ocasión es importante y para la apertura el árabe ha contratado al grupo Los Huracanes del Norte, que tiene aquí y en otros estados, como Chicago y California, sus plazas fuertes. El estacionamiento está casi lleno alrededor de las diez de la noche y una larga fila de automotores espera turno sobre la lateral. No habrá problema para estacionarse. Las autoridades gringas exigen que haya espacio para parquear el coche. Que haya seguridad, tomas de agua, salidas de emergencia... De hecho, adentro, la alfombra es contra fuego; las colillas de los cigarros, aun encendidas, no generan lumbre. Nada de Lobohombos.

En el piso de arriba se ha colocado una red para evitar que algún ranchero se aloque y aviente la botella sobre los de abajo. "Estos gringos piensan en todo y saben que la raza es cabrona cuando ya está cuete", comentó Agustín Montoya, periodista y responsable de prensa de Los Huracanes.

Mientras la concurrencia espera la llegada del grupo, el diyéi se revienta con una serie de sampleos y rechinidos. Pone de Los Tigres del Norte, de Tigrillos, de Los Tucanes, de Ramón Ayala. Las parejas bailan a lo texano, taloneando duro y alzando el tacón. El sombrero reclinado, cubriendo las cejas, para verse bien panteras.

Un texanillo aprieta de la cintura a su morra y casi la quiebra. Sólo la dobla. Le mete la rodilla izquierda hasta el mero tiro del pantalón. El baile es faje y antesala de la batalla final, que se dará más tarde. Las decenas de parejas avanzan de izquierda a derecha y entre canción y canción dan varias vueltas a la pista.

Ya es la madrugada del viernes, media hora después de la media noche. Suben Los Huracanes, la familia García, algunos ya con ciudadanía estadunidense. Tocan y los vientos huracanados golpean hasta casi las tres de la mañana. Las rolas, la nostalgia por México, el cansancio por el trabajo duro, amores frustrados, la certeza de saberse en una tierra que no es de ellos, todo eso junto pega en el ánimo de los gruperos, quienes de repente se enojan y se rebelan y se pelean contra otros mexicanos, que en el fondo son ellos mismos, su espejo.

Mientras algunos se pelean, Los Huracanes instan a bailar y cantar. Piden calma, pero entienden al mexicano que ha ido ahora a esa disco grupera ubicada a unos 15 minutos del downtown sobre la freeway.

Fiesta familiar

En unos peroles ya están listas las carnitas; en las mesas ya se distribuyeron los chicharrones. Se han repartido botellas de tequila. Comienza la entrega de aguinaldo. "Ustedes están felices, pero para mí es uno de los días más tristes, porque tengo que pagarles", bromeó Eraclio. Obsequian Los Huracanes su respectiva chamarra a cada trabajador. De un sonido local salen norteñas y rancheras, cumbias; nada de tecno o rock.

Llegan las familias al huateque; varias con niños, los futuros huracanes. Saludan a Eraclio como en películas de Don Corleone. Nada más lejano. La fiesta, los baños en cerveza se suceden. Cerca, Camécuaro es un paraíso que no han descubierto las hordas contaminantes. Ojalá lo conserven. Su lago es bellísimo, alimentado por un ojo de agua.

Las viejas ven a los García y aplauden. Llega una banda a animar el festejo. Todos bailan. Ya el trago ha hecho sus efectos. Es el fin de un año de logros de Los Huracanes. El próximo es de retos. En dos o tres años saldrán Eraclio y Pancho; seguirán otros el trabajo familiar, el desarrollo de la empresa Huracanes, Inc.

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