Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 10 de febrero de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  La Jornada de Oriente
  Correo Electrónico
  Busquedas
  >

Cultura
Entrevista con Patrice Chéreau, director de Intimidad; la cinta ya se exhibe en México

"Me interesa lo que tiende a destruir la familia"

El largometraje está basado en ''una novela cruel y dura acerca de la desilusión''

YANN TOBIN Y CLAIRE VASSE

El cineasta francés Patrice Chéreau acepta que Intimidad refleja cierta serenidad en su dirección, aunque reconoce que habría podido no ser así: ''cuando se está en edición, puede uno volver la película más caótica o más serena; si editamos bien lo filmado entonces aparece algo que es la película. Durante el rodaje yo no tenía esa impresión de serenidad. Pensaba que estaba echando a perder la cinta. Tenía miedo de no poder hacerla''.

Intimidad, acerca del nacimiento de una pareja que acordó reunirse cada miércoles únicamente para tener sexo, sin la posibilidad de compromiso afectivo, se exhibe desde anteayer en salas del país. Con ese trabajo Patrice Chéreau se hizo acreedor al Oso de Oro en la pasada versión de la Berlinale.

-¿Cómo surgió la idea de Intimidad?

-Leí Intimidad, de Hanif Kureishi, antes de la salida de Quienes me quieran tomarán el tren, en ese periodo extraño en que uno está más permeable, más accesible a otros proyectos. Conocía bien el trabajo de Hanif y lo admiraba mucho. Llamé a Christian Bourgeois, su editor en Francia, quien me proporcionó su teléfono, y a la semana siguiente ya estaba en Londres. Intimidad es una novela cruel y dura sobre la desilusión, una suerte de monólogo inaudito de alguien que en una noche abandona a sus hijos y a su mujer para hacer el balance de su vida. Como yo sabía que justamente eso le había ocurrido a Hanif Kureishi, me gustó ese impudor increíble del que no se salva ni él mismo. El relato es, sin embargo, también muy duro para la mujer. Por lo general a las mujeres no les gusta mucho ese libro. A mí me fascinaba el enigma que encierra: ¿cómo puede uno abandonar así a su mujer y a sus hijos? Siempre me ha interesado lo que tiene tendencia a destruir a la familia... Ciertamente me parece que una familia es algo importante, pero no conozco una sola que realmente despierte el deseo de pertenecer a ella; una familia ideal de la que se pueda decir que es la fuente de la felicidad de todos.

-Sólo quedan sin embargo algunos restos de la novela en su película, a manera de flash-backs.

-Durante el trabajo me dije que era difícil adaptar esta novela que es totalmente cerebral, escrita en primera persona. Con mi coguionista, Anne-Louise Trividic, descubrimos otro relato suyo, Veilleuse, que es la historia de un hombre que ha abandonado a su esposa -a la manera de Intimidad- y que mantiene una relación silenciosa con otra mujer; ella viene a visitarlo una vez por semana only for sex, como dicen los ingleses. Es un relato extraordinario, con una sensación de esperanza de alguien que ha vuelto a la vida. Apostamos a que este relato nos daría la clave para abrir la puerta de la novela.

-Contrariamente a sus películas anteriores, aquí se sacrifica la forma coral a favor de un relato más minimalista.

-Me gustan las estructuras complejas donde hay varias historias. Esto tiene que ver más con la novela o el folletín que con el cine. Para Intimidad quise ver si era capaz de hacer una película con muy poca gente. Con todo, hay a final de cuentas dos historias: la del relato y la de la novela. No habría podido yo funcionar con una sola.

-Intimidad deja la impresión de una libertad mayor, de mayor equilibrio y dominio del lenguaje cinematográfico. Una suerte de serenidad en la dirección.

-¡Tanto mejor! Yo también tuve esa impresión al ver la cinta. E incluso antes, durante el montaje: es por otro lado lo que me orientó. Cuando uno está en edición, puede uno volver la película más caótica o más serena, tenemos el pie sobre el freno o sobre el acelerador. Si editamos bien lo filmado, entonces aparece algo que es la película. Durante el rodaje yo no tenía esa impresión de serenidad. Pensaba que estaba echando a perder la cinta. Tenía miedo de no poder hacerla. Tal vez eso se deba a que no estaba acostumbrado a filmar con tan poca gente. No podía hacer un gran espectáculo, e incluso me lo prohibía a mí. El error sería pensar que uno es bueno y contentarse con ello. Si eres verdaderamente bueno sobre la escena, no extraes de ello placer alguno. Eres bueno cuando estás en dificultades, cuando no tienes la impresión de ser bueno. De golpe luchas con una concentración extrema, tienes ganas de ir a lo esencial de lo que dan los actores. Quienes me quieran tomarán el tren era una cinta virtuosa porque siempre me sentí feliz haciéndola. Tenía la impresión de lograrla, lo cual es muy peligroso y a menudo un mal augurio. Intimidad es más serena, porque la hice en el dolor y en la incertidumbre. No me dio gusto hacerla, al menos durante las cuatro primeras semanas del rodaje.

Siempre aficionado

-¿Va mucho al cine?

-Desde siempre. ¡Antes jamás iba al teatro, siempre al cine! En un momento dado, fui al teatro, de modo profesional, para ver a los actores... Pero desde muy chico la forma de espectáculo que siempre he privilegiado son las películas. En mis años de liceo iba tres o cuatro veces por semana a la cinemateca de la calle Ulm. El teatro que hice durante veinte o treinta años se nutrió siempre del cine. Y sigo viendo películas. Me fascina la vitalidad del cine asiático. Pienso que tienen una relación con la imagen que no tuvimos o que ya no tenemos, y que ellos son capaces de reinventar. Me asombra la manera en que In the mood for love logra contactos con el cine de Antonioni. Me marcaron dos cintas de Tsai Ming Liang: El río y Los rebeldes del dios Neón. Y también Yi Yi y Kitano. Desde hace tiempo hay algo nuevo que surge en Asia: una fe en el cine. Me digo que todavía es posible contar historias en la pantalla, lo cual me parece primordial; no se trata sólo de volver hacer lo ya hecho.

Tomada parcialmente de la

revista francesa Positif (abril, 2001)

Traducción: Carlos Bonfil

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año