Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 10 de febrero de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  La Jornada de Oriente
  Correo Electrónico
  Busquedas
  >

Cultura

Bárbara Jacobs

Marco Perilli

El día en que conocimos a Marco Perilli se rompieron dos de las patas de una silla, pero la reunión transcurrió sin otro contratiempo, y estuvo más bien adornada con una buena conversación, como del pasado, en la que un tema llevaba al Lago de Garda, por ejemplo, en donde vivió el vistoso Gabriele d'Annunzio, muerto apenas unos años antes de la Segunda Guerra Mundial, pero después de haber invitado a comer a su casa, o Vittoriale, a Mussolini, el que aparte de haber sido quien se la regaló, para amansarlo hacia él, ignoro si en su calidad de huésped de honor, en ese atiborrado y oscuro domicilio, habrá tenido ocasión de ver la luz, los cipreses y las colinas a través de la única ventana descubierta y observado, como hice yo ahí, que la naturaleza viva, la de afuera, le podía deparar mayor placer estético, más grande, al menos, que la que le transmitía cuanto libro y objeto artístico lo rodeaba en el interior.

Cerca de ese lago en el norte de Italia vive Marco seis meses al año, escribiendo, traduciendo, editando la revista Auieo y los libros con el mismo pie de imprenta nombrado con las vocales usuales, sólo que en un orden trastocado, con el que Marco sin duda jugó hasta no encontrar en él la armonía correcta, ésa que lleva a un buen lector o a un buen melómano a tomar como la representación de la verdad. ƑO quién cree, después de oír la explicación que Marco da del nombre de su revista y editorial, explicación que suena al campaneo que hace emitir un músico mediante el uso del instrumento de percusión llamado triángulo, que la recitación adecuada de las vocales ha de ser la alfabética? Es más, Ƒcuál es el fundamento científico del orden alfabético como es?

A Marco Perilli le interesaría, me parece, formular las preguntas, infantiles, visionarias o metafísicas; pero, en cuanto a las respuestas, lo tienen sin cuidado. Perilli se fascina encendiendo un cerillo; pero acto seguido el cerillo y su fuego dejan de llamarle la atención. Son pan comido, como lo sería para él averiguar por qué o para qué encendió el cerillo, y cuántas y cuáles son las funciones variantes y posibles del fuego. La parábola de la Tijerilla agnóstica es prueba de lo que digo. Funciona; o, lo que es lo mismo, se enciende; pero, en qué sentido lo hace, importa poco, porque pueden ser muchos, por más que mi conclusión contradiga precisamente la definición de parábola o fábula, narraciones de las que, como es bien sabido, se deduce una enseñanza moral o una verdad importante, lo que la mano y la cabeza de Roberto Rébora y José Clemente Orozco F. corroboran a la línea.

Para Marco la cosa se reduce a que ilumina, aun si lo que ilumina resulta no ser nada. Así es él mismo, un iluminador, y no le corresponde a él definir lo que sea que ilumine. En su Moral de aparador, por ejemplo, ilumina la vida diaria, con Vlady de cristalizador adjunto. No sé bien si Perilli es poeta o compositor; pero sé que es feliz en un rincón de la página en blanco, o en los bordes, porque nunca la ocupa entera, o en los márgenes, por más luciente que sea su caligrafía. Parece una nota suelta en un pentagrama imaginario o tan entrado en el futuro que se ha convertido en enésimograma. En todo caso, esta base explicaría qué hace en ella esa nota suelta. No está suelta; lo que sucede es que el oído común no alcanza determinados beles, o unidades de intensidad sonora.

Ahora bien, cuanto he venido diciendo de Marco Perilli puede haber venido dando a quien lo hubiera estado escuchando una impresión equivocada de nuestro autor. Si esto es así, no sé a qué pueda deberse y, en todo caso, lo lamento. No hay nada que hacer para remediarlo, pues la suerte ha sido echada, por el Taller Ditoria, por Verdehalago, que publican a Marco; por Francesca Gargallo y Rosario Galo Moya, que lo traducen al español; por el Instituto Dante Alighieri en Coyoacán, México, donde Perilli enseña italiano seis meses al año. La suerte ha sido echada, digo, también por Isadora Duncan, capaz de oír y bailar con la nota suelta; o por Eleonora Duse, capaz de representar el fuego del cerillo.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año