Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 10 de febrero de 2002
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Espectáculos
ANDANZAS

Glass, las alas del espíritu

Colombia Moya

LARGAMENTE ANUNCIADO, EL maestro Philip Glass por fin se presentó en el Palacio de las Bellas Artes el miércoles 6 de febrero a las 20 horas en una secuencia de funciones que continuará diariamente hasta hoy, en el mismo recinto. Algo insólito y afortunado para un público que bien sabe lo que no hay que perderse.

SU FASCINANTE MUSICA adquiere perfiles trascendentales en el matrimonio de alma, corazón y vida con la imagen cinematográfica, misma a la que está dedicada esta serie de conciertos, encabezada por el gran compositor y el Philip Glass Ensemble bajo el título de Philip on film. Cinco películas han mostrado la portentosa relación de la música y la imagen en movimiento, en la que la creatividad, el talento y una asombrosa percepción del mundo y sus criaturas en manos de realizadores cinematográficos como Peter Greenaway, Godfrey Reggio, Shirin Neshat, Atom Egoyan y Michael Ronver son capaces de mostrarnos en las alas asombrosas de la música de Philip Glass.

CON AGUDISIMA MIRADA recogen las más recónditas expresiones de bestias y seres humanos en la obra Shorts, para transportarnos al corazón mismo del mundo prodigioso que habitamos y cómo, de manera implacable, una fuerza diabólica nos obliga a ir destruyendo las fuentes esenciales de la vida, la belleza derrotada de la naturaleza, la pureza virginal de la conciencia infantil allanada implacablemente por la televisión.

SI ESTA GENTE fuera marxista en su mejor época, tal vez no habría podido hacer una mejor y más serena y auténtica reflexión sobre el contenido, la dinámica el ritmo y el espacio del mundo que nos rodea y las graves implicaciones que nuestra condición indefensa, inerme y vulnerable producen en las más insospechadas regiones del planeta.

Espectáculo arrasador



LA PODEROSA BELLEZA de la música de Glass y de las imágenes cinematográficas que, paralelamente a la ejecución, se suceden en una gran pantalla en el escenario de nuestro máximo foro, hace volar nuestro espíritu en un vértigo inevitable de manera sobrecogedora, pues tanto en Shorts como en Powaqqatsi, con el aliento contenido y las entrañas estrujadas asistimos de lleno al espectáculo arrasador de la condición de la criatura humana en situaciones infrahumanas en las cuales posiblemente los esclavos faraónicos se ven pálidos ante la violencia del mundo de hoy.

EN PO-WAQ-QA-TSI, QUE en la antigua lengua hopi significa: powaq, hechicero, y qatsi, vida, lo que significaría "una identidad, o forma de vida que consume la energía de otros seres para continuar con la propia", el director Godfrey Reggio nos muestra de inmediato y sin preámbulos un hormiguero humano convertido en tamemes enlodados de pies a cabeza transportando la pesada carga que en un país sin nombre, tal vez Brasil, remontan la empinada ladera resbalosa y mortal, para apenas ganar un salario miserable, donde Dante tal vez no hubiera podido describir mejor el infierno de la tecnología. "El impacto de la sociedad tecnológica del hemisferio norte sobre las culturas tradicionales del hemisferio sur, es lo que quiso mostrarnos el señor Reggio y que condujo a Philip Glass a utilizar música regional de muchas partes del mundo dando como resultado un peculiar estilo de música". Millones y millones de criaturas convertidas en simples bestias de carga para consumir apenas unos granos y llenar el estómago del mundo, el poder.

UN SENTIMIENTO DE VERGÜENZA e impotencia irremediable parece invadir la conciencia de la gente, pues la genealogía de los bienes materiales, de nuestro pan y alimento, parecen haber sido amasados, creados y construidos con sangre y lodo; indiferencia y una repugnante impotencia de quienes para vivir, involuntariamente, debemos exprimir a seres humanos, aun desde la más tierna edad, dejando claramente de manifiesto que Po waq qatsi, el vampiro del mundo moderno y su sistema de vida es el clímax, la cumbre de todos los horrores de la humanidad, ahora refinados, corregidos y aumentados en su crueldad y violencia, porque sustrae el alma, el espíritu y la esperanza de los seres humanos y del planeta que habitamos.

CONTRASTA, SIN EMBARGO, la imagen poderosa, el glorioso himno de las imágenes de estas culturas doblegadas y explotadas, mancilladas, pero no vencidas. La fuerza de sus vidas, su color y sus pies descalzos aún golpeando la sagrada tierra en el rito ancestral de sus ceremonias y rituales, fiestas y regocijos para celebrar el sol, la cosecha, la vida de quienes evidentemente no necesitan el becerro de oro para celebrar el prodigio de la simple existencia en las tumbas-cárceles de calles estrechas y rascacielos apiñados, grises como lápidas, bajo el sordo cotorreo de las imágenes de la publicidad y sus productos, apenas vidrios y cuentas de colores. La celebración optimista y formidable de Reggio y Glass consuela nuestro corazón apachurrado, la sorda rabia de tanta injusticia y desazón, tanta ceguera y voracidad que parecen habernos robado la esperanza para siempre. Así pues, Philip Glass, como artista, con el cine, aunque también ha hecho mucha música para danza y es favorito de coreógrafos en el mundo actualmente, rebasa las fronteras de su especialidad para convertirse en un visionario, un filósofo; un hombre genial y humilde, con cara de sacerdote que percibe la fuerza, la belleza y la tragedia de esta pobre humanidad doliente. Hoy, Glass en Bellas Artes.

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