Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 13 de febrero de 2002
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Capital

Emilio Pradilla Cobos

Los retos del PRD

La elección de los órganos colegiados y unipersonales de dirección del PRD nacional, de los estados y del Distrito Federal, que tendrá lugar el 17 de marzo próximo, plantea retos políticos y organizativos cruciales para la vida futura de la mayor organización de la izquierda parlamentaria mexicana.

En lo político, el PRD enfrenta la necesidad estructural de formular un programa para el próximo periodo, que sintetice el proyecto de nación que propone a los mexicanos y combine aquellos planteamientos históricos que conservan toda su validez, así como las respuestas a los nuevos problemas nacionales y mundiales. En ese marco, deberá redefinir su línea política para el mediano plazo, con la cual enfrentará las diversas y cambiantes coyunturas.

En esta elección la disyuntiva se plantea entre las corrientes hoy unificadas que identifican la modernidad de la izquierda con "el diálogo y los acuerdos" con el régimen político heredado del pasado, con el gobierno conservador de Fox y el proyecto transexenal de inserción subordinada en la globalización neoliberal; y quienes consideran que el partido debe mantenerse en la oposición, combatiendo el proyecto político, económico, social y cultural de profundización del patrón de acumulación de capital a escala global, de subordinación a la potencia hegemónica del capitalismo mundial, desnacionalizador y empobrecedor de la mayoría, aplicado por los últimos gobiernos federales, incluido el actual. En la segunda opción, ser oposición de izquierda significa hacer propuestas de cambio económico, social, político y cultural profundo para el México de hoy y sus relaciones con el resto del mundo, pero manteniendo los principios esenciales y aprendiendo de las mejores tradiciones de lucha de la izquierda mundial, lo que dista mucho del pasado, pero también se separa del oportunismo y el pragmatismo conciliador.

Si la segunda opción gana la dirección, para lograr sus objetivos refundacionales tendrá que restaurar la práctica constante y rigurosa de la discusión político-programática, abandonando el pragmatismo y el empirismo que llegaron a adueñarse del partido, sus legisladores y gobernantes; también deberá recuperar el derecho a evaluar la práctica de quienes gobiernan en su nombre y, en su caso, criticarla o tomar distancia de ella, para no caer en la subordinación, no abdicar de su función partidaria, ni convertirse en apéndice de proyectos individuales, a la manera del viejo partido de Estado.

En una organización de izquierda que se pretenda democrática, pueden coexistir diferentes concepciones de la política que busquen dirigir al partido, pero su dirección debe expresar una línea política que marque el camino a sus militantes y lo identifique claramente ante la sociedad. Por ello, las "direcciones de unidad" formadas por acuerdo de cúpula como sumatoria amorfa de posiciones distintas sólo conducen al pragmatismo en la acción, al desorden y la contradicción en la práctica, y a la confusión de los ciudadanos cuyo apoyo se reclama.

En el ámbito organizativo también se plantea la disyuntiva entre dos posiciones: quienes quieren mantener un partido cerrado, organizado como federación de corrientes o grupos de interés permanentes, ligados a las bases por relaciones clientelares, que dirimen sus diferencias y eligen a sus representantes mediante el sistema aritmético de las cuotas por grupos; y quienes tratan de reconstruir al PRD como partido abierto a la sociedad, en particular a los oprimidos por el autoritarismo y empobrecidos por el capitalismo y el neoliberalismo, sus movimientos y organizaciones sociales, y en el cual se mantenga el debate político abierto y se formen tendencias cuando esté en juego la dirección política y la posición políticamente mayoritaria pueda ejercer la dirección con procedimientos democráticos. La línea divisoria entre estas dos posturas no es la misma que en lo político; el clientelismo y los grupos de interés heredados de la cultura del viejo régimen han penetrado profundamente toda la estructura partidaria. El PRD en el Distrito Federal es buen ejemplo de esta contradicción y, por tanto, de la inestabilidad de las alianzas políticas internas en el futuro.

Por lo anterior, el deseable triunfo de la corriente que se plantea la refundación y la regeneración del PRD, encabezada por Rosario Robles, abrirá la puerta a un largo y difícil proceso interno de transformación que no puede ni debe ser subsumido o relegado por las urgencias electorales, las premuras coyunturales o las escaramuzas de quienes gobiernan a su nombre. La cultura política modelada por el viejo régimen priísta ha calado hondo en la conciencia de los mexicanos y sus prácticas políticas, y se acentúa en las situaciones de crisis, incertidumbre y escasez. Todo lo anterior es particularmente cierto en el PRD-DF, el más importante núcleo estatal.

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