Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 13 de febrero de 2002
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Cultura

Javier Aranda Luna

Los poetas de Carlos Pellicer

Gabriel Zaid lo advirtió hace tiempo: la estupenda obra de Carlos Pellicer era un fracaso editorial. Los frutos de ese descuido, que en los últimos años se ha buscado corregir, todavía los padecemos: sus poemas aún son insuficientemente conocidos. ƑImporta? Claro: si no conocemos a uno de los mejores poetas del siglo XX mexicano nos conformaremos, como sociedad, con muchos nuevos poetas con faltas de lenguaje. Pellicer, por cierto, no leía a poetas con faltas de puntuación. Sabía que muchas veces el abuso del verso libre servía para disimular la torpeza.

El próximo sábado se cumplirán 25 años de la desaparición del poeta tabasqueño, que murió el 16 de febrero de 1977 a las 11:35 horas. Como persona y como escritor, Pellicer fue un personaje atípico: su círculo literario más cercano, el grupo Contemporáneos, le fue, por temperamento y apuesta literaria, realmente ajeno. No compartió el afrancesamiento de varios de sus miembros. Tampoco las ideas políticas de algunos de ellos.

Pellicer fue un vasconcelista que padeció, de muy joven, la cárcel y el simulacro de varias ejecuciones por la lealtad a sus ideas. Creyó en el sueño bolivariano e incluyó en el santoral laico del que dan fe sus poemas al Che Guevara, Cuauhtémoc, y José Martí . Pero sería injusto de mi parte no mencionar, en ese santoral laico, a tres poetas que frecuentó como un devoto y agradecido lector. Me refiero a Ramón López Velarde (a quien dedicó su primer libro), Salvador Díaz Mirón (ese gran poeta olvidado como le dijo) y Rubén Darío.

Para Carlos Pellicer el escritor Rubén Darío fue un poeta fundamental. A tal grado que si bien el escritor tabasqueño no se convirtió en el introductor del poema moderno en nuestro país (lugar que corresponde a Ramón López Velarde y a José Juan Tablada) sí fue, en opinión de Octavio Paz, el primer poeta realmente moderno en México.

Según Pellicer, según Xavier Villaurrutia, la poesía ha sido el viaje alrededor del mundo, en vez "del viaje alrededor de nuestra alcoba". Antes de él la poesía mexicana se reducía "a los contornos suaves y grises de la altiplanicie y a las vespertinas doradas arenas que hicieron un solo medio tono de nuestra lírica". Villaurrutia no mentía: el autor de Piedra de sacrificios, cualquiera puede comprobarlo, está lleno de selvas, de soles, de insectos; en sus versos suena el tambor del viento y el golpeteo de la lluvia; aparecen paisajes de América y oriente. Y en esas geografías la palabra es imagen, es color, vibra porque el verso es un "elemento sonoro cuya individualidad no puede negarse". La poesía "es la marea de las palabras que de pronto van subiendo hasta la boca".

No es casual que, para definir la poesía, Pellicer la definiera como una marea de palabras. No lo es porque su primer encuentro con el mar fue uno de los acontecimientos más importantes de su vida, como le confió a otro poeta: José Carlos Becerra. Su madre lo llevó cuando él tenía apenas cinco años. Por eso el mar es un elemento que atraviesa buena parte de su obra.

Poeta sensual, como una forma de acercarnos al mundo, pareciera que el mundo, la naturaleza, lo hechizó. Su apuesta poética fue, para Jaime Torres Bodet una "apoteosis salvaje de los sentidos". En su poesía todo crece como la selva, se desborda. Por eso, según su amigo José Gorostiza, Carlos Pellicer pertenece a la estirpe de los exagerados, en su obra "hay un tratado de desmesura.

El poeta, militante antiimperialista, luchador de las causas perdidas, descendiente de Lugones, Darío, Díaz Mirón, el bolivariano Carlos Pellicer que se valió por igual de la grandilocuencia y el humor, aún aguarda nuevos lectores. Hace falta una antología que nos invite a su obra, una antología que él habría hecho con 14 versos (eso lo dijo en 1971), y que otros podríamos elaborar con poemas como ''Estudio" (de Colores en el mar), la "Oda a Salvador Novo", "Dúos marinos" , el "Discurso por las flores", "He olvidado mi nombre" y, entre otros, "Esquemas para una oda tropical", poema inconcluso que se encuentra entre los mejores de nuestra tradición poética.

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