Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Miércoles 13 de febrero de 2002
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Espectáculos

LEONARDO GARCIA TSAO, ENVIADO

Un día de mentes en peligro

Berlin, 12 de febrero. Por fin brilló el sol sobre Berlín y, al mismo tiempo, apareció un par de películas dignas en la sección oficial, emparentadas por tratar sobre personas reales afectadas por enfermedades mentales incurables. La británica Iris, dirigida por Richard Eyre, es en esencia la historia de amor entre la escritora Iris Murdoch y John Bayley, su pareja de toda la vida; ya en los noventa la mente de la otrora inteligente mujer se deteriora por efecto de la enfermedad de Alzheimer, mientras su esposo se ve incapaz de ayudarla. Director de teatro y de varios telefilmes para la tv inglesa, Eyre retrata la dolorosa pérdida de Bayley a través de varios elementos recurrentes -la importancia del agua, el canto o el sexo en la personalidad de Murdoch- y no en la documentación clínica de la enfermedad.

Por su parte, Ron Howard sorprende en la primera parte de A beautiful mind (Una mente brillante) porque muestra una rara voluntad por ser ambiguo. La cinta narra la carrera del matemático John Forbes Nash, quien obtuvo el premio Nobel a pesar de sufrir esquizofrenia. El guión de Akiva Goldsman ha encontrado una manera inquietante de expresar el mal de su protagonista, quien vive una intriga de espionaje tan secreta que nadie parece saber de su existencia. Sin embargo, la película no sigue por ese camino en su prolongada parte final y acaba sucumbiendo al tono edificante, al enaltecimiento de "Mi esquizofrénico inolvidable", a pesar del sutil desempeño de Russell Crowe.

Una mente brillante no aspira a premios porque se exhibe fuera de concurso. Pero Iris ya sitúa a Judi Dench en la delantera para el Oso de Plata a mejor actriz, pues es tradición que las interpretaciones de incapacitados resulten muy atractivas para los jurados. Aunque el trabajo de Dench es impecable, como es su costumbre, la actuación realmente conmovedora corre a cargo de Jim Broadbent, quien interpreta a Bayley como un hombre tímido y al mismo tiempo apasionado.

En la tercera película del día, el único deficiente es el alemán Andreas Dresen, quien en Halbe Treppe ha dirigido una teórica comedia de parejas insatisfechas en la que es evidente la evocación de Woody Allen. Pero entre el humor de un judío neoyorquino y el de un alemán criado en la Alemania Oriental media un abismo. Lo peor de la cinta es su pobre calidad de imagen, por estar mal filmada en video. Si bien la tecnología digital tiene la ventaja enorme de abaratar costos, al mismo tiempo amenaza con poner una cámara en la mano de cualquier mamarracho, susceptible de filmar un largometraje y ser seleccionado para un festival internacional.

No es que quiera uno ser un huésped descortés pero quizás al anterior director de la Berlinale, Moritz de Hadeln, le asistía la razón cuando limitaba el número de películas alemanas en concurso. Ya se han proyectado tres de las cuatro y aún no hemos visto ningún signo de recuperación.

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