Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 18 de febrero de 2002
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Toros en Michoacán

Lumbrera Chico

Mientras el joven Lázaro Cárdenas Batel asumía el cargo de gobernador constitucional de Michoacán en Morelia, no lejos de allí, en Zitácuaro, se registraba un lleno hasta las lámparas en la recién inaugurada plaza de toros Eloy Cavazos, en una corrida de la feria local, en la que el rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza dio muerte a dos "arrogantes" (léase esmirriados y mansos) astados del hierro de Gonzalo Vega.

Lejos, en todo sentido, de la Monumental Plaza Muerta, Hermoso de Mendoza, o "don Pablo", como le llaman sus admiradores incondicionales, hizo lo que sabe: dio una exhibición portentosa de su dominio de los corceles, caracoleó, citó al quiebro, galopó con los rebanados pitones de la bestia cosidos al vientre de su cabalgadura y, para no variar o desvariar, mató a sus dos enemigos de tremendos bajonazos para obligarlos a vomitar hasta los hígados y rodar sin puntilla. Era los previsible y, al pie de la letra, la expectativa se cumplió.

Pero eso era de lo de menos. Lo sorprendente, en el más agradable de los sentidos, fue la actuación de Angel García El Chaval, quien a pesar de lo duro que le han pegado los toros y de lo mal que lo han tratado en las plazas controladas monopólicamente por la mafia de Rafael Herrerías (el enterrador de la Plaza Muerta), sigue trabajando con ahínco, arrimándose, corriendo la mano y desarrollando el estilo y la entrega que le caracterizan. Remador contra la corriente, a pesar de los pesares, El Chaval parece a punto de cuajar como una sólida e interesante figura de los ruedos.

Pero si Michoacán estrenó gobernador de lujo, Zitácuaro se inscribió en el circuito de las plazas de toros del interior del país que pueden generar y regenerar la fiesta. Inaugurada el pasado primero de febrero, en una corrida con toros de Arturo Huerta (mansos y de poco trapío, como es costumbre de este hierro), la Eloy Cavazos tuvo el "privilegio" de iniciar su ojalá fructífera y prolongada historia teniendo como padrino al ratonero mayor de la República Mexicana, el mismísimo Eloy Cavazos, que desde luego, cortó las dos orejas de su primero y las dos y el rabo de su segundo, mientras Rodrigo Santos daba una nueva muestra de su buena monta y su mala ejecución con los rejones.

En el comienzo de la era perredista de Michoacán, la Eloy Cavazos cogió el impulso definitivo que le permitió entrar en funciones, gracias a la tenacidad del nuevo presidente municipal de Zitácuaro, el ex diputado federal Silvano Aureoles Conejo, que en buena hora pidió licencia al Congreso de la Unión para hacer campaña a favor del joven Lázaro y de él mismo en su lugar de origen.

Con este nuevo coso, Michoacán cuenta ya con dos plazas de importancia: el Palacio del Arte en Morelia (o del ate, como diría aquél) y la Eloy Cavazos en Zitácuaro. Para una entidad tan dominada por la desdicha y el abandono, pero repleta de afición, como lo prueban sus innumerables redondeles en tantos municipios, esta doble base de lanzamiento puede engendrar grandes cosas. Ojalá que el nuevo gobernador, a diferencia del jefe de Gobierno del Distrito Federal, se esmere en hacer de la fiesta brava en su tierra algo digno y respetable. Por falta de afición, a fin de cuentas, no quedará.

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