Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 24 de febrero de 2002
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Contra

MAR DE HISTORIAS

Regreso a la oscuridad

CRISTINA PACHECO

Demetrio aparece en la estancia con una escalera plegable echada al hombro. Al verlo, Nieves deja de ordenar el trinchador y va al encuentro de su marido:

-ƑY eso?

Demetrio no le responde ni la mira. Jadea mientras planta la escalera a mitad de la sala, bajo el candil en forma de estrella. Sus prismas tintinean al mínimo soplo de aire y a los primeros movimientos sísmicos. Ante el silencio de su marido, Nieves insiste:

-ƑQué haces?

-Voy a arreglar esto-. Demetrio observa el candil.

-No te apures: ya le cambié los focos fundidos-. Nieves suspira satisfecha: -Probé los nuevos y funcionan bien.

Desde lo alto de la escalera Demetrio fulmina a Nieves con la mirada. Enseguida, con movimientos precisos, el hombre afloja el primer foco. Antes de metérselo en el bolsillo posterior del pantalón comprueba su potencia:

-Ya me lo imaginaba: cien watts, ni más ni menos.

-No lo quites. Ya te dije que está nuevo-. Nieves se ensombrece cuando ve a Demetrio repetir el procedimiento con el segundo foco. -ƑQué, no me oíste? Todos prenden bien.

-šCáchala! -grita Demetrio al tiempo que arroja la bombilla. Cuando sólo quedan dos focos en el candil, Demetrio baja, dobla la escalera, se la echa al hombro y se dirige a la azotehuela.

Desconcertada, Nieves va tras su marido.

-ƑPor qué hiciste eso?

-Porque con dos focos es suficiente-. Demetrio arrincona la escalera y vuelve a la estancia sin prestar atención a la inquietud de su mujer: -Guarda los demás. Siempre hacen falta.

Nieves se detiene bajo el candil tuerto:

-Se ve horrible, así no luce.

-Ni modo.

-ƑQuién te entiende? -Nieves parpadea: -ƑNo te acuerdas de que lo elegiste porque iluminaba bonito?

-Pero entonces no sabía que iban a subirnos la luz al doble.

-Ah, es por eso-. Nieves oprime el apagador: -Así ni alumbra. Al menos yo, no veo nada.

-Pues compra unas velas.

-Ni que estuviéramos en el rancho.

-Antes decías que te encantaban, que eran muy románticas.

-Sí, muy románticas en ratitos, pero no cuando me siento en la sala a tejer mis colchas. Trabajo acá precisamente porque la luz es muy buena. ƑQuieres que me quede ciega? -Nieves interpreta el silencio de su marido: -Con tal de ahorrar, no te importaría.

-ƑQué es ese ruido?

-La lavadora. ƑQué más va a ser?

-Por cierto, Ƒcuántos días a la semana la pones?

-De cajón, lunes y jueves. Sale muchísima ropa.

-Pues de ahora en adelante procura lavarla toda el lunes.

-Ni sabes lo que estás diciendo-. Nieves habla con suficiencia: -Nomás con tus overoles, los uniformes y los pantalones de tus hijos me llevo una lavada completa. La ropa chica va aparte.

-ƑNo podrías tallarla en el lavadero? -Demetrio rehúye la mirada rencorosa de su mujer: -No me veas así: yo no aumenté las tarifas.

-Yo tampoco, pero voy a ser la amolada.

-Pues reclámale al gobierno y no a mí.

-De seguro me va a hacer mucho caso.

-No discutamos. Tenemos que racionalizar el gasto. Si ya me pesan los seiscientos que estoy pagando, Ƒte imaginas el doble?

-Cómo no voy a imaginármelo, si te la pasas quejándote por lo mismo. Todo lo que compro para la casa te parece carísimo. Pero Ƒqué tal cuando se trata de cambiarle los rines a tu coche? Hasta parece que te estoy oyendo-. Nieves imita la voz de su esposo: -"Mi vida, los conseguí regalados y además están preciosos".

-Deja de fregar. Ya cállate.

-No me callo y no me parece justo ser la única que salga raspada para que ahorremos en la luz.

-La cosa va a ser pareja-. Demetrio se vuelve hacia el cuarto de su hija. -Dile a Moraima que cuando estudie apague su música, porque se duerme y la casetera se queda prendida toda la noche.

-ƑY qué me ganaría con decírselo? Parece que no la conoces. Salió igual de terca que tu hermano Andrés. Por cierto: se invitó a comer el domingo. Ya sabes que le encantan mis salsas.

-A mí también. Sobre todo las molcajeteadas-. Con el pretexto de enderezar la foto de bodas, Demetrio se pone de espaldas a su mujer: -Hace añísimos que no preparas una de ésas.

-Mi tía Luisa me pidió prestado el molcajete y no me lo ha devuelto. Dice que no lo encuentra-. Nieves regresa al trinchador y sigue ordenando el altero de servilletas.

-Ni que fuera un alfiler. Mañana vas a su casa y se lo pides. Piensa que también la licuadora gasta electricidad-. Demetrio se sobresalta al ver que su esposa, llorando, arroja las servilletas al suelo: -ƑQué te picó?

-Me da mucha tristeza que en vez de progresar vayamos para atrás, como los cangrejos-. Nieves mira al techo: -Cuando nos casamos no teníamos nada. Trabajamos durante años y con muchos sacrificios logramos hacernos de una que otra cosita: lavadora, tele, refrigerador, casetera, licuadora y mi candil. Sabes que era mi sueño tener uno de diez luces. Lo compramos en abonos. Ahora que terminamos de pagarlo, me sales conque nada más puedo ponerle dos focos.

-ƑQuieres que te diga la verdad? Nunca estuve de acuerdo en que compráramos esa madre. No sé por qué te entercaste con ese candil.

-Pues porque es bonito. Además, cuando tiembla, se mueven los cristales y nos avisa.

-Seguirá haciéndolo, aunque le queden dos focos.

-Siempre quieres tener la razón.

-ƑY tú no?

-Nomás cuando la tengo. ƑNo es cierto que vamos para atrás?- Nieves recoge las servilletas y las sacude.

-Imagínate: ahora que estoy más vieja y más cansada quieres que vuelva al molcajete, que lave a mano, que me ilumine con velas.

-No es que quiera, entiéndelo. Te repito que yo no subí la luz. Aunque no lo creas, todo esto tampoco es agradable para mí.

-Pero tú Ƒqué? Ni lavas, ni cocinas, ni estás mucho tiempo en la casa.

-Porque estoy en la chamba. Y te consta que en cuanto salgo de la fábrica me vengo para acá. Nunca voy a un cine. Mi única distracción es ver la tele-. Demetrio inclina la cabeza: -Antes de que se me olvide, a esto también sería bueno que le bajaras.

-Mejor bájale tú. Desde que te quitaron las horas extras no me has dejado ver completo ni un capítulo de mis telenovelas. En cuanto llegas, te apoderas del control y te la pasas viendo tus programas de encueradas o el futbol.

-ƑPreferirías que me fuera a la cantina?

-Tú sabrás lo que haces. Tira el dinero, al fin que aquí tienes a tu mensa que te ahorra los centavos.

-También voy a cooperar para que ahorremos luz. En la noche ya no voy a ver tanta televisión-. Demetrio guiña el ojo: -Te va a convenir.

-Ni tanto. En la nochecita, después de tallar la ropa en el lavadero y de moler en el molcajete sólo van a quedarme fuerzas para dormir.

-Y entonces, Ƒcómo le vamos a hacer con aquello?

-Ay, mi vida, pues ahora sí que cuando se pueda.

-No m'hija, perdóname: no me casé para esto.

-Ni yo compré mi candil para tenerlo apagado, pero ni modo: la cosa es ahorrar en luz-. Nieves se quita el delantal: -Antes de que se haga más noche voy a la tienda por velas.

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