Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 24 de febrero de 2002
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Espectáculos
Alrededor de esta prenda se han desarrollado historias, leyendas y supersticiones

El zapato, más que protección para el pie, todo un objeto de moda

La industria del calzado está debilitada por las bajas exportaciones y el excesivo contrabando

En México se encuentra el tercer museo más importante del mundo en esta materia

MARIANA NORANDI ESPECIAL

El zapato, esa prenda de vestir que protege el pie en climas fríos o terrenos accidentados, se convierte en el siglo XX en todo un objeto de moda, doblegándose en repetidas ocasiones a los caprichos más delirantes de las últimas tendencias, arriesgando la salud de los pies y olvidando su función original.

El calzado ha sido utilizado y visto a lo largo de la historia desde muy distintas ópticas: funcional, estética, clasista, fantástica o incluso fetichista. Pero independientemente de esa visión, en la actualidad, esta prenda representa mucho más que un simple accesorio del vestir o un resguardo del pie como lo fue en un principio; el zapato distingue y refleja la personalidad de quien lo usa.

Por otro lado, y desde tiempos remotos, alrededor del zapato se ha desarrollado toda una serie de historias, leyendas y supersticiones que han transformado esta prenda en un objeto mágico. Un aura de misterio, magia y buenaventura han envuelto al zapato en un ambiente sobrenatural, convirtiéndolo en un símbolo de éxito y fortuna. En el campo, para la buena cosecha; en las bodas, para un feliz matrimonio o en el amor para seducir a la persona amada, el zapato es la varita mágica de quien cree en sus encantos. Los campesinos en Albania echan sal en sus zapatos por la mañana para así tener buena suerte durante el día. En la Irlanda rural entierran los zapatos viejos de un niño que se ha perdido, para encontrarlo. En Haití se espolvorea harina dentro de los zapatos para protegerse de la prácticas dañinas del vudú. En Afganistán usan con frecuencia los zapatos de los familiares difuntos que admiraban, con la esperanza de heredar las virtudes de los seres queridos. En algunas zonas de Irán e Irak, después del compromiso, el pretendiente envía zapatos a la novia, a la suegra y a las cuñadas. En México, los choferes de microbuses y taxis cuelgan un zapato de niño, encontrado en el interior de su transporte, para obtener buena suerte y protección ante la posibilidad de accidentes.

La historia

El registro más antiguo que se tiene del zapato data de hace más de catorce mil años, y se encuentra en unas pinturas rupestres en Teruel, España, donde aparecen unos hombres danzando y cazando con botas hechas de piel. El calzado más arcaico que se posee perteneció a un hombre que vivió hace cinco mil años y se encontró congelado en los Alpes austríacos en 1991.

El zapato mexicano tiene su origen en los hombres primitivos que cruzaron el estrecho de Bering durante la última era glacial. Siglos más tarde, en la época prehispánica, los aztecas diseñaron el cactli, que era una especie de sandalia que dejaba descubierto el dorso del pie, únicamente cubriendo el talón, y llevaba unas correas que sujetaban la suela. Ésta estaba fabricada con cuero de ciervo y piel de jaguar, y todo ello estaba cosido con hilo de ixtle, que es una fibra muy resistente extraída del maguey. Los mexicas diferenciaban el estrato social según el atuendo de las personas, por lo que el cactli sólo era usado por emperadores, sacerdotes, guerreros y comerciantes de alto rango, mientras que las mujeres y los macehuales iban descalzos. Famoso era el lujo con que se vestía Moctezuma. En su primer encuentro con Cortés, el emperador azteca usó zapatos con suelas de oro y piedras preciosas. Sus súbditos avanzaban por delante suyo barriendo el suelo por donde pasaba y poniéndole mantas para que no pisara la tierra.

Con los primeros españoles llegaron ganaderos, curtidores y zapateros que establecieron sus talleres en la Nueva España. Al cactli azteca se le incorporan algunas técnicas españolas y se convierte en el huarache. El botín de charro y la bota norteña también son resultados del mestizaje cultural. Cuero, telas y madera se usaron para climas fríos como los de Europa, mientras que las fibras de ixtle resultaban ideales para las altas temperaturas de Mesoamérica.

Durante esa época, los secretos del oficio fueron celosamente guardados, e incluso hubo ordenanzas del virrey para castigar a quien los divulgara. En la ciudad de México se adoptó la organización gremial que se practicaba en Europa desde la Edad Media, la cual reunía en grupos a las personas que tenían el mismo oficio. Los únicos que podían vender zapatos eran los que pertenecían al gremio, pues era una forma de controlar la calidad del calzado.

Durante la segunda mitad del siglo XVI y durante casi todo el XVII, la moda del zapato masculino tuvo dos estilos: el borceguí negro con hebilla de plata y las botas de montar. Los zapatos femeninos eran más variados, solían ser de piel o terciopelo negro, con tacón pequeño y bordados con hilos de oro y plata. Durante esta época la mayor parte de la población indígena no usaba zapatos, mientras que los pobladores negros y mulatos utilizaban calzado muy rudimentario. La moda del zapato en México, que era un deleite únicamente de las clases adineradas, fue evolucionando a medida que avanzaba en Europa. El desarrollo mercantil con Asia a finales del siglo XVII incorporó la seda y el raso al calzado. El siglo XVIII y el rococó añadieron la pedrería y la sofisticación en el bordado. A finales de este siglo, la moda barroca se sustituyó por la neoclásica surgida del imperio napoleónico. Los zapatos femeninos eran sin tacón y de seda o cabritilla blanca. Los hombres estilaban altísimas botas de charol negro como las que usaba el emperador. Así calzaron personajes de nuestra historia como Iturbide o Guadalupe Victoria.

Revolución industrial

A principios del siglo XIX las máquinas de vapor causaron una verdadera revolución en los procesos tradicionales de hacer zapatos y en el transporte de las mercancías. En un principio, el público fue escéptico con el calzado industrializado pero, poco a poco, los atractivos aparadores de los comercios ganaron la batalla de la aceptación. Hacia finales de siglo, el taller de Carlos B. Zetina, llamado Excélsior, se convirtió en la gran fábrica de calzado mexicano. Tras la Revolución, en la que se usó todo tipo de calzado y donde todavía la mitad de la población indígena no usaba zapatos, estalla en México la carrera desenfrenada de la moda. Las creaciones europeas de Ferragamo, Charles Jourdán y Channel rigieron los cánones del gusto de la sociedad mexicana de principios de siglo. Pasadas unas décadas, en los años sesenta, la industria del calzado en México vive su mejor momento hasta nuestros días. El tenis comienza un auge sin precedentes que rebasa el cincuenta por ciento de la producción total del calzado. Las ciudades de León y Guadalajara se convierten en los centros de mayor producción, mientras que el Distrito Federal se sitúa como la principal plataforma nacional de comercio.

Hoy en día, la tecnología es el motor de esta industria y el contrabando de calzado su mayor enemigo. Millones de zapatos pasan cada año las fronteras mexicanas, procedentes de países asiáticos, ejerciendo una competencia desleal sobre la industria del calzado mexicano. La penetración de esta mercancía ilegal es todo un problema. Representantes de la industria y autoridades competentes intentan detener el flujo ilícito de zapato, pero parece ser que los esfuerzos no son suficientes. Por otro lado, la nueva reforma fiscal ha significado otro obstáculo en el desarrollo de esta industria que ve frenado su despegue definitivo.

Problemática actual de la industria

El calzado se ha convertido a raíz de la actual reforma tributaria en todo un objeto de polémica. La nueva miscelánea fiscal establece que aquel zapato que rebase los diez centímetros de altura sobre el tobillo será considerado un artículo suntuario y, por lo tanto, se le impondrá un gravamen en el punto de venta de cinco por ciento sobre su precio. En la cadena productiva y comercial de la industria del calzado existe un profundo malestar debido a la incoherencia de tal medida. Sergio García Sandiel, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Calzado (Canaical), opina: "Esta ley es muy absurda, porque si alguien compra unos zapatos que valen ocho mil pesos de menos de diez centímetros de altura, no es considerado un artículo suntuario. Pero las botas del campesino o del albañil, que cuestan entre ochenta y trescientos pesos, ya son un artículos suntuarios y, por consiguiente, se gravan con cinco por ciento más para seguir perjudicando a la clase más necesitada. Si hay que gravar los zapatos, que se haga en base a su material, como los zapatos hechos con pieles exóticas o los que son de marcas caras".

Con esta medida, no sólo se perjudica al consumidor sino también a una industria del calzado debilitada, que está atravesando un mal momento. Hace cinco años en México se producían 210 millones de pares de zapatos, en 2000 la producción descendió a 190 millones de pares, y en 2001 la industria produjo 180 millones de pares. Además, las exportaciones también bajan, las importaciones suben y el contrabando no se termina. El empresario italiano Flavio Gatto recuerda lo diferente que era la industria en 1976 cuando él se instaló en México: "este país me gustó porque vi que estaba lleno de posibilidades. Era como una isla, nada se podía importar y no existía el contrabando de zapatos. Todo lo que se hacía se vendía. En aquel entonces, cuando no había crisis, la mujer compraba bolsas de todos colores para combinar con los zapatos. Tras la crisis sólo compra bolsa blanca o negra, por lo que, a finales de los años ochenta, pasé de producir cinco mil bolsas mensuales a sólo dos mil. He aumentado el ingreso económico pero no las ventas". Actualmente, Flavio Gatto produce dos mil pares de zapatos mensuales y cinco mil bolsas al año. Este empresario, se ha hecho de ocho tiendas propias para poder vender su propia producción y evitar, entre otros problemas, la falta de liquidez: "lo bueno es que, como vendo en mis tiendas, no tengo el problema de liquidez que suelen tener los fabricantes. Las tiendas pagan de sesenta a noventa días, y la piel que compramos hay que pagarla cada mes".

La gran industria mexicana del calzado que teníamos en la década de los sesenta hasta mediados de los años ochenta, ha entrado en receso productivo y declive industrial. Las causas son diversas pero, entre ellas, sobresale el contrabando de zapatos procedente principalmente de China. García Sandiel comenta: "estamos trabajando muy fuerte para acabar con el contrabando y, aunque hemos logrado disminuirlo, todavía no estamos donde quisiéramos. En el año 2000 entraron 50 millones de pares de zapatos ilegales por nuestras fronteras y en 2001 se redujo a 30 millones, lo cual sigue siendo una cifra elevada y continúa pegándole mucho a la industria".

China fabrica 50 por ciento de la producción mundial del calzado y, debido a que emplea mano de obra muy barata, resulta un zapato muy económico para competir con el calzado mexicano. Siempre ha existido la idea de que los productos chinos son baratos pero de mala calidad. José Villamayor Coto, propietario de la zapatería El Borceguí, desmiente esta creencia: "la calidad del zapato chino ha mejorado mucho, de hecho, muchas de las grandes marcas ya están hechas en China".

La exportación de zapato nacional también ha disminuido. Según sus productores esto se debe a lo sobrevalorado que está el peso mexicano. El presidente de la Canaical explica: "el nivel de exportación es bajo debido a que tenemos un peso muy fuerte. Otros países, como algunos de Sudamérica, están devaluando su moneda y ofrecen precios más económicos".

Añadida a toda esta problemática, nos encontramos con que la industria mexicana del calzado continúa con carencias de cuero. José Villamayor comenta: "nuestra producción tiene mucho mérito porque somos deficitarios en cuero. Un mínimo de 60 por ciento del cuero que utilizamos lo tenemos que importar, especialmente de Estados Unidos, país al cuál nos damos el lujo de exportarles nuestro ganado vivo".

Pese al poco interés que depositan las autoridades en nuestra industria zapatera, ésta cuenta con aproximadamente 8 mil empresas, 136 mil trabajadores y alrededor de 10 mil puntos de venta. Pero en estos momentos, para sobresalir, esta industria necesita de una eficiente política proteccionista que le devuelva el esplendor y el buen desarrollo que tuvo hace cuatro décadas, cuando había logrado situarse como una de las más importantes del mundo.

Museo del calzado El Borceguí

Se puede leer sobre el calzado o analizar su problemática, pero no existe nada tan ilustrativo como contemplar su evolución histórica delante de nuestros ojos.

En pleno corazón de la ciudad, en Bolívar 27, entre las calles Francisco I. Madero y 16 de Septiembre, se encuentra una joya histórica. Se trata del Museo del calzado El Borceguí, considerado el tercer museo de esta materia más importante del mundo después del de Bally, Suiza, y el de Barcelona. Ubicado sobre El Borceguí, la zapatería más antigua de la ciudad, fue fundado en marzo de 1991 por el propietario de esta tienda, José Villamayor Coto, en honor a su padre y a la industria del calzado. En su interior se encuentra una excelente colección de más de dos mil piezas originales, tanto históricas como de personajes destacados de la actualidad. Por otro lado, se puede observar la colección de zapatos en miniatura más grande del mundo. Unas veinte mil miniaturas de diferentes países, materiales y estilos, se exhibe en la parte superior del museo. La entrada es totalmente gratuita.

La galería tiene cinco ejes: el calzado histórico, su evolución en el siglo XX, el calzado en el deporte, los zapatos de personajes famosos y las miniaturas. En el primer apartado encontramos zapatos de muy diversas épocas y regiones. Destaca el calzado antiguo de la India, acabado en punta, que utilizaban reyes y sacerdotes imitando los cuernos de la vaca sagrada. Cuanto más larga era la punta del zapato, más elevado era el rango social. Tanto se prolongó el extremo del zapato que hubo que determinar un límite, ya que llegó a medir más de un metro, dificultando enormemente el caminar. Otra vitrina de especial interés es la de los zapatos más antiguos, fabricados con cuero sin curtir, paja y fibras marinas. En esta línea, el museo cuenta con el zapato mexicano más arcaico, un cactli azteca del siglo XII. En la zona del zapato histórico, hay dos piezas que llaman especialmente la atención. Una es el zapato "para salvar la vida", fabricado de lana con plumas de Emmu, era utilizado en algunas regiones aborígenes de Australia por los verdugos kurdaitchas para escapar sin dejar rastro y evitar ser agredidos por alguien que quisiera vengar a los condenados a muerte. Los otros son los zapatos chinos Gian Lien de seda bordados. Estos eran puestos a las niñas chinas, tras ser vendados, para deformar el pie y que éste no creciera. Esta costumbre continuó hasta muy entrado el siglo XX, e incluso existen regiones en China que, a pesar de su prohibición, todavía se mantiene.

El museo posee dos importantes colecciones de zapatos, una de la época barroca y otra de la Revolución Industrial. También exhibe una interesante serie que muestra la evolución del zapato en el siglo XX, desde su inicio hasta los años setenta, cuando la sicodelia aportó gran creatividad al diseño. Encontramos asimismo zapatos de personajes famosos de la actualidad. Hay, entre otros, de Silvia Pinal, Armando Manzanero, Walter Reuter, Carlos Fuentes, Gregory Peck, Magic Johnson, Julio César Chavez e incluso una bota del presidente Vicente Fox. Además cuenta con una réplica, de las tres que existen, de la bota lunar con la que el hombre pisó por primera vez la luna.

El director y fundador de este museo, José Villamayor Coto, nos comenta que a pesar de que tiene zapatos de muchos personajes hay de algunos que no ha podido conseguir: "los que no tengo y me gustaría son unos zapatos de Imelda Marcos que fue muy famosa porque cuando cayó el régimen de Filipinas tenía en su clóset tres mil pares. De personajes mexicanos me gustaría tener unos de Octavio Paz. Hemos insistido mucho, primero cuando él vivía y ahora con su viuda, pero no lo hemos logrado". No ha sido fácil reunir la colección que este museo posee. Muchos de las piezas se han conseguido a través del museo de Bally y otras en tiendas de antigüedades o donaciones. Y es que no sólo es difícil encontrar estos zapatos, sino que además son muy caros. Villamayor posee un zapato de plata español por el que tuvo que pagar cuatro mil dólares. Paradójicamente el cactli azteca lo adquirió por trescientos dólares y es una de las grandes joyas del museo.

Fuente de inspiración del cine

Observando este museo nos damos cuenta que el zapato ha adquirido una presencia muy importante en nuestra cotidianidad ya que, con los años, esta prenda se ha transformado en accesorio imprescindible en el vestir. Nuestra sociedad no ve con buenos ojos un individuo que no usa zapatos, pues éstos son un símbolo de pertenencia a una sociedad y a una cultura. En contraposición a la rigidez con que la sociedad observa el uso del zapato, existen miradas que han encontrado en esta prenda un objeto de inspiración y fantasía, como el caso de la música, el cine y especialmente de la literatura.

Entre las películas más célebres en que el zapato adquiere protagonismo, recordamos Las sandalias del pescador (1968), protagonizada por Anthony Quinn, o Murieron con las botas puestas (1942), de Raoul Walsh y protagonizada por Errol Flynn. O quién no recuerda las maravillosas e hilarantes escenas de la película La quimera de oro (1925) en las que Charles Chaplin trataba de saciar su hambre comiéndose unas viejas botas. En la cinematografía más reciente encontramos la película Piedras, ópera prima del cineasta español Ramón Salazar, que se presentó en esta última Berlinale, y que relata la historia de cinco mujeres a través del tipo de zapatos que usan. En la pequeña pantalla, quedó retenido en la memoria televisiva de todos el ingenioso "zapatófono" del Superagente 86, popular serie de los años sesenta.

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