Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 26 de abril de 2002
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Política

Jorge Camil

La llamada...

Lo interesante de la llamada fue lo que no se dijo, lo que se lee entre líneas: šla otra llamada! La de Washington al Distrito Federal solicitando la ayuda del presidente Fox para disuadir a Fidel Castro de venir a México o por lo menos restringir considerablemente el marco de su visita a la cumbre de Monterrey.

Cualesquiera que fuesen los motivos, la llamada fue un paso en falso, un imprudente acto de gobierno que Fidel aprovechó al 100 por ciento, especialmente después de los desacuerdos con el canciller Jorge Castañeda por el nuevo rumbo que ha tomado la política exterior mexicana.

Fidel, el viejo zorro, estaba preparado. Por eso el inusual comedimiento, la mesura al hablar y la esmerada educación, el "dígame usted, señor presidente" para contestar el campirano "šoye, Fidel!" Desde el inicio del diálogo resultó obvio que el presidente mexicano estaba en presencia de un profesional de altos vuelos. Pero, aunque Fidel hubiese sido un novato, habría adivinado las intenciones de un jefe de Estado que, titubeando, comenzó por pedir absoluta discreción (solicitud innecesaria por ser requisito sine qua non en las conversaciones entre jefes de Estado).

Ante los primeros balbuceos incoherentes de Fox, el viejo zorro asestó el primer golpe: "pues si me habla como amigo espero que no me diga que no vaya a Monterrey". En ese momento Fox no tenía más alternativa que jugarse el todo por el todo, pero en cambio se batió en retirada: "bueno... vamos a ver... déjame platicarte... a ver tú qué opinas". (Un siglo de digna, soberana y pulcra política exterior quedó hecho añicos ante millones de mexicanos a la hora pico en los noticiarios de la noche. El Presidente al desnudo: ƑDónde quedaron las enseñanzas de Luis Padilla Nervo, Alfonso García Robles, Manuel Tello y Jorge Castañeda padre?) Tarde, demasiado tarde (dice la filosofía popular que en la vida todo es timing) afloró la hospitalidad mexicana, y como premio de consolación se le ofreció al frágil héroe de la Sierra Maestra una desganada invitación a comer. Pero, eso sí, "al lado del presidente Fox" (ša quién se le antoja comer cabrito a esas alturas!). "Después del evento te regresas." Ahora el sorprendido por la osadía presidencial fue Fidel: "ƑAdónde? -preguntó socarrón-, Ƒa la isla de Cuba, al hotel?" Y con el estilo barroco que prevaleció en la conversación, Fox expresó finalmente los verdaderos motivos: "...que me dejaras libre el viernes (el día que llegaba George W. Bush), para que no me compliques las cosas". Pero como dicen en las novelas policiacas, the best was yet to come, faltaba lo mejor, las peticiones específicas para "que no hubiera declaraciones sobre las relaciones México-Cuba... y, básicamente, no agredir a Estados Unidos o al presidente Bush". Ya está, el presidente mexicano respiró complacido: šmisión cumplida! Castro, visiblemente molesto, descargó su golpe más duro y le reclamó al Presidente: "óigame, señor presidente, yo llevo 43 años en política y sé lo que hago... que yo sé decir la verdad con decencia y con elegancia". En ese momento comenzó el cachondeo con un Fidel zalamero: "sí presidente, no presidente... yo me quedo en un hotelito... voy a la comida y de ahí cumplo sus órdenes: šme regreso!"

Con todo, la llamada es un momento histórico en la política exterior mexicana, no solamente por el rompimiento de las formas tradicionales en la relación con Cuba, sino porque termina con décadas de autodeterminación y de proverbial hospitalidad. ƑEstamos presenciando el inicio de la realpolitik, el hard ball, como dirían en foggy bottom en el Departamento de Estado? ƑHemos entrado a las ligas mayores?

Es obvio que la grabación fue divulgada como quid pro quo por el voto de México en Ginebra. No obstante, cabe preguntar: Ƒestamos obligados a aferrarnos por principio o por tradición histórica a un gobierno totalitario que lleva más de 40 años en el poder?

La llamada no es ciertamente la manera de hacer las cosas, pero Fox ha decidido acercarse a Estados Unidos para renegociar la agenda bilateral: el narcotráfico, los trabajadores migratorios, los transportistas, el libre comercio. Si ése fue el motivo, Fox debió pedirle a Fidel sin rodeos que no viniera, y sin avergonzarse por una decisión soberana en beneficio de su programa de gobierno. Fidel también se equivocó. Los mexicanos, con un alto sentido de la dignidad, nos sentimos ofendidos por la humillación que sufrió el Presidente. Muchos piden ahora el rompimiento de relaciones con un gobernante senil que decidió romper con su mejor aliado y provocar un torbellino político que pudiera ocasionar la renuncia del canciller y ensanchar la brecha existente entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Fidel: šeso, aquí y en China, se llama intervencionismo!

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