Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 26 de abril de 2002
  Primera y Contraportada
  Editorial
  Opinión
  Correo Ilustrado
  Política
  Economía
  Cultura
  Espectáculos
  Estados
  Capital
  Mundo
  Sociedad y Justicia
  Deportes
  Lunes en la Ciencia
  Suplementos
  Perfiles
  Fotografía
  Cartones
  La Jornada de Oriente
  Correo Electrónico
  Busquedas
  >

Sociedad y Justicia

BM, FMI y BID incorporaron discurso de género para evitar oposición: Bedregal

Feminismo institucional y neoliberales, de la mano

ROSA ROJAS

La institucionalización del movimiento feminista ha sido funcional a la implantación del neoliberalismo en América Latina, que primero mediante las dictaduras instaló los elementos básicos al nuevo y global reordenamiento económico y político del patriarcado y, después, vía las nuevas democracias, potenció los mecanismos políticos e ideológicos que facilitarán el nuevo proceso del capital, planteó Ximena Bedregal, editora de Triple Jornada.

En su participación en la mesa sobre los encuentros feministas latinoamericanos y del Caribe, realizada en el seminario Feminismos latinoamericanos. Retos y perspectivas, organizado por el Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, indicó que entre los encuentros efectuados en México (1987) y El Salvador (1993), pasando por el de Argentina (1990), el sistema desplegó los mecanismos para hacer su orden posible mediante la definición e imposición de las nuevas formas de la gobernabilidad que debían adoptar las neodemocracias, entre ellas la refuncionalización de los movimientos sociales como el feminista.

Es decir, se quiso aprovechar las organizaciones que surgieron para combatir a las dictaduras buscando poner su conocimiento a disposición de las nuevas democracias, "para lo cual sus organizaciones debieron hacerse menos experimentales, más técnicas, más eficientes, más modernas. En ello las agencias financieras entraron a jugar un papel fundamental, condicionando sus apoyos a la eficacia, a la racionalidad financiera de los proyectos, a la profesionalización y a las temáticas que le interesaban al nuevo orden para su viabilidad".

Bedregal expuso que aquellos proyectos que casi al inicio del feminismo contemporáneo consideraban la ampliación de la política de las mujeres como lo que "concierne a la distribución del poder en la sociedad patriarcal", encontraron el marco propicio para también desplegarse y entrar a funcionalizar ese proyecto.

Hubo otras voces y proyectos "que más bien consideraban la necesidad de construir un equipamiento experimental y conceptual propio por fuera de la lógica patriarcal, que reivindicaban la autoconciencia como ejercicio de la autonomía y a la autonomía no frente a otros u otras sino como el construirse a sí mismas, entre mujeres y desde la singularidad hecha colectivo", que fueron elaborando su crítica al riesgo que implicaba "subsumir una vez más la construcción de cultura y sociedad en las estructuras del sistema", intentando alertar a las mujeres sobre el carácter de las nuevas democracias.

En la medida en que la corriente que piensa a la política de las mujeres como lo que "concierne fundamentalmente a la distribución del poder en la sociedad patriarcal" va estableciendo sus proyectos para y en la relación con el poder, va recibiendo los beneficios del mismo y generando intereses, su propio poder crece, subsumiendo a muchos sectores del feminismo en sus estrategias, recursos, estructuras, posibilidades y metodologías de trabajo. Es decir, va construyendo una clara hegemonía que se impone verticalmente, como si fuera el proyecto del movimiento feminista, "invisibilizando y deslegitimando" a la divergencia.

"La incorporación del discurso de género en las instituciones de la oligarquía internacional como el BM, el BID y el FMI ha permitido que puedan seguir con sus planes de ajuste estructural sin oposición del movimiento feminista", dijo.

Por su parte, Sergia Galván, de República Dominicana, manifestó que dichos encuentros han servido para generar estrategias regionales de acción, articulaciones, definir agendas y proyectos, coordinar campañas, visibilizar liderazgos feministas regionales y discutir su legitimidad, aunque criticó la poca atención que han tenido en ellos las mujeres afrolatinas y la ausencia de la temática racial.

En los primeros encuentros -a partir del de Colombia en 1981- no se hablaba de derechos sexuales y reproductivos, sino de recuperación del cuerpo. Han sido espacios para amistad, goce, pero también para debatir sobre el patriarcado, señaló.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año