Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 31 de mayo de 2002
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Política

Horacio Labastida

López Obrador y el cambio

Comprobar puede cualquier lector aficionado a las consultas siempre curiosas e instructivas del célebre Diccionario de Autoridades, afortunadamente publicado en edición facsimilar por la editorial Gredos, hacia 1984, que la Real Academia Española explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua, según consta en la portada de la obra magnífica que fue dedicada a Felipe V, en 1726, rey que inició en España el cambio de la dinastía austriaca por la borbona, afrancesada ésta y germana aquélla, abriéndose las puertas entonces en la propia península y en la Nueva España al trascendental cambio implicado en la transformación de las antiguas provincias en intendencias, de acuerdo con la sugerencia que el visitador José de Gálvez hizo a Carlos II (1716-1788), emperador ilustrado y consecuentemente amigo de estimular el innovador capitalismo que en esa época extendíase por todos lados, poniendo en jaque los intereses nobiliarios y feudales que en los dominios de Carlos V y Felipe II representaban el estado de cosas prevaleciente. Se analizan en el Diccionario de Autoridades las múltiples connotaciones insertadas en la idea de cambio y su correspondiente palabra, aunque ninguna de ellas se acomoda al cambio en que pensamos al recordar los aires borbónicos del omnipotente Rey Sol infiltrados en la atmósfera hispana, porque es obvio que a las autoridades lingüísticas del diccionario no les interesó la acepción de cambio que hoy está de moda, es decir, cambio político, que desde luego es el que nos preocupa al reflexionar sobre lo que sucede en el gobierno que preside Andrés Manuel López Obrador.

Acotemos las cosas. Poder político es el poder que tiene la autoridad para imponer sus decisiones sobre los miembros de la sociedad, independientemente de lo que éstos piensen desde un punto de vista individual, puesto que el poder político es por su esencia coercitivo en el marco de la legalidad. Sin embargo, el carácter coercitivo del poder público ha funcionado numerosas veces al margen de las normas jurídicas sobre todo en los casos en que tal poder sirve a intereses faccionales. ƑQué significa este hecho tan repetido en las dictaduras y no menos frecuente en las escenificaciones de la violencia opresiva de naciones hegemónicas sobre pueblos indefensos? Algo más sencillo que complejo. Si el poder político se usa para satisfacer las demandas de los pueblos, se trata de un poder verdaderamente democrático. Si no es así, porque el poder político se vea utilizando en la protección de núcleos elitistas contra la colectividad, estaríamos en presencia de una operación antidemocrática, opuesta al bien común y favorable, en palabras de Belisario Domínguez, al mal común, o sea a la enhebración de la fuerza pública con la inmoralidad social.

Aclarados esos conceptos no resulta difícil entender lo que pasa ahora en el Distrito Federal.

Tanto en su discurso de toma de posesión como en los bandos que publicaron los diarios nacionales, aparece clara la voluntad de López Obrador de acatar de manera cabal el mandato ciudadano que le confió la gobernación de la capital. ƑCuál mandato ciudadano? Destinar los recursos del Estado, sin excepción, a cubrir necesidades materiales y espirituales de los defeños, y no de castas forales auspiciadas por las instancias clientelares del presidencialismo autoritario que permea por igual funciones federales, estatales y municipales. Contra la lógica del poder corrupto de los titulares del aparato gubernamental, Andrés Manuel López Obrador ha mostrado que es posible y necesario cambiar esa lógica y hacer de la política una práctica de moral pública. Mas cambiar, repetimos el verbo a propósito, la deshonestidad en honestidad provoca las reacciones perversas de los deshonestos, y por esto el Gobierno del Distrito Federal ha sido asaeteado de mil manera por aquellos que miran cómo la honestidad arrebata privilegios otorgados por la deshonestidad con el fin de apuntalar peculados en el erario e impudicias en la vida social. La respuesta a las maniobras no es anfibológica. La concesión de fueros y prebendas no es compatible con los principios legales y la legitimidad que guían el gobierno de la ciudad. No hay otro camino para iniciar en México la realización del supremo ideal de Lázaro Cárdenas: hacer que en nuestra patria florezca una civilización justa.

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