Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 22 de noviembre de 2002
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Política

Inició en Madrid un debate que fortalece los lazos entre indios y sociedad civil

El EZLN no inventó la lucha indígena, pero sí le dio un punto de diálogo: Hernández Navarro

Hermann Bellinghausen subrayó el papel de los zapatistas en el cambio de México

ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL

Madrid 21 de noviembre. La vitalidad del zapatismo y su inédita aportación a la tradición y la historia de la lucha de los pueblos latinoamericanos -al dotar de un carácter multicultural al Estado- fueron algunos de los temas planteados en la mesa que abrió el debate del primer Aguascalientes que se celebra fuera de las fronteras mexicanas, un foro que pretende emular a los realizados en Chiapas con la intención de fortalecer los nexos de la sociedad civil internacional con el movimiento indígena mexicano.

Bajo el título Democracia, ciudadanía y nuevos derechos: los acuerdos de San Andrés y el nuevo marco jurídico sobre derecho y cultura de los pueblos indígenas, el sociólogo Marcos Roitman y los periodistas de La Jornada, Luis Hernández Navarro y Hermann Bellinghausen, después de dar una inquietante radiografía de las condiciones de vida de los cerca de 15 de millones de indígenas mexicanos, coincidieron en destacar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) como el "punto de encuentro y de diálogo" del conjunto de un movimiento indígena, anterior al levantamiento armado de 1994.

En la sede de la Escuela de Relaciones Laborales de la Universidad Complutense de Madrid, donde se celebró la primera mesa de este foro que se presenta con el lema "Cinco días de encuentro en torno al zapatismo", Hernández Navarro, coordinador de la sección de Opinión de La Jornada, citó al escritor y político Vaclav Havel para explicar la aspiración del movimiento indígena: "La política de la antipolítica es posible, política desde abajo, política de la gente no de los aparatos, política que crece del corazón no de una tesis. Y es un accidente que esta esperanzadora experiencia tenga que ser vivida aquí, en este horrendo campo de batalla. En condiciones de una realidad cotidiana tediosa tenemos que descender a las profundidades del pozo antes de que podamos ver las estrellas".

Pero esas "profundidades del pozo" de la población indígena en México cuentan con una serie de indicadores que demuestran que estamos ante un "horrendo campo de batalla": prácticamente todos los municipios mexicanos que tienen 90 por ciento de población indígena están en una situación de extrema pobreza, la mitad de la población indígena es analfabeta en contra de un promedio nacional de 12 por ciento, la mitad de los municipios indígenas carecen de electricidad y agua potable en contra de 13 y 12 por ciento, respectivamente, de los del resto del país. Además de que el sector indígena en México es el que más sufre la violación de sus derechos humanos y que vive una situación de racismo y de discriminación no reconocida y permanente.

Ante esta situación, explicó Hernández Navarro, "el zapatismo no inventó la lucha indígena pero sí le dio un centro organizativo, un punto de encuentro y de diálogo, facilitó un proceso de convergencia y le ayudó a crear un programa de luchas que no se expresa como un programa tradicional de demandas mínimas y máximas, sino como un conjunto de valores y una aspiración a una reinserción distinta en la sociedad nacional. La lucha de los pueblos indígenas es por la igualdad, pero simultáneamente por el reconocimiento a la diferencia, por ser admitido como sujeto político diferenciado, en ella se prefigura una nueva inserción de los espacios públicos en la que se busca la superación de la condición de excluidos".

El también autor del libro Chiapas: la guerra y la paz explicó que el carácter inédito de las formas y fondos de lucha del zapatismo ha resultado "profundamente incómodo" para el orden establecido, tanto político como intelectual.

"En este camino en el que el movimiento indígena se ha convertido en un sujeto político autónomo, diferenciado de otros y extremadamente incómodo, tanto para los partidos políticos, que reclaman para sí la representación de todo lo social; para los intelectuales, sobre todo decimonónicos, porque los pueblos indios reivindican derechos colectivos cuando esta intelectualidad entiende la ciudadanía sólo como una expresión de derechos individuales o, a lo sumo, de derechos sociales en retirada; también es incómodo para el Estado, porque desafía la actual constitución del Estado nacional, monocultural y monoétnico -a pesar de lo que se defina-, y exige la reconfiguración de ese Estado sobre bases multiculturales. Es incómodo también para las iglesias" -todas-, explicó Hernández Navarro, quien lamentó que seis años después de la firma de los acuerdos de San Andrés todavía no se hayan cumplido y a cambio se aprobara una ley indígena que ha sido rechazada por la mayoría del sector afectado.

Mientras que Marcos Roitman, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, después de hacer un rápido pero denso repaso de los diversos movimientos revolucionarios de América Latina, desde la Patagonia a la selva Lacandona, señaló que "no resulta extraño que la primera revolución del siglo XXI, como alzamiento, sea la del EZLN. Cuando emerge desde el punto de vista del šYa basta!, en enero de 1994, se está recuperando la tradición de las luchas políticas de América Latina, y además aporta el elemento de la transformación de la lucha multiétnica y del Estado multiétnico. Es la primera gran respuesta política a lo que es el neoliberalismo, entendido como proyecto de refundación del orden. En ese momento aparece un llamado a la dignidad y a la reflexión de que el futuro no está diseñado, que el futuro está abierto a la contingencia y que nadie puede dar por cerradas las luchas políticas por la democracia, por el socialismo y por la lucha anticapitalista".

Roitman, autor de varios libros, entre ellos Las claves de la democracia, añadió que "en definitiva, el EZLN no es un movimiento social, es un ejército regular insurgente, no una guerrilla. Aparecen por tanto reivindicando todo lo bueno de la lucha política y de la reflexión y de la explotación y luchas de más de 500 años de los pueblos étnicamente explotados. El EZLN no es la última revolución del siglo sino la primera gran revolución y gran lucha del siglo XXI".

El silencio como arma

Por último, Bellinghausen, escritor y periodista de La Jornada, hizo alusión a la importancia política y cultural que tiene el zapatismo en la nueva realidad mexicana, en la que a pesar del poder la situación de los indígenas se ha convertido en un tema ineludible y de enorme calado internacional y nacional.

"El movimiento indígena ha llevado todos estos años por delante el cambio de México, incluso el cambio de gobierno; la caída del PRI y la llegada de Fox al gobierno no hubiera sucedido nunca sin los zapatistas, al menos no en la manera tan suave que se dio. Pero desde el levantamiento no ha dejado de avanzar la impronta del zapatismo, por un lado por la cantidad de palabras que han dicho, el discurso que han armado y el diálogo constante que han mantenido con la sociedad; y además por el contrapunto del silencio, porque ellos también han encontrado el valor del silencio como arma. Es un silencio que pone muy nervioso al poder, casi más nervioso que cuando hablan. Hay circunstancias en las que el silencio se vuelve subversivo y por eso lo llenan de ruido todo el tiempo, porque la ausencia de palabra es lo que más desnuda la vaciedad de palabra del presidente Fox y de sus funcionarios", señaló Bellinghausen.

Además de esta primera mesa de debate, en el Aguascalientes de Madrid también se llevó a cabo un taller sobre el discurso y la propuesta política del zapatismo, en el que se analizaron las cinco declaraciones de la selva Lacandona y se emitió el video Compañeros comandantes, elaborado por el colectivo Kinoki-Lumal en los Altos de Chiapas.

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