Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 22 de noviembre de 2002
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Mundo

Los seguidores del ex coronel estiman que ganará el domingo en la segunda vuelta

Teme la derecha a Lucio Gutiérrez, y los ecuatorianos pobres al volcán Reventador

Alvaro Novoa acusa a su rival de populista y antiestadunidense, y ser "otro Hugo Chávez"

AURELIO FERNANDEZ FUENTES ENVIADO

El Chaco, 21 de noviembre. Lucio Gutiérrez va a ganar porque la mayoría de la gente está con él, dice Luis Maldonado mientras nos lleva a la zona en la que el volcán Reventador ha provocado los peores daños por la erupción iniciada el 3 de noviembre.

Ecuador todo divide sus discusiones entre la segunda vuelta electoral, que se realizará el domingo próximo, y los daños que hicieron y siguen haciendo las dañinas emanaciones de este volcán localizado a cien kilómetros al este-noreste de Quito, la capital.

Gutiérrez se enfrenta en esta contienda con Alvaro Novoa. El primero, ex militar apoyado por sectores populares, nacionalistas y el enorme movimiento indígena del país; el segundo, hijo de un político que hizo una enorme fortuna a partir de la exportación de plátano a los países socialistas, y hoy uno de los mayores capitalistas de Ecuador, propietario, entre otras cosas, de algunos medios de comunicación electrónica.

El vínculo entre actividad eruptiva y elecciones es importante. Ecuador tiene más de 50 volcanes potencialmente activos, pero 13 al menos han tenido actividad importante en los últimos años.

La gente en este país andino tiene gran in-formación sobre volcanes, que se incluyen en los programas escolares. Son conocidos aquí los tipos de productos que emite un volcán y muchos conceptos se manejan con bastante fluidez en todos los niveles sociales.

En círculos sociales disímbolos se comenta una expresión de Novoa a propósito de la erupción, que explicaría su fama de ignorante, su lenguaje: "Estamos preocupados porque el Reventador ha eructado", cuando, se-ñalan aquí, debió haber dicho "erupcionado", como se enseña en el colegio.

Resulta llamativa la frecuencia con que se repite este argumento como clave en la evaluación del empresario, entre sus detractores como entre quienes podrían votar por él.

La obligatoriedad del voto -hecho extraño para los mexicanos- garantiza gran afluencia a las urnas el domingo, pero hasta ahora no se aprecia entusiasmo. Es palpable la sensación de que el país está al borde de una situación crítica sin salida visible.

Temor al cambio

Los simpatizantes de Novoa desprecian la calidad política de su candidato, pero temen con mayor fuerza la llegada de Gutiérrez al poder, a quien aplican los calificativos ho-mogeneizados en toda América Latina de populista, antiestadunidense y violento.

Gutiérrez ha exaltado sus vínculos con los sectores marginados de la sociedad, el prestigio de hombre honrado y su carácter de militar, otro hecho discordante con el imaginario latinoamericano en el que los golpes de Estado castrenses se asocian a regresión social y entreguismo hacia Estados Unidos.

Cuesta trabajo escuchar impávidamente los elogios a los militares ecuatorianos y a los periodos en que han gobernado, como si fuesen los oasis de beneficio popular y de-fensa de la soberanía en la vida reciente del país, pero mucha gente lo hace con gran convicción y aun entusiasmo.

Las estrategias de los jefes de las dos campañas se expresan claramente en los medios. Lucio Gutiérrez hace promover su imagen precisamente exaltando su carácter militar y popular, avalado por su postura el 21 de enero de 2000, cuando no sólo se negó a reprimir a los indígenas que habían ido a Quito a oponerse masivamente a medidas de la política neoliberal, sino que se pasó a su lado, lo que le valió la destitución de las fuerzas armadas junto con otros oficiales, muchos de los cuales aún siguen en prisión.

Los recursos empleados por el equipo de Novoa son los de la intimidación y el infundio. Se suceden en la televisión y la radio hasta el hartazgo mensajes acerca de los conflictos en Venezuela, haciendo un parangón entre Gutiérrez y Hugo Chávez.

Pero han apostado también al argumento de que la esposa del ex coronel habría levantado una denuncia en su contra por haberla golpeado. Esta aseveración ha sido desmentida por ella en innumerables ocasiones, pero los medios, en particular los electrónicos, insisten una y otra vez en esta afirmación.

El martes pasado apareció el ofrecimiento de las seis cadenas de la televisión nacional para organizar un debate al día siguiente, que sorprendió a todos al ser aceptada por No-voa, quien se había negado permanentemente a enfrentarse públicamente con Gutiérrez, mucho más capaz en estos menesteres.

La propuesta apareció como una emboscada porque en realidad no se trataba de un debate entre los candidatos sino de una entrevista de ambos con seis periodistas elegidos por la agrupación de teledifusores.

El equipo de Sociedad Patriótica puso co-mo condición que fuese realmente un debate entre los candidatos y que "Novoa no tu-viera el apuntador en el oído para que no le dijeran cómo contestar". Al final, no se llevó a cabo porque Gutiérrez no lo aceptó, lo que podría haber beneficiado a su contrincante.

Desencuentros y presiones

Hay desencuentro de Novoa con sus seguidores, pero en el otro bando se barrunta un conflicto de Gutiérrez con dirigentes sociales medios que lo han apoyado. Luego de que éste descollara en la primera vuelta electoral, la derecha trató de controlar preventivamente al aspirante presidencial.

Hubo reuniones con banqueros, empresarios y representantes de intereses estadunidenses para presionarlo en dos direcciones: advertirle que no estarían en favor de medidas populistas ni de un "gobierno de indios" y, por otro, habrían ofrecido ayuda -que incluiría una reunión de alto nivel en Estados Unidos-, si gana, a cambio de colocar en su gabinete a algunos de sus representantes.

Gutiérrez habría aceptado que un representante de los banqueros fuese ministro de Ha-cienda, que presumiblemente sería Mauricio Pozo. Los dirigentes indígenas pidieron al candidato una reunión para aclarar los nuevos hechos y los términos de su alianza.

Ecuador cuenta con una población de alrededor de 50 por ciento de indígenas, y tiene la organización de las etnias más importante del continente, con firme orgullo por su cultura, una plataforma política común y avanzada y una organización generalizada y eficiente entre todos los grupos.

Esa fuerza política se ha manifestado de diversas formas, pero en particular en la movilización de enero de 2000, cuando ocuparon Quito. Finalmente, agrupada en el Frente Nacional de Organizaciones Campesinas e Indígenas, reiteró su respaldo a Lu-cio, como se le llama familiarmente aquí.

No ocurrió lo mismo con los militares que se rebelaron junto a Gutiérrez hace dos años, quienes estaban agrupados en la Sociedad Patriótica, de la cual se deslindaron debido a la reunión que su representante sostuvo con los altos mandos militares, porque no se ha dado a conocer el contenido de la misma.

El encuentro entre Gutiérrez y la derecha ecuatoriana ha dejado un mal sabor de boca entre sus cuadros seguidores. Algunos suponen que se han pactado acuerdos mediante los cuales su candidato se verá obligado a cumplir sus demandas de prerrogativas.

Uno supone que por muchas razones este proceso es, toda proporción guardada, similar al ocurrido en Brasil, en el sentido de que los reacomodos de las fuerzas políticas y los condicionantes para gobernar obligan a ha-cer juegos muy complicados que implican concesiones en diversos rumbos.

Este país vive una crisis económica muy profunda, acentuada por las privatizaciones y el estrangulamiento del gasto público, agravado por una deuda externa impagable.

Una amenaza muy grave a esta economía es la erupción del Reventador, no sólo por los importantes daños ocasionados en la región donde ceniza y flujos han caído, sino especialmente porque el oleoducto trans-ecuatoriano, obra de infraestructura que provee la principal fuente de ingresos al Estado, está en peligro de romperse por los flujos de lodo que incesantemente pasan cerca de él entre cinco y seis veces al día.

Si esto pasa, los gobernantes tendrán un pretexto para culpar, una vez más, a la naturaleza por las desgracias que ellos han inflingido a la sociedad.

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