Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 22 de noviembre de 2002
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Espectáculos
Leonardo García Tsao

Al servicio de los borregos

Si de por sí la idea del remake ha sido por lo común cuestionable, en años recientes la tendencia ha sido rehacer obras maestras que, además de no necesitar revisiones chapuceras, están disponibles en video para quien desee comprobar sus virtudes. Recordemos esa inútil calca de Psicosis a cargo de Gus Van Sant o, lo que era aún más sacrílego, el remake de Alfonso Arau a Soberbia (The magnificent Ambersons). Que Arau haya intentado enmendarle la plana a Orson Welles mediante un inepto telefilme sólo puede concebirse en la actual crisis de valores.

Ahora el turno ha sido del destajista Brett Ratner, encargado de dirigir la segunda versión cinematográfica de la novela Dragón rojo, de Thomas Harris, adaptada antes con brillantes resultados por Michael Mann en El sabueso (Manhunter, 1986). La acción se sitúa cronológicamente antes de El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1990) y Hannibal (Ridley Scott, 2001), pero Ratner se cuida de establecer un nexo con la primera, sobre todo, centrándose en la presencia de Anthony Hopkins como razón de ser.

El guión de Ted Tally repite una trama en esencia igual a la de El sabueso: después de arrestar al temible Hannibal Lecter casi a riesgo de su vida, el agente del FBI Will Graham (Edward Norton) es convencido por el teniente Crawford (Harvey Keitel) de salir de su retiro y colaborar en la búsqueda de otro asesino en serie (Ralph Fiennes), que ha eliminado a dos familias completas con lujo de crueldad. Aunque Graham posee una sensibilidad especial para situarse en la perspectiva del asesino, acepta consultar a Lecter para que le brinde pistas desde su celda de máxima seguridad. Apodado Dientudo (las diversas implicaciones del original Tooth Fairy se pierden en la traducción), la nueva amenaza se declara admirador de Lecter y se pone en contacto con él a través de mensajes cifrados.

Si bien Lecter es aquí un personaje secundario -sólo funciona de hecho como asesor por partida doble- el primer crédito le corresponde a Hopkins, porque ya se ha identificado al actor con esta franquicia, al grado de convertir su interpretación en un número comparable al Drácula de Bela Lugosi. En su tercera encarnación, Hopkins convierte los gestos de Hannibal -mirada vidriosa, sonrisa sardónica, voz meliflua- en una elaborada caricatura. (Al parecer Ratner no ha podido controlar a sus actores británicos. No sólo Hopkins y Fiennes están excedidos; en su papel del invidente objeto del deseo, Emily Watson supone que interpretar a una ciega implica pelar los ojos y clavar su mirada al suelo.)

Bajo un aire rutinario de secuela televisiva, Dragón rojo imita el tono neogótico logrado por Demme e incluso reproduce algunas escenas -la visita a la celda de Lecter desde la misma toma subjetiva- pero no trasciende el efectismo, siempre subrayado por la enfática música de Danny Elfman. Aunque el realizador recurre a la obviedad para describir la patología del Dientudo -la sobreactuación de Fiennes, un anticuado flashback sonoro a su trauma de infancia, vistazos chocantes al estado de sus víctimas-, carece de la imaginación visual para alcanzar siquiera el exceso granguiñolesco ensayado por Scott. La truculencia alcanza, claro, para un falso anticlímax seguido por una previsible sorpresa.

Si para algo sirve Dragón rojo es para refrendar la vigencia del cine de autor. Con el mismo argumento, Mann hizo una inquietante reflexión sobre el poder de la mirada y su tema favorito, la identificación entre héroe y antagonista, mediante un estilo visual frío y a la vez opresivo que encontraba elementos de enajenación tanto en el policía como en el asesino. La desproporción entre Mann y Ratner se ejemplifica con una sola secuencia: lo que el primero resuelve como un momento de revelación mística, en plena sintonía con la obra de William Blake que inspira al asesino, en el segundo es la mera ilustración prosaica de una mujer ciega acariciando a un tigre. Es muy sencillo. El sabueso es la creación de uno los autores más relevantes del cine hollywoodense actual, mientras Dragón rojo es otra chamba en la poco distinguida carrera del responsable de Hombre de familia y Una pareja explosiva 1 y 2.

DRAGON ROJO

(Red Dragon)

D: Brett Ratner/ G: Ted Tally, basado en la novela homónima de Thomas Harris/ F. en C: Dante Spinotti/ M: Danny Elfman/ Ed: Mark Helfrich/ I: Anthony Hopkins, Edward Norton, Ralph Fiennes, Harvey Keitel, Emily Watson/ P: Dino de Laurentis Productions, Mikona Productions. EU - Alemania, 2002.

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