Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Viernes 6 de diciembre de 2002
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Política

Jorge Camil

Otra vez Kissinger...

"Los tribunales no son el lugar adecuado para determinar lo ocurrido en los años 60 y 70", respondió Henry Kissinger en Londres en abril de este año, cuando al dictar una conferencia en el Royal Albert Hall la prensa lo interrogó sobre la petición del juez Baltasar Garzón para tomarle declaración formal, conforme a las reglas de la Unión Europea, sobre su participación en la Operación Cóndor, el operativo secreto concertado por las dictaduras militares de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, para perseguir y eliminar a sus enemigos políticos.

Ese mismo mes Kissinger amplió su postura en un ensayo publicado en Foreign Affairs, en el que acusó a Garzón, sin mencionarlo por nombre y apellido, de "robarle al Estado chileno la oportunidad de lograr la reconciliación nacional". Criticaba que hubiese sometido en forma extraterritorial los "delitos locales" del general Augusto Pinochet a la consideración de la justicia universal. Obviamente preocupado por la posibilidad de ser detenido fuera de Estados Unidos (acababan de arrestar a Slobodan Milosevic y estaba por instalarse el tribunal camboyano para crímenes de guerra del khmer rouge), Kissinger recomendó en aquel entonces que cualquier futuro sistema de justicia universal debería incluir, ciertamente, castigos para los pecadores, pero también la posibilidad de contener los excesos de los justos. El magistrado español, sin embargo, no era la única preocupación de este tenebroso diplomático, que en opinión de Jimmy Carter aprovechó el desorden político de Watergate para convertirse en presidente de facto de Estados Unidos durante las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford. Estaba también el recién aparecido libro de Christopher Hitchens, The trial of Henry Kissinger (el juicio de Kissinger), que documentó detalladamente la participación del antiguo secretario de Estado en la guerra secreta que él y Nixon libraron a espaldas del Congreso contra Laos y Camboya. A pesar de todo, el inextinguible inmigrante alemán que dominó la política exterior y de seguridad nacional de Estados Unidos desde 1970 hasta el arribo de Bill Clinton en 1993, vuelve a asomar la cabeza acaparando la atención de los medios internacionales como presidente de un comité creado la semana pasada por George W. Bush para investigar las fallas de seguridad que permitieron los ataques del 11 de septiembre de 2001. šLa iglesia en manos de Lutero!

Un analista político de ascendencia judía, formado en el mundo bipolar de la guerra fría, acusado de crímenes de guerra en Laos y Camboya, consciente de las maquinaciones del Plan Cóndor y partícipe en alguna medida de las decisiones que culminaron con el golpe de Estado que instaló a Augusto Pinochet en el poder, está lejos de ser la persona idónea para asesorar a la superpotencia sobre las causas que desataron la guerra santa entre el fundamentalismo estadunidense (y su aliado natural, el Estado israelí) y el fundamentalismo islámico que apoya al pueblo palestino.

Será difícil para Kissinger, un político acostumbrado al uso irrestricto del poderío militar, aceptar objetivamente que el odio generado por Estados Unidos en el mundo islámico (aun en los países más moderados) se debe a la conducta arrogante de una superpotencia que el historiador inglés Anthony Beevor llama con razón "el país virtual": un Estado que combate sus guerras por computación sin arriesgar a sus propios ciudadanos. Sin decirlo expresamente Beevor concluye que es un problema de machismo: Ƒcómo podrían respetar los pueblos árabes, dispuestos a inmolarse en defensa de sus creencias políticas y religiosas, a una nación que pelea desde la cabina de mando de aviones supersónicos que disparan a blancos detectados en la pantalla de la computadora de vuelo? Más aún, Ƒpodemos esperar que el reporte Kissinger, como se conocerá seguramente el documento que deberá ser concluido antes de las elecciones de 2004, revele a los estadunidenses que los ataques del 11 de septiembre son consecuencia directa del apoyo incondicional a la política expansionista del Estado israelí? Un apoyo que ha crecido hasta convertir a Israel y a Estados Unidos (Ƒquién es quién?) en el alter ego del otro y ha puesto a los ciudadanos estadunidenses involuntariamente del otro lado de la intifada: del lado de los bombarderos suicidas, de los aviones secuestrados, de los rascacielos derrumbados, de las embajadas pulverizadas: šdel lado del miedo! El reporte Kissinger concluirá, aunque no lo reconozca expresamente, que hoy en día unos cuantos activistas armados con poderosos explosivos portátiles y resueltos a morir pueden burlar las medidas de seguridad de las naciones más poderosas. Esa ha sido la lección del Ejército Republicano Irlandés en el Reino Unido y de la ETA en España. Así que, šahí tiene las causas del 11 de septiembre, doctor Kissinger!

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