Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 21 de diciembre de 2002
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Cultura
Bálsamo de éter permanece abierta hasta el 14 de enero en el Faro de Oriente

Con su pintura, Nathalie Regard hace de lo hostil algo maravilloso

''Las fábricas, especie de metáforas de la vida moderna: en Europa son sinónimo de progreso; en América Latina, signo de explotación'', comenta la creadora de origen español

ANGEL VARGAS

La historia de Nathalie Regard, a sus 33 años, está marcada por dos dictaduras, el desarraigo, la trashumancia y la pintura monumental.

Hija de padres franceses, nació en Madrid, durante el franquismo. Ya niña, viajó con su familia al Chile de Pinochet, donde creció, se hizo arquitecta y posteriormente artista plástica.

Según cuenta, la solidaridad era el medio de resistencia y subsistencia para los creadores en el país andino, pero el regreso a la democracia cambió las actitudes y desde entonces la mayoría sólo vela por sus intereses particulares.
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Fue así, considerándose una "exiliada cultural", que hace casi una década llegó a México por vez primera, en busca de una identidad, pues, por lo accidentado de su vida, ha carecido siempre de patria.

Aquí fue seducida por el color y los contrastes, así como por las fuertes raigambres históricas y los márgenes de libertad. Y, desde que concluyó sus estudios de Bellas Artes en El Nigromante, en San Miguel de Allende, alterna su vida entre México y Francia.

A primera instancia, la labor artística de Nathalie Regard parece ajena a su devenir biográfico. Sin embargo, la pintura industrial, como ella denomina a su trabajo, le ha permitido conquistar los espacios físico, intelectual y emocional de los que antes careció.

Al mismo tiempo, dice, ha sido su voz de resistencia y de libertad, la forma de manifestarse contra la pretensión imperialista de imponer a escala global un patrón único de cultura y conducta.

"Existe un afán de reducir el pensamiento humano a sólo dos conceptos contrapuestos, sean el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el amor y el odio, la cordura y la demencia. Las opciones resultan incómodas cuando se trata de someter a alguien", precisa.

La pintura industrial de la credora chileno-francesa, de la cual se presenta con el título Bálsamo de éter una muestra en el Faro de Oriente (calzada Ignacio Zaragoza s/n, Fuentes de Zaragoza) hasta el 14 de enero, toma como base imágenes de fábricas de México y Francia, en gran formato:

''Las fábricas son una especie de metáforas de la vida moderna. Son un símbolo estandarizado en el mundo, un factor de identidad cultural. Aunque su significado cambia de acuerdo con las zonas donde se encuentran, pues mientras en Europa son vistas como sinónimo de progreso, el sine qua non de la sociedad moderna, en América Latina representan la explotación, pero al mismo tiempo el único medio de subsistencia para una gran mayoría".

Sea por su desolación o por su monumentabilidad, Nathalie encuentra en las naves industriales gran semejanza con las antiguas edificaciones religiosas; incluso asume que en las naves fabriles existe cierto grado de intimidad y espiritualidad.

"Me interesé en reproducir espacios industriales, porque me parece que hay una similitud con las catedrales clásicas europeas. La luz típica de esos lugares me remite a una cierta espiritualidad que quisiera evocar cuando cito estos espacios", abunda.

"Desde la visión arquitectónica, mi pintura trata de recrear los ambientes, es decir, cómo la iluminación de un edificio determina el estado que se vive en su interior. Esa es una forma también de ejercer poder y una política, porque mediante la luz y la sombra pueden representarse imágenes del bien y el mal o de la verdad y la mentira. Por ello es que el ser humano, en el transcurso de la historia, se ha dedicado a construir con mucha devoción edificaciones tan monumentales como las iglesias y las fábricas. Claro que la devoción era antes hacia Dios y ahora es hacia la producción".

Utilizar el gran formato o incluso el mural supone un acto de resistencia y rebeldía para la pintora, primero, porque de esa manera, como de metáfora, se explaya en espacios de los que antes careció; "es un grito, mi manera de expresarse". Y, segundo, porque el espacio, como dimensión física, es un elemento de poder, y como tal se lo apropia y lo ejerce.

La naturaleza de las obras de Nathalie son de corte realista, al extremo de que, vistos a una distancia considerable, parecen fotografías. Ya en la cercanía, se aprecia claramente la textura de la pintura y las imágenes (definidas sobre todo por estructuras de apariencia metálica) devienen formas y figuras abstractas.

-¿Cómo algo tan en primera instancia inanimado y desolador como una nave industrial puede remitir a experiencias espirituales?

?No veo que haya tanta diferencia entre la materia y el espíritu. En un contexto espiritual, justamente, la idea es de unión y no de disección. Pienso que aun en una bolsa de carroña puede estar Dios. La consciencia de ente espiritual se encuentra en el observador más que en el asunto mismo ?señala la creadora, quien concluye:

"La pintura, como el resto del arte, jamás debe funcionar como apapacho al desprotegido. En eso radica la magia, la alquimia de transformar algo incluso hostil en una situación maravillosa.''

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