Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Sábado 21 de diciembre de 2002
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Mundo
La Casa Blanca promueve que la dirección sea ocupada por legislador de Tennessee

El líder del Senado estadunidense renuncia tras escándalo por racismo

El republicano Trent Lott expresó en público opiniones que muchos emiten en privado

JIM CASON Y DAVID BROOKS CORRESPONSALES

Washington, 20 de diciembre. El senador republicano Trent Lott fue obligado a renunciar hoy a dirigir el Senado de Estados Unidos después de que su partido concluyó que el escándalo provocado por sus comentarios racistas sólo se desvanecería cuando fuera destituido de todo puesto de liderazgo.

Pero no fueron las opiniones racistas de Lott -las ha sostenido durante más de 30 años- las que generaron el conflicto, sino que las haya expresado en público.

El problema para el Partido Republicano no era que uno de sus líderes sea racista, sino que al expresar sus opiniones públicamente puso al descubierto, una vez más, la persistente discriminación que llega incluso a la cúpula política.

Entre más tiempo permaneciera Lott en el puesto de liderazgo de su partido más peligro había de que los reflectores empezaran a apuntar hacia otros de sus colegas que también han usado el prejuicio racial como parte de sus carreras políticas.

Varios líderes republicanos han buscado explotar la veta racista en sus campañas, desde el veterano senador Jesse Helms y el recientemente electo gobernador de Georgia, Sonny Perdue, hasta el propio George W. Bush, quien durante su búsqueda por la presidencia ofreció apoyo a una universidad que prohibía explícitamente las relaciones amorosas entre estudiantes de diferentes razas.

Que Lott ha manifestado una posición racista durante muchos años no está en duda. El senador por Mississippi se ha opuesto a toda iniciativa de desegregación racial durante su carrera política de 30 años; se manifestó contrario incluso a establecer oficialmente un día para conmemorar al líder del movimiento de los derechos civiles Martin Luther King.

Pero estas posiciones, conocidas por sus colegas de ambos partidos, jamás se habían considerado suficientemente repugnantes como para expulsarlo del Senado, y menos para obstaculizar su elección como líder de la Cámara alta cuando ocupó por primera vez ese puesto.

Todavía esta semana había legisladores republicanos y demócratas que seguían expresando su apoyo a Lott y aceptaban sus disculpas públicas por los famosos comentarios.

El problema que finalmente culminó con la caída de quien habría sido uno de los políticos más poderosos del país empezó hace dos semanas, cuando cámaras de televisión grabaron un discurso que pronunció en la celebración del centenario del natalicio de su colega republicano Strom Thurmond.

El hombre más viejo del Senado se retirará este año, pero Thurmond es recordado por su campaña presidencial de 1948 -cuando era gobernador de Carolina del Sur-, la cual era explícitamente favorable a la segregación racial y contraria a todo esfuerzo del gobierno federal, incluso con el uso de las fuerzas armadas, para obligar a los estados sureños a permitir a los negros el acceso equitativo a servicios e instalaciones públicas.

El aspirante a la Casa Blanca sólo obtuvo el apoyo de cuatro estados ese año, pero se convirtió en un héroe para los opositores de la integración racial. Tales corrientes de opinión no eran inusuales entonces, pero ciertamente no se expresan muy abiertamente hoy día, y menos por los políticos.

Pero fue en el festejo de Thurmond cuando Lott cometió el error de expresar en público lo que cree en privado. "Quisiera decir esto sobre mi estado. Cuando Strom Thurmond se lanzó a la presidencia, nosotros votamos por él. Estamos orgullosos de ello", declaró Lott en la fiesta por los cien años de Thurmond.

En el discurso, difundido por televisión, agregó: "si el resto del país hubiera seguido nuestro ejemplo, tampoco hubiéramos tenido todos estos problemas a lo largo de estos años".

La difusión en vivo de estos comentarios por la estación de cable del Congreso, C-Span, no se registró en ninguno de los noticiarios televisivos esa noche, ni en otros medios nacionales. Pero algunos periodistas y comentaristas sí notaron algo que los demás vieron como otro acto con un discurso más de un político. Al repetirse las palabras de Lott se generó una reacción de ira entre ciudadanos de todo el país, y empezó a convertirse en un problema político que crecía cada día.

Durante las pasadas dos semanas, Lott se ha dedicado a intentar resolver su crisis política. Primero insistió en que sus comentarios fueron mal interpretados; después, cuando eso no funcionó, ofreciendo disculpas por sus terribles palabras. Llegó al extremo de insistir en que rechazaba toda la historia triste del racismo en el país, se comprometió a cambiar sus posiciones y trabajar en favor de una mayor integración y comprensión entre las razas en Estados Unidos y aun aceptó ser entrevistado por la estación de televisión nacional negra BET.

La Casa Blanca se vio obligada a condenar las declaraciones y a distanciarse de su ahora ex aliado en el Senado, y se generó un intenso debate en el partido sobre si destituir a su líder o apoyarlo, o aun pedir que se retirara del Congreso.

Todo culminó esta mañana. Lott reconoció que ya carecía del apoyo de una buena parte de sus colegas y de la propia presidencia, y declaró que continuar como líder sólo dañaría a su partido, anunció que ya no sería el próximo dirigente de la mayoría republicana del Senado, pero que permanecería como integrante del mismo.

"En el interés de promover la mejor agenda posible para el futuro de nuestro país no buscaré permanecer como líder de la mayoría del Senado de Estados Unidos para el Congreso 108, efectivo el 6 de enero de 2003", dijo en un comunicado por escrito difundido por su partido.

La Casa Blanca ya está promoviendo al senador republicano de Tennessee, Bill Frist, para sustituir a Lott en su puesto de líder. Al cierre de esta edición parecía que Frist había logrado el suficiente apoyo entre sus colegas para ser electo nuevo líder de la mayoría cuando se inicie el periodo legislativo, a principios de enero.

Ex médico que durante el año anterior fue el principal encargado de la recaudación de fondos para los senadores republicanos, Frist es considerado "moderado" políticamente y aliado cercano de Bush.

Pero como la mayoría de los senadores, Frist también proviene de una familia rica que hizo su fortuna en el sector de productos médicos. La empresa de su padre también ha sido acusada de intento de defraudar al gobierno en sus contratos federales y ha pagado multas por un total de 1.7 mil millones de dólares a causa de cobros indebidos por procedimientos médicos.

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