Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 23 de marzo de 2003
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Política
REPUBLICA DE PANTALLA

Jenaro Villamil

Irak, operación conmoción

CNN pierde la credibilidad y la superioridad televisiva

A mayor nivel de exhibicionismo destructivo, mayor nivel de protestas

SI LOS PRIMEROS propósitos "humanitarios" del eje bélico eran realizar una exhibición insultante de su poder destructivo y de su capacidad para inhibir a la opinión pública mundial con la desinformación, por lo menos lograron el primer objetivo. La televisión global ha mostrado en menos de cuatro días el peor bombardeo contra Bagdad. Mil quinientos misiles Tomahawk fueron lanzados hasta la madrugada del sábado, cuyo costo por unidad es de 1.5 millones de dólares, según el Pentágono. En otras palabras, el peor reality show de la destrucción ha costado, tan sólo en la capital iraquí, más de 2 billones 250 mil millones de dólares, una cifra que revela el nivel de locura que puede alcanzar la cultura de la muerte de George W. Bush y sus halcones. Mientras CNN insiste en pasarnos una y otra vez las imágenes controladas por el Pentágono, incluyendo la de soldados iraquíes que "saludan" a sus verdugos y que seguramente los liberarán con más misiles, la cadena árabe Al Jazeera ya difundió las primeras imágenes de iraquíes asesinados por el bombardeo "quirúrgico e inteligente". Ellos no los califican como "presuntos" muertos -tal como lo hacen las cadenas estadunidenses-, simplemente los muestran. Frente a esta realidad, la guerra de la opinión pública la está perdiendo el Pentágono porque ya todos aprendimos de su operativo censura en la "videoguerra" del Golfo Pérsico de 1991, y en 2002 fue desplazada en la guerra de Afganistán por la televisora árabe.

Ese es realmente el mayor desafío que tiene frente a sí Bush: mientras más exhiba y presuma su operación "conmoción y pavor", mayor será la respuesta de movilización, odio y desaprobación de la opinión pública mundial. A ese ejército no se le puede vencer con Tomahawk ni con bombardeos de intoxicación mediática. La operación para "liberar" Irak estaba deslegitimada previamente y lo que se escucha en el grito de las calles de Washington, San Francisco y Chicago: "arriba, abajo, Bush al carajo" se pronuncia con mayor virulencia en las ciudades del mundo árabe desde el jueves. Si antes perdió la hegemonía moral, el gobierno de Estados Unidos no ha podido hacer prevalecer su hegemonía informativa, a pesar de la saturación. La "videoguerra" de CNN está siendo profundamente cuestionada. Primero, porque la propia cadena Al Jazeera ha invadido las pantallas con la visión del "otro"; segundo, porque la condena pacifista se transmite en las coberturas de prácticamente todas las cadenas no estadunidenses, con mayor tiempo-aire.

Basta hacer un breve repaso por la televisión mexicana para confirmar este mediano intento de autonomía frente al poderío mediático estadunidense: Televisa y su ejército de corresponsales (incluyendo la tremenda narración de Eduardo Salazar desde Bagdad el pasado viernes 21 de marzo) han documentado la destrucción con un poco más de margen de independencia frente al Pentágono. Frente a la competencia por la audiencia (el miércoles 19 la transmisión nocturna de Televisa registró 31 puntos de rating y 13.4 puntos en Tv Azteca), la televisora del Ajusco modificó su cobertura desde el jueves y sus conductores han sido particularmente críticos, a pesar de la carencia de imágenes propias. Televisión por Cable (TVC) transmite un noticiario crítico y documentado (apoyado en las imágenes de la BBC y la Tv Española) en la señal abierta de Canal 22. Canal 40 le ha dado mayor difusión en tiempo-aire a las protestas bélicas en el mundo, y Canal 11 privilegia en su cobertura la oposición de la clase política mexicana a la guerra.

La supremacía de CNN se fracturó, incluso en el propio suelo estadunidense. En las marchas de protesta del sábado 22 de marzo, la crítica a la cadena de Ted Turner se convirtió en una de las consignas centrales de los pacifistas estadunidenses. La NBC, la CBS y la ABC le han ganado "notas" a esta cadena que, a pesar de su impresionante despliegue, peca de autocensura, de reiteración que descontextualiza los hechos y de privilegiar la versión oficial del gobierno de Estados Unidos. Por ejemplo, mientras CNN repitió el viernes la imagen sin cesar del "saludo" de los supuestos iraquíes que se rendían en el sur de Irak, sólo transmitió en menos de 30 segundos la imagen de los primeros heridos de Bagdad. La sensiblería ha entrado al terreno de la competencia de los otros noticiarios. La cadena ABC transmitió el sábado durante casi 10 minutos un "especial" sobre los familiares de los primeros marines estadunidenses muertos con los símbolos del patriotismo exacerbado (banderas, logotipos militares, etcétera). Nadie cuestiona que la mayoría de los ciudadanos estadunidenses no pidieron ni votaron por mandar a sus hijos a la muerte en los desiertos de Irak.

La televisión española, a pesar de la posición del gobierno de Aznar, ha tratado de contextualizar un poco más y ha analizado el propio papel de los medios electrónicos en las guerras. Antes de iniciarse la guerra, un grupo de 351 trabajadores de TVE formaron un Comité contra la Manipulación Informativa y redactaron un informe denunciando lo que califican como "malas prácticas profesionales por provocar una información desequilibrada, sesgada o manipulada" en el periodo del 28 de febrero al 5 de marzo.

Los ingredientes de la desinformación

A pesar de esta mayor competencia y resistencia televisivas a la versión unilateral, esta situación no ha desembocado en una mejor información. Por el contrario, existen serios riesgos de provocar una intoxicación mediática que impida ponderar los elementos sustanciales de esta nueva realidad internacional. La frontera entre la propaganda y la noticia vuelve a borrarse, y la inmediatez provoca que los medios electrónicos difundan todo tipo de especies y rumores que después se desvanecen.

La operación desinformación en estos momentos se ha caracterizado por ingredientes que podemos enunciar de la siguiente manera:

1. Propaganda y especulación. El primer "bombardeo quirúrgico" demostró que Estados Unidos no pudo acabar con Saddam Hussein, a pesar de sus cálculos de "inteligencia". La primera jugada mediática la ganó el gobernante iraquí al colar en todo el mundo un mensaje televisivo donde llamaba a la "guerra santa". No terminaba de pronunciar su discurso y ya las cadenas estadunidenses especulaban que se trataba de un "doble" de Saddam. Algunos periódicos reprodujeron esta táctica de contrapropaganda.

La propaganda incluye la denominación de lo que se transmite. Las cadenas televisivas, al unísono, insisten en llamarle "operativo liberación" y se evaden términos también precisos como "invasión", "ataque" o "destrucción", para privilegiar el término de "operación" o "Día A", eludiendo el hecho de que han bombardeado Irak en forma impúdica. La propaganda ha incluido también relativizar las informaciones de la parte iraquí con el adjetivo de "supuestos" y sobredimensionar muestras de "agradecimiento" y adhesiones al ejército del comando anglo-estadunidense.

Las especulaciones sobre los incendios de los pozos petroleros proliferaron durante jueves y viernes. Algunos noticieros dieron por buena la cifra de "30 pozos incendiados" por Irak. Después tuvieron que corregir la información.

2. Minimizar las protestas y maximizar los partes de guerra. La desinformación incluye minimizar elementos incómodos para el guión del Pentágono y la Casa Blanca. El jueves y el viernes se produjeron las protestas antibélicas más airadas en todo el mundo y en ciudades estadunidenses como San Francisco, Chicago y Washington. Para CNN este fue un asunto de mediano interés, posterior a las reiteradas versiones de los partes de guerra. Repitió en un día cinco veces más el testimonio de un soldado latino que las imágenes de las protestas en su propio territorio. Todas las cadenas estadunidenses privadas han tratado de enmudecer la voz de los grupos pacifistas. No ha sucedido lo mismo con las cadenas europeas, que han documentado con mayor rigor el debate continental sobre las diferencias entre Francia, Alemania y Gran Bretaña frente a la guerra.

3. El patriotismo confundido con gacetillas oficiales. Desde antes de que iniciaran los ataques contra Irak, los medios estadunidenses, incluyendo los grandes periódicos, han justificado con argumentos patrioteros su sesgo oficialista. Un estudio realizado por la organización FAIR (Fair and Accurancy in Reporting), que examino 393 emisiones nocturnas de los noticiarios televisivos de EU, demostró que 76 por ciento correspondía a versiones oficiales y 24 por ciento a voces ajenas a la oficial. Iniciado el ataque, la relación es más desigual. CNN, por ejemplo, cita al Pentágono en 80 por ciento de los casos como su única fuente de los partes de guerra.

4. La guerra descontextualizada. La apabullante cantidad de noticias evade responder preguntas que antes del ataque eran fundamentales en la propia estrategia bélica del gobierno de Estados Unidos. ¿Dónde están las supuestas armas de destrucción masiva de Irak cuya destrucción dio origen a la resolución 1441 de las Naciones Unidas? ¿Se trata realmente de una "guerra preventiva", como anunció Colin Powell, o de una vulgar guerra de apropiación territorial? ¿Por qué en las ocho prioridades claves de la incursión militar que dio a conocer Donald Rumsfeld la "ayuda humanitaria" está por debajo de la protección de los pozos petroleros? ¿Por qué la voz institucional de las Naciones Unidas ha sido prácticamente borrada de las transmisiones, con excepción de ACNUR y de las furtivas apariciones de Kofi Annan?

5. Esquizofrenia y conmoción. Mientras George W. Bush insiste en que se tratará de una operación larga, los noticieros orientan la información hacia una guerra rápida y efectiva, a un show de no más de una semana. La paranoia del ataque bacteriológico de Irak se ha disminuido en la cobertura, pero es claro que si se prolonga esta operación, la desinformación tratará de orientarse hacia la "conmoción y pavor" en el propio frente interno de Estados Unidos, que se le ha desbordado al gobierno republicano.

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