Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 30 de marzo de 2003
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Editorial
 

EL IMPERIO, EMPANTANADO

sol-2Estamos en una nueva fase de la guerra entre las potencias agresoras e Irak. Como en el caso de los kamikazes japoneses, que tanto daño causaron a Estados Unidos, los soldados suicidas iraquíes, motivados por razones religiosas y nacionalistas, responden al terror tecnológico con el terror sobre el terreno y aumentan el número de bajas de los invasores, alargando el conflicto. Eso tendrá sin duda grandes repercusiones.

Estados Unidos esperaba una guerra rápida porque se había intoxicado con su propia propaganda. Creía, por ejemplo, que el pueblo de Irak recibiría a los invasores como libertadores y que el régimen y el ejército iraquíes, pasmados por el terror a la tremenda superioridad tecnológica y en efectivos que tienen los boys de George W. Bush, no iban a combatir y, por el contrario, se rendirían por divisiones enteras. Creían que el terror provocado por los bombardeos a las ciudades paralizaría a la población civil y la pondría a merced de los agresores. Sin embargo, no habían faltado voces entre los espías estadunidenses y algunos historiadores que les habían recordado a los estrategas del terror de Estado que existen factores como el nacionalismo y el orgullo del pueblo árabe, siempre invadido, siempre resistente. Las grandes empresas apostaban también a una guerra corta, para recoger intactos los recursos iraquíes para el despojo y también para que el temor a la guerra no redujera los vuelos (y hundiera por lo tanto a las compañías de aviación, como American Airlines, que está al borde de la quiebra), y para que el precio del petróleo no subiera demasiado, deprimiendo aún más los consumos y, por lo tanto, las inversiones, en Estados Unidos y en el mundo.

El colonialismo y el racismo que eran la base de tales cálculos (¿cómo un "pueblo" bárbaro iba a resistir con tenacidad a un pueblo "superior" que lo venía a "liberar"?) cegaban por igual a los que hacían los cálculos financieros y a los que esgrimen el garrote. Pero la realidad es tozuda. Un pueblo entero resiste a sus opresores. Se extiende la guerrilla; como en toda guerra de liberación nacional, las ciudades son trampas mortales para los conquistadores; la larga línea de comunicaciones entre la retaguardia y el frente de éstos, vital para reabastecerlos de alimentos, agua, municiones y pertrechos bélicos, es amenazada y cortada por los soldados iraquíes; los boys reciben comida escasa e inadecuada al clima, y las tormentas de arena son en Irak lo que fueron los monzones en Vietnam o el invierno en Rusia frente a Napoleón, o sea, una arma más de quienes defienden su suelo. La economía estadunidense se deprime y caen los consumos, que el chovinismo no puede reanimar. Por lo tanto, si el Senado de Estados Unidos no le da un cheque en blanco al presidente Bush, que pidió 74 mil millones de dólares para 30 días de guerra, ¿quién pagará los cientos de miles de millones de dólares necesarios para una guerra que puede durar varios meses y que será seguida por una ocupación aún más costosa en medios y en soldados?

El águila no vuela en el desierto, ha perdido plumas y ahora está empantanada. Es evidente para todos la desproporción entre las esperanzas -y las mentiras- de los invasores y lo que realmente pueden hacer en el terreno. Mientras el gobierno estadunidense se irrita con los periodistas que le preguntan lo que todos piensan o con el estratega militar que le señala su estupidez, mientras el gobierno británico comienza a ver el desastre y a comprobar que fue dejado de lado en el reparto del botín y no vale la pena morir como mercenarios para la gloria de George W. Bush, el pequeño, y por lo tanto, busca recurrir a la ONU, Washington, enceguecido, amenaza a Siria, Irán y Rusia con considerarlos "criminales de guerra", según palabras del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. O sea, con extender una guerra que no acaba de vencer ni siquiera a un país pobre de 24 millones de habitantes. Entonces, si se quiere evitar una nueva y aún más peligrosa aventura de quienes ante el mundo han sido ya derrotados moralmente, es indispensable convocar la Asamblea General de Naciones Unidas para condenar la agresión unilateral de Estados Unidos y su doctrina de "guerra preventiva", hacer que los agresores indemnicen al pueblo iraquí e imponer el retiro inmediato de las tropas invasoras angloestadunidenses. Y si Londres y Washington no acatasen esas resoluciones, adoptar sanciones contra quienes se han puesto y siguen poniéndose fuera de la ley internacional.
 

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