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P O L I T I C A
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México D.F. Martes 17 de junio de 2003

Marco Rascón

Crónica de un desastre provocado

En una dictadura de medios, elecciones sin rating equivalen a fracaso. Vivimos los tiempos de la democracia sin adjetivos, hoy convertida en un muerto pestilente, cuyos gusanos provienen de las viejas instituciones autoritarias del priísmo. De sus cenizas no resurgirá una nueva cultura política democrática.

La abstención que viene se incubó cuando el vacío se hizo virtud y los espots radiofónicos y televisivos, que sustituyeron al presidencialismo y dominan el campo de las ideas, fueron incapaces de llevar a las urnas a los ciudadanos, así como de entusiasmar a su clientela. Fracasan, pues, la oligarquía empresarial, los medios de comunicación (con todo y sus encuestas) y el sistema de partidos basado en el grosero despilfarro de prerrogativas, que a su vez van a parar a las mismas empresas de medios.

Si la hacienda pública es hoy la base estructural del Estado, dado el empequeñecimiento de la figura presidencial, solamente Francisco Gil Díaz y los grandes empresarios tienen representatividad política en la realidad mexicana.

La visión empresarial de los nuevos dueños del circo ha hecho de las elecciones un show malo, aburrido y caro. La nueva cara de los partidos y su propaganda mueve a risa en unos casos, pero en otros provoca coraje, porque el país no se merecía esto luego de 74 años de priísmo predecible.

En este circo a la oligarquía sólo le interesa encontrar la fórmula contra el desempate y hacer del Legislativo una maquinita que apruebe reformas que ya no vendrán de Los Pinos, sino de cúpulas empresariales como el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios.

Para el PRI, el debate y la fantasía por la restauración tienen dos alternativas: regresar con las siglas del Partido Revolucionario Institucional, lo que sería un éxito rotundo, o volver con las siglas del PRD, sobre todo ahora que la fracción legislativa del sol azteca se entregó mayoritariamente a la coordinación empresarial. El PAN vería resueltos sus problemas, si supiera qué hacer con Marta y convenciera a Fox de que se callara cinco minutos para reflexionar en alguna estrategia que no sea vender mayonesas McCormick, porque se untan a todos los problemas. En esta coyuntura el caso más grave es el del PRD por sus implicaciones en las expectativas democráticas.

Convertida en dirección estratégica, la burocracia perredista lleva la delantera y se muestra invencible en materia de errores; no hay semana que no resulte invicta al verse envuelta en un escándalo que luego trata de corregir gritando: "šal ladrón, al ladrón!"

Ojalá Rosario Robles dejara de insultar o de amenazar con expulsiones durante un minuto, y estableciera una estrategia de campaña de al menos tres días, pues cada vez que hablan sus voceros declaran el fracaso de la elección, gracias a la valiente tarea de deshacerse del cardenismo y los principios, o prometen una votación de š27 por ciento! a través de un espot sorpresa en el cierre del campeonato de futbol. Para entonces, la presidenta del partido ya le dijo "vejiga" al jefe de Gobierno, quien hace unos días era la representación de la esperanza perredista. A lo de la "vejiga de la esperanza", habría que abonarle sus promesas de campaña y de renuncia si no se alcanza una fracción de 100 diputados o 22 por ciento, y agregarle su malhumor e incoherencia de fustigar los espots de Fox mientras preparaba el de López Obrador como estrategia sorpresa, basada en el cinismo y la protección de la oligarquía que ve con preocupación la eventual caída del PRD, lo que a su vez abriría la posibilidad de recomposición de la izquierda, hoy considerada mansa y manejable.

Pero Rosario ya no es problema, sino la estructura de las corrientes que pretenden arrojar su renuncia para sobrevivir. La nueva alianza de campaña conocida como Churros (Chuchos y Rosarios) comparte con las otras corrientes la responsabilidad del próximo desastre electoral, por lo que ya discute quién será el o la sustituta de Robles, pues la cadena de errores ha puesto en peligro a toda la burocracia.

El anuncio de "reforma" partidista, convocada desde la burocracia, así como los pactos de corrientes deberán ser rechazados por la amplia base del PRD que ya se reagrupa en todo el país para restablecer la política de principios y que el 12 de julio próximo integrará la Comisión Organizadora Nacional de la Convención a celebrarse en octubre.

Definitivamente, la abstención y un proceso electoral sin rating constituyen un fracaso de los medios de comunicación, de las burocracias y de la oligarquía. El empantamiento del Congreso será resuelto por una fracción legislativa sin adjetivos coordinada desde el mundo de los negocios. Frente a eso hay muchas tareas ideológicas, políticas y organizativas; todas están a la vista.

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