.
Primera y Contraportada
Editorial
Opinión
El Correo Ilustrado
Política
Economía
Mundo
Estados
Capital
Sociedad y Justicia
Cultura
Espectáculos
Deportes
CineGuía
Lunes en la Ciencia
Suplementos
Perfiles
Fotografía
Cartones
La Jornada en tu PALM
La Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
Librería
Correo Electrónico
Búsquedas

P O L I T I C A
..

México D.F. Viernes 17 de octubre de 2003

Horacio Labastida

Cuba y el neoplattismo

El desembarco (1895) de José Martí y los suyos bajo las banderas del Partido Revolucionario Cubano se vio bloqueado con la perversa intervención del ejército estadunidense, según planes fraguados por su presidente Mckinley (1897-1901, año en que fue asesinado), porque los grandes intereses del supercapitalismo en las acaudaladas plantaciones azucareras eran incompatibles con la victoria martiana y su concepción de soberanía absoluta de la patria soñada por Juan Manuel de Céspedes al declarar la primera insurgencia de 1865.

Martí y sus compañeros buscaban la conquista de la autodeterminación del pueblo antillano y las subsidiarias estadunidenses deseaban la sujeción de Cuba a su lógica de ganancias, exigencia claramente explicitada en la declaración de Mckinley al entrar a la Casa Blanca; "la plutocracia ha llegado al poder", tesis inductora en el secretario de Estado Elhiu Root y el senador Orville H. Platt de la llamada Enmienda Platt, ideada para resolver la carga de contradicciones que se plantearon entre la liberación proclamada por Martí y la intervención estadunidense de 1899 junto con el tratado de paz que al margen de los independentistas cubanos se firmó entre Estados Unidos y España (París, diciembre de 1898).

En el marco de la gran mentira estadunidense de apoyo a la revolución de 1895 y a la constitución de una república independiente, en julio de 1900 se hizo reunir una asamblea constituyente que aprobó la carta republicana del año siguiente, por virtud de la cual se edificaba en la Perla de las Antillas un supuesto Estado semejante al sancionado en la norteña Filadelfia de 1787, pero con un perfil bochornoso y doloroso: se trataba de una república que en los términos de la Enmienda Platt entregaba su soberanía a manos estadunidenses.

En el artículo 3Ɔ de la enmienda, aprobada por mayoría en la misma asamblea, el gobierno cubano consentía en que Estados Unidos gozaran del derecho de intervenir cuando lo juzgara conveniente para preservar la independencia y la democracia en la patria del heroico Julio Antonio Mella, asesinado por Machado en México (1929). Una república sin facultades de autodeterminación fue el paradigma creado por Mckinley poco antes de su violento deceso, paradigma que a partir de aquel amanecer del siglo XX es arma que ha usado el imperialismo para someter a las naciones del Tercer Mundo.

La forma es bien conocida. En primer lugar se ubica a las elites locales enhebradas con el capitalismo trasnacional. En segundo, se finge la instalación de un gobierno libre con personas íntimamente ligadas a tales elites. En tercer lugar se proclama que tal gobierno es democrático porque surge de elecciones y apoyos debidamente planeados y fraudulentos. Y por último, se instala un procónsul cuidadoso de las decisiones fundamentales de la autoridad, en la inteligencia de que éstas siempre aprovechan al capitalismo trasnacional sin importar los perjuicios a los pueblos. Por supuesto, la técnica plattista se rodea de superarmadas fuerzas militares y policiales, así como de fingidas crisis económicas causadas en todo caso por las resistencias patriotas.

En América Latina, Cuba es el Estado soberano que no admite injerencias de la Casa Blanca más allá de acuerdos interpares. Los guerrilleros del Granma hicieron posible que los cubanos sean ahora sujetos y actores de una potestad soberana cabal, o sea, sin restricciones, relatividades o límites que la estrechen y agobien, condición política lograda con el gigantesco esfuerzo revolucionario que se inició en 1959, cuando los rebeldes de Sierra Maestra derrotaron a los escuadrones batistianos-estadunidenses.

Apoyándose en la Ley Fundamental de 1959, los decretos innovadores que se le agregaron, la Constitución de 1976 y sus reformas de 1992, Cuba es soberbio ejemplo en nuestro continente, incluido por supuesto el Tío Sam, de una nación libre y justa. Como la democracia verdadera cubana es luminosa denuncia de la democracia no verdadera de Estados Unidos de Norteamérica, exhibiendo su actual mando totalitario y la verdad única del neoliberalismo globalizante, el presidente George W. Bush hace unos días dio órdenes al Departamento de Estado para que sin llamarla así elabore una nueva Enmienda Platt, que, rodeada de bayonetas, sujete y cosifique a la república socialista martiana.

El neoplattismo no saldrá adelante. Los hombres tienen ya conciencia profunda de que los valores humanos no pueden ni ser arrebatados ni manipulados por nadie. Un fresco y maravilloso poder moral se profundiza en los pueblos, acunando el nacimiento del poder político que haga triunfar la espiritualidad sobre las agresiones de la barbarie. Esta es la historia de hoy.

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
Día Mes Año
La Jornada
en tu palm
La Jornada
Coordinación de Sistemas
Av. Cuauhtémoc 1236
Col. Santa Cruz Atoyac
delegación Benito Juárez
México D.F. C.P. 03310
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Email
La Jornada
Coordinación de Publicidad
Av. Cuauhtémoc 1236 Col. Santa Cruz Atoyac
México D.F. C.P. 03310

Informes y Ventas:
Teléfonos (55) 91 83 03 00 y 91 83 04 00
Extensiones 4329 y 4110
Email