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E C O N O M I A
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México D.F. Viernes 17 de octubre de 2003

ECONOMIA MORAL

Julio Boltvinik

La economía moral es convocada a existir como resistencia a la economía del "libre mercado": el alza del precio del pan puede equilibrar la oferta y la demanda de pan, pero no resuelve el hambre de la gente

Concepto y medición de la pobreza1

Requisitos para conceptualizar la pobreza fundamentados en la esencia humana

LA POBREZA DEGRADA y destruye, moral, social y biológicamente al más grande milagro cósmico: la vida humana. La existencia de la pobreza es una aberración de la vida social; un signo evidente del mal funcionamiento de la sociedad. Hoy voy a hablar del tema de la pobreza y, en particular, de su concepto y medición, aspectos a los que he dedicado la mayor parte de mi tiempo y de mi interés durante los últimos 25 años y en los cuales he desarrollado las aportaciones que movieron a profesores y autoridades del Colegio de Posgraduados a otorgarme el doctorado honoris causa, que hoy orgullosamente recibo.

LA FORMA COMO SE ABORDA la medición de cualquier fenómeno refleja el nivel de desarrollo teórico y conceptual alcanzado. A diferencia de otros campos, donde los fenómenos estudiados y medidos, como la distancia entre dos cuerpos celestes o el nivel del PIB, son moralmente neutros, en el caso de la pobreza interviene inevitablemente una dimensión moral y ética. La medición de la pobreza conlleva siempre dos elementos: uno positivo (o empírico) y otro normativo. El positivo se refiere a la situación observada de los hogares y personas, mientras el normativo se refiere a las reglas mediante las cuales juzgamos quién es pobre y quién no lo es. Estas reglas expresan el piso mínimo debajo del cual consideramos que la vida humana pierde la dignidad.

AL ESTABLECER EL UMBRAL (o umbrales) de la pobreza, las personas y las instituciones se retratan de cuerpo entero. Parafraseando un dicho popular podemos decir "dime qué umbral de pobreza defines y te diré quién eres". En efecto, cuando el Banco Mundial (BM) define un dólar por persona al día como umbral o línea de pobreza, no sólo excluye de su lema central, que es algo así como "reducir la pobreza en el mundo", a la inmensa mayoría de los pobres del planeta, sino que está mostrando su concepción del ser humano, al reducirlo a la categoría de animal, ya que, en efecto, ese ingreso alcanzaría, en el mejor de los casos, para mal alimentar a una persona, quedando todas las demás necesidades insatisfechas. Con ello, el BM niega todos los demás derechos sociales, ya que sostiene, implícitamente, que los seres humanos sólo tienen derecho a la alimentación. Muchos economistas, particularmente los neoliberales, tienen la misma actitud de desprecio a los derechos de la mayoría. Algo similar, aunque no tan extremo, podemos decir de la Cepal y del gobierno de México.

LA BUSQUEDA SISTEMATICA de fundamentos para la definición del umbral de la pobreza necesita un entendimiento profundo de la esencia humana, lo cual exige un enfoque fundado en la antropología filosófica. Una respuesta a la pregunta sobre la esencia humana permite abordar la pregunta sobre las necesidades y potencialidades del ser humano. Al hacerlo abordamos ya los elementos constitutivos del florecimiento o del bienestar humano. Debemos ahora contestar si es en este eje conceptual donde tenemos que hacer el corte que distingue los pobres de los no pobres. Mi respuesta es negativa; pienso que debemos llevar a cabo un recorte que nos permita pasar a otro eje, el del nivel de vida para en él llevar a cabo el corte. La diferencia entre ambos ejes consiste en que en el del florecimiento está el ser humano completo, con todas sus necesidades y capacidades, mientras que en el del nivel de vida están solamente los elementos económicos de dichas necesidades y capacidades. Necesidades humanas enteras, como el amor, o capacidades como la creatividad, que no dependen (al menos de manera directa y obvia) de recursos económicos, quedan eliminadas al pasar del primer eje conceptual al segundo. Con ello, acotamos la pobreza, concebida como un nivel de vida tan bajo que resulta incompatible con la dignidad humana, tal como se le acota en el lenguaje de la vida cotidiana, para que no incluya todos los sufrimientos humanos. La niña hija de millonarios que está muy sola, no es una niña pobre, sino una niña sin afecto, sin amor.

ƑPOR QUE NO EMPEZAR entonces directamente en el eje del nivel de vida? Esto es, en efecto, lo que hacen casi todos los estudiosos de la pobreza y se hace evidente en la medición de la pobreza por ingresos, que implícitamente recorta todas las dimensiones de la vida que no estén relacionadas con los recursos económicos. He llegado a la convicción de que este camino directo y obvio impide acceder a una concepción fundamentada de los elementos constitutivos del eje del nivel de vida y del punto de corte que separa los pobres de los no pobres. Entre otras razones que obligan a dar el rodeo que lleva a preguntarnos sobre la esencia humana, está el hecho que el ser humano es una unidad indisoluble y que no podemos entenderlo fragmentándolo de entrada. Por eso, la pobreza, entendida como las carencias y sufrimientos humanos que se derivan de las limitaciones de recursos económicos que conlleva una visión parcial del ser humano, sólo puede tener sentido si se derivan de una concepción integral de la humanidad.

UNA LECTURA MAGISTRAL de la concepción del ser humano de Marx, realizada desde la perspectiva de la antropología filosófica por Giörgy Markus, permite entender cómo el carácter mediado del trabajo humano (es decir, que se dirige a la satisfacción de las necesidades humanas de manera indirecta a través de mediaciones), y que contrasta con la bestia que aprehende directamente la presa que le sirve de alimento, origina la posibilidad de la ampliación constante de las actividades humanas hasta hacerlas universales, con lo cual el ser humano convierte en objetos de su actividad, de sus capacidades y necesidades, toda la naturaleza y los objetos no naturales creados por él mismo. De aquí se deriva un rasgo esencial del ser humano: su tendencia a la universalidad, que se manifiesta en la ampliación constante de las necesidades y capacidades humanas.

PARA MARX ES ESTE CARACTER mediado del trabajo lo que hace posible la historia humana, no sólo porque permite la acumulación de herramientas y otros medios de producción, de manera que las nuevas generaciones pueden partir del punto al que llegaron las anteriores, sino también porque el carácter mediado del trabajo humano hace posible, al superar la fusión animal entre sujeto y objeto de las necesidades, la conciencia del ser humano respecto al mundo que lo rodea y la conciencia de sí mismo, derivando de aquí otro rasgo esencial del ser humano, la de ser conciente, conciencia que tiende a la universalidad, por lo que el ser humano es un ser con conciencia potencialmente universal.

LA HISTORIA DEL SER HUMANO puede ser vista, al menos para el conjunto de la especie, como la constante universalización del ser humano, en su actividad, en sus capacidades, en sus necesidades y en su conciencia. Por tanto, para Marx, el ser humano rico es el que necesita mucho y el pobre el que necesita poco. Si aplicamos esta concepción, llegamos a un doble criterio de pobreza: el ser pobre y el estar pobre. Los individuos que necesitan poco son pobres. Los que además no satisfacen estas reducidas necesidades están pobres. Los que son y están pobres estarían en la peor condición humana. En el otro extremo, los que necesitan mucho y, además, satisfacen esas amplias necesidades, son y están ricos. Este enfoque no ha sido aplicado. Ni siquiera se ha discutido en la amplísima bibliografía sobre la pobreza. Lo que normalmente hacemos es suponer un conjunto de necesidades iguales para todos los miembros de una sociedad y después cotejamos su grado de satisfacción. Nos situamos con ello sólo en la dimensión del estar pobre.

EL SICOLOGO ABRAHAM MASLOW, autor de la muy conocida teoría de la jerarquía de las necesidades humanas, sostiene que cuando una necesidad (el hambre, por ejemplo) está insatisfecha, domina al organismo a tal grado que todas las demás necesidades desaparecen y el organismo en su conjunto se vuelve un organismo hambriento. Al estudiar su obra llegué a la conclusión que su teoría y la de Marx-Markus son compatibles en un punto central. Maslow sostiene que los instintos son inexistentes en el ser humano, que todas las necesidades humanas pueden calificarse como instintoides, ya que de los tres elementos que conforman un instinto, el impulso, la actividad y el objeto, el ser humano hereda solamente el impulso, mientras que las actividades y los objetos tienen que ser aprendidos. Aunque al menos en un caso, el de la succión del recién nacido, la tesis de Maslow se ve negada, me parece que es en general válida. Su visión tiene gran coincidencia con la de Marx-Markus, ya que el animal que fabrica herramientas, tal como definió Benjamín Franklin al ser humano, lleva a cabo por definición una actividad no instintiva, sino inventada por el hombre, una actividad que supone la ruptura de la fusión del animal con el objeto de sus necesidades. La ruptura de la actividad orientada directamente a la satisfacción de necesidades, lo que constituye para Marx el rasgo más esencial del ser humano, es al mismo tiempo la ruptura del dominio del ser por el instinto, su transformación en actividad instintoide, lo que significa un salto gigantesco en términos de libertad. Sin embargo, si nacemos con impulsos congénitos, está claro que al menos una parte de nuestras necesidades están determinadas biológicamente y, por tanto, nuestra libertad empezará siempre donde acaban nuestras necesidades. ƑPor qué ocurre la ruptura? Ninguno de nuestros dos autores tiene la respuesta. Ambos constatan el papel central de dicha ruptura para entender la esencia humana. El enfoque biológico sicológico de Maslow y el antropológico filosófico de Marx-Markus llevan a la misma conclusión central.

ESTE ES EL TIPO DE REFLEXIONES y de hallazgos que he encontrado en ese rodeo por el eje conceptual del florecimiento humano. Como resultado ideal de estas reflexiones aspiro a llegar a una concepción del ser humano, de sus necesidades y capacidades como elementos constitutivos del eje del florecimiento humano. Tal como lo veo en este momento, cuando estoy involucrado en una tarea a fondo en estos aspectos, los elementos constitutivos de este eje están dados por el conjunto de las necesidades y capacidades humanas, conjunto al que Marx llamó las fuerzas esenciales humanas. Existe una amplia bibliografía sobre las necesidades humanas, pero es mucho más escasa la referida a las capacidades humanas, campo además oscurecido por el desafortunado uso, por parte de Amartya Sen, del mismo término, capacidades, para referirse a las opciones de realizaciones (que entiende como las dimensiones del ser y del hacer). De esta manera, quien quisiera construir una teoría completa sobre el eje del florecimiento o bienestar humanos, fundada en la concepción de las fuerzas esenciales humanas, encontraría muchos apoyos por el lado de las necesidades pero mucho menos por el de las capacidades.

PERO TERMINADA ESTA construcción conceptual nos daríamos cuenta de que apenas comenzamos el camino si nuestro interés es la pobreza. Tenemos que resolver todavía el recorte para pasar al eje del nivel de vida y el del corte que separa los pobres de los no pobres, a lo cual dedicaré la próxima entrega de esta columna.

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1 Primera parte del texto leído al recibir el doctorado honoris causa en el Colegio de Posgraduados el 17 de octubre de 2003.

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