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México D.F. Sábado 8 de noviembre de 2003

Víctor M. Quintana

América Latina: y sin embargo se mueve

La esperanza florece en América Latina a punta de movimientos sociales, luego de dos décadas perdidas. Esa es la principal conclusión que uno se lleva luego de participar en el seminario Movimientos sociales, agendas y transformaciones políticas, organizado por Planeta Paz en Bogotá. Participan delegados de todas las regiones de Colombia y de 12 sectores sociales. También invitados especiales, representantes o analistas de movimientos sociales de Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, Venezuela, El Salvador y México.

El seminario se desarrolla en medio de un ambiente de euforia. El sábado 25 de octubre las fuerzas democráticas de Colombia derrotan el referéndum autoritario del presidente Alvaro Uribe. El domingo 26 se produce una marejada del centro izquierda en las elecciones para alcaldías y gobernaciones departamentales. El "Lula colombiano", Lucho Garzón, gana de calle la alcaldía de Bogotá. Los candidatos de su partido, el Polo Democrático, o de los movimientos sociales, ganan también en Cali, Medellín y otras ciudades y departamentos clave.

Pero Colombia sólo constituye un ejemplo más del gran avance que los movimientos sociales han tenido en la arena política latinoamericana en los últimos años. Han logrado llevar al poder a sus representantes, como es el caso de Lula, en Brasil. O a sus aliados, como Lucio Gutiérrez -quien luego los traiciona- en Ecuador. O han depuesto a gobernantes como Sánchez de Lozada en Bolivia o a De la Rúa en Argentina. O se encuentran en el umbral de ganar la presidencia de la república, como es el caso del Frente Amplio en Uruguay.

Muchas veces recelosos de la política, los movimientos sociales van comprendiendo ahora que sus demandas y reivindicaciones históricas no se logran totalmente si se confinan en el solo ámbito de la sociedad civil. Es necesario que conjuguen la acción "desde abajo" con las políticas públicas, con la toma de decisiones desde el gobierno.

En la creciente influencia de los movimientos sociales latinoamericanos pesan mucho dos factores: el agotamiento de la agenda neoliberal impuesta por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como el descrédito de una clase política dirigente, autoritaria y corrupta. Veinte años de políticas de ajuste han hecho de América Latina la región más desigual del mundo, con altos índices de desempleo y deterioro del tejido social, corroída por la violencia. Ya nadie, ni siquiera los organismos financieros multilaterales, hablan de desarrollo, cuando mucho de reducción de la pobreza.

Así, los movimientos sociales han logrado reflejar mucho más que los partidos las necesidades y las aspiraciones de amplios sectores del continente. Se han constituido no sólo en portadores de demandas, sino en sujetos de lo público arrebatándole a los gobiernos el monopolio del mismo. Sus demandas las conciben como ejercicio de sus derechos de ciudadanía y las ubican dentro de agendas sociales estratégicas. Todo esto ha sido posibilitado por una intensa labor de formación de los dirigentes y cuadros medios de los movimientos.

Gracias a todo ello el Movimiento Pachakutik, de Ecuador, lleva a Lucio Gutiérrez a la presidencia y logra ocupar tres ministerios, entre ellos el de Educación y la cancillería. Cuando Gutiérrez se aleja de los compromisos contraídos con su pueblo, Pachakutik rompe la alianza y presenta la renuncia irrevocable de sus funcionarios.

En Bolivia, el Movimiento al Socialismo hace caer al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada mediante una amplia rebelión indígena y campesina indignada por la entrega de gas natural al extranjero. En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra ayuda a Lula a llegar al gobierno, pero se convierte luego en un severo crítico de la política económica y de la alianza de facto de éste con los agronegocios.

Mas la esperanza precisa cultivarse para que rinda frutos. Aun robustecidos y en auge, los movimientos sociales en América Latina tienen ante sí grandes desafíos: madurar su dimensión política, dándole claridad estratégica a su transformación en partidos políticos o a sus alianzas con éstos. Construir poder cotidianamente, pues de muy poco sirve tomar el gobierno sin cimentarlo desde abajo. Pensar en los límites de los estados y de las economías nacionales en un contexto de globalización creciente. Saber integrar a las agendas generales, estratégicas, las agendas específicas de sectores como las mujeres, los indígenas, los jóvenes, las de gays y lesbianas. Construir la soberanía alimentaria y las alternativas de convivencia que vayan fortaleciendo su resistencia y al mismo tiempo haciendo posible una sociedad justa y sustentable para todos y para todas.

Con estos desafíos, con aquellas certidumbres, con muchas preguntas sobre su caminar, los movimientos sociales latinoamericanos van construyendo así "un mundo donde quepan todos los mundos", como dicen los zapatistas.

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