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México D.F. Domingo 23 de noviembre de 2003

Juan Arturo Brennan

ƑCerrar mi escuela?

De la cartelera cinematográfica de los meses recientes, escojo al azar una docena de títulos: Lizzie McGuire, estrella pop; American pie, la boda; Una joven pareja de idiotas; SWAT; Erase una vez en México; Mini-espías 3D; Hollywood, departamento de homicidios; Freddy vs Jason; Los Angeles de Charlie al máximo; Todopoderoso; Legalmente rubia 2; Una intrusa en la familia. Es decir, basura de la peor clase. Y este es el perfil habitual del cine que se ve en México, porque las distribuidoras y los exhibidores han decidido que ese es el cine que queremos y debemos ver.

Al mismo tiempo, el cine mexicano se aferra a una precaria supervivencia, sostenida por frágiles hilos financieros, y los exhibidores se niegan a contribuir con un peso por boleto vendido para financiar películas. En medio de esta crisis, el señor ministro de los dineros emite un Proyecto de Presupuesto de Egresos que contempla la virtual muerte del cine mexicano. El meollo de la propuesta es la ''disolución, liquidación, extinción, fusión o enajenación" del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), los Estudios Churubusco Azteca y el Instituto Mexicano de Cinematografía.

El plan del licenciado Gil Díaz es realmente muy completo: pretende acabar, de un solo golpe, con la escuela en la que se enseña a hacer cine, con las instalaciones en las que se produce el cine y con la institución que financia y promueve el cine. Este genial plan, Ƒserá iniciativa personal, surgida de la impar creatividad fiscal del señor ministro de los dineros y su jefe, o hay algo más turbio detrás?

Dirán ustedes que por qué me meto en cosas que no me importan, pero lo cierto es que sí me importan, y mucho. Soy el primer egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica y mi paso por esa escuela es el único hito de mi vida académica que me produce un orgullo auténtico. Más aún: alejado como he estado de la práctica del cine, cotidianamente me encuentro aplicando en otros oficios y otras tareas muchas de las enseñanzas que me dejó la escuela.

Perfectible como toda institución de su tipo y con un crecimiento continuo, el CCC ha enfrentado ya varios intentos por hacerlo desaparecer. Me consta, porque no he dejado de estar en contacto con la escuela, que cada uno de sus directores (incluyendo a la actual, Angeles Castro) ha luchado a brazo partido, contra viento y marea, no sólo por la supervivencia de ese centro sino por su superación técnica y académica y por un presupuesto suficiente para sus actividades.

Por si al señor ministro de los dineros no se lo han dicho o no se ha tomado el trabajo de averiguarlo, conviene recordarle que un porcentaje significativo de los egresados del CCC trabajamos con éxito en distintas vertientes del quehacer cinematográfico y audiovisual y, de modo importante, también en otros medios.

Por si al señor ministro y a su jefe no les han informado, va el dato de que los egresados del CCC hemos obtenido cerca de un centenar de premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Por si estos genios fiscales lo ignoran, la comunidad del CCC ha enriquecido notablemente durante más de 25 años el discurso de los medios audiovisuales en México. Pero claro, estos datos no pueden ser significativos para el señor ministro y para su jefe en el contexto de una sociedad que, gracias precisamente a sus ''iniciativas", no lee ni ve buen cine, pero en cambio ve muchas horas de Big Brother VIP a la semana.

Defiendo aquí la continuidad y la superación del CCC, no sólo porque sea mi escuela sino porque creo que es un crimen cerrar escuelas en cualquier lugar del mundo, pero sobre todo en un país como el nuestro, al que si algo le hace falta es la apertura diaria de un centenar de ellas, en las que se enseñe y aprenda a leer y a escribir, a hacer cuentas, a hacer y ver cine.

Este demencial plan de decapitar al cine mexicano de un solo golpe es una muestra más del desprecio profundo que esta administración tiene por el pensamiento, la inteligencia, el espíritu y la cultura. Un gobierno que no conoce a Borges, que intenta aplicar gravámenes a los libros, que censura a Fuentes, que quiere desaparecer nuestro cine con el insostenible pretexto de un magro ahorro, y que quiere cerrar mi escuela, es una pobre excusa para un ''gobierno del cambio" que no hace más que dar ''drásticos giros" de 180 grados cada vez que abre la boca.

Propongo, en cambio, un proyecto para disolver, liquidar, extinguir y fusionar al señor ministro de los dineros y a su jefe... porque enajenados ya están.

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