Usted está aquí: martes 31 de mayo de 2005 Cultura Repaso de Pino Cacucci a faenas, desventuras y amores de Modotti

''Vittorio Vidali sólo la utilizó'', expresó el escritor italiano en una mesa redonda

Repaso de Pino Cacucci a faenas, desventuras y amores de Modotti

En el Museo Franz Mayer reportea un biombo colonial sobre la caída de Tenochtitlán

Inconseguible, en México, la edición de Planeta del libro que escribió sobre la fotógrafa

JAIME AVILES

Ampliar la imagen Portada de Oltretorrente, una de las obras del escritor italiano Pino Cacucci

Especialista en la cultura mexicana, a Pino Cacucci le llueven pedidos de trabajo del mundo editorial europeo. Ahora está escribiendo un folleto acerca de un famoso biombo colonial y propone que vayamos a verlo al museo Franz Mayer. Nos acompañará el célebre reportero genovés Massimo Calandri, que está de paso por el Distrito Federal rumbo a Sudamérica. La cita es a la una de la tarde frente al Palacio de Bellas Artes; después nos iremos a comer.

La pieza, en efecto, es un prodigio. En ocho tableros verticales, un artista anónimo del siglo XVII pintó por el frente una alegoría de la conquista de Tenochtitlan, que abarca desde el solemne encuentro entre Cortés y Moctezuma hasta las amarguras de la noche triste, la pedrada que mató al emperador y los tormentos de Cuauhtémoc, mientras por el reverso, con un espíritu no exento de didactismo, desarrolló un retrato de la esplendorosa ciudad, ordenada y pacífica, pero despoblada de seres humanos, que surgió a raíz de aquellas cruentas luchas.

-¡La llave más larga del mundo! -exclama Cacucci, vitrinas después, ante una colección de candados y cerraduras del XVIII, que incluye una vara de hierro esculpida al propósito de abrir una puerta de medio metro de espesor.

Ejecución de Julio Antonio Mella

Tomamos un taxi en el Eje Central y le indico al chofer que nos lleve a la calle de Regina, sin que de ello se enteren mis acompañantes, hablando que van de los acontecimientos de la víspera, cuando alrededor de una mesa redonda, convocada por el Instituto Italiano de Cultura para hablar de la vida, las faenas, las desventuras, los sacrificios, los amores y las tragedias de Tina Modotti, surgió una polémica sobre la figura de Vittorio Vidali, el famoso comandante Carlos de la guerra civil española, el agente del Kremlin que dejó una huella tan profunda (y tan manchada de sangre) a su paso por nuestro país.

Aunque perecía por dirigirse al público en español, lengua que ama y domina como si fuera la de una amante, Cacucci fue obligado a expresarse en italiano para deleite de los estudiantes de ese idioma. Y estaba diciendo que de todas las desdichas que padeció la Modotti, quizá la más devastadora fue la muerte violenta del líder estudiantil cubano Julio Antonio Mella, asesinado a balazos en la esquina de Abraham González y Morelos, a una cuadra de lo que ahora es el Café Habana en donde, según la leyenda, más de 20 años después del crimen se conocerían Fidel Castro y Ernesto Guevara cuando todavía, por supuesto, no era el Che.

Contra la furia de la prensa reaccionaria y chovinista de 1929, empeñada en asegurar que la Modotti, ''extranjera perniciosa", era la causante directa del homicidio, que se produjo cuando paseaba del brazo de Mella, la verdad histórica que se impuso por encima de los alegatos judiciales determinó que la ejecución del dirigente comunista la dispuso la dictadura de Gerardo Machado desde la isla. Para Cacucci, por el contrario, la orden de eliminar a Mella provino de la Internacional y fue cumplimentada por gatilleros al servicio de Vidali, quien veía en el joven cubano un obstáculo para los designios de Moscú en México.

De pronto levantó la mano una muchacha y dijo, siempre en italiano, que en Tinissima, la novela de Elena Poniatowska, Vittorio Vidali es un soñador que arriesga su vida por las causas revolucionarias, imagen ante la que Cacucci, después de escuchar con atención, respondió con una sonrisa donde suelen abrirse las sonrisas y una furia no contenida en sus palabras, lenta y alegremente pronunciadas. ''Vidali era un asesino, un macho, un sexista. Para él Tina era una estúpida, una esclava que obedecía las órdenes del partido pero que no tenía la menor importancia política para él; él no respetaba el pensamiento político de Tina, se limitaba a usarla porque le era útil, y denunciarlo hoy, después de tantos años, me parece una forma de impedir que personas como él vuelvan a causar tanto daño en nombre de las ideas de la izquierda", concluyó.

Dos interpretaciones contrapuestas

El taxi avanza con dificultad entre los puestos de vendedores ambulantes que atestan la estrecha calle de Regina. A una pregunta mía, Cacucci recuerda con tristeza que cuando estaba escribiendo Tinissima, Elena se acercó a él con muchas preguntas, algunas acerca de Vidali, y Pino le transmitió la impresión que conserva de ese hombre, hecho que la Poniatowska rechazó y produjo un altercado entre ambos, que no ha sido resuelto ni superado aún. ''Ella se enojó muchísimo conmigo, a mí me gustaría encontrarla", afirma el escritor.

¿Quién tiene razón? Esa desde luego es una pregunta sin respuesta porque se trata de dos interpretaciones históricas que se contraponen. La última palabra al respecto, en todo caso, debería ser la de los lectores, pero éstos en México se encuentran ante la frustrante desventaja de que no se puede conseguir la edición que Planeta hizo de la Tina de Cacucci y que no ha vuelto a reimprimir desde entonces, en una actitud que contrasta con la de Feltrinelli, sello italiano que año tras año repone las obras del autor, acercándolo siempre a nuevos lectores.

Llegamos final y penosamente a la Casa Chon. El menú del caluroso día ofrece platillos de cocodrilo en salsa costeña, armadillo en salsa de mango, víbora en machaca estilo Sonora, tostadas de pejelagarto, y una variada combinación de sabores procedentes del reino de los invertebrados: gusanos de maguey, huevos de hormiga y jumiles y acociles fritos. La gran duda que de un momento a otro será despejada quiere esclarecer si Pino Cacucci, que sabe todo cuanto es posible saber acerca de la cultura popular mexicana, había estado en este célebre restaurante que se anuncia como prehispánico y que sobrevive no tanto gracias a la fidelidad de su clientela sino a la curiosidad de sus comensales de ocasión, que se rinden ante sus elevados precios pero difícilmente regresan.

''¡Esto es fantástico!", decreta Pino, quien jamás había no sólo estado aquí sino tampoco oído hablar de este sitio. El patrón, que es también el que cocina y atiende las mesas -en ese momento la única viva es la nuestra-, nos desaconseja el mezcal porque ''es de etiqueta, no genuino" y recomienda los gusanos de maguey que él mismo, dice, lavó y tostó anoche. Poco a poco, entre caballitos de tequila que van y vienen por el vacío salón, nos traerá toda clase de platitos con muestras de su personal gastronomía, depositándolas bajo una estricta consigna:

-Coman y no pregunten.

Pino y Poniatowska, P & P, recuerdo, coinciden en sus respectivos volúmenes sobre Tina en que ésta murió en la soledad, la tristeza y la penuria, al abordar un taxi en el Distrito Federal, después de una azarosa vida que la llevó de Italia a Hollywood, de Estados Unidos a México, de México a Moscú, a la Alemania nazi y a la guerra civil de España, antes de su regreso a nuestro país donde era una sombra de su rotunda belleza cuando la mató un infarto en el asiento trasero de un coche de alquiler. Por eso, le digo a Pino, yo no entiendo por qué, al día siguiente, Pablo Neruda escribió y publicó un poema que desde entonces cubre la tumba de Tina Modotti en el panteón de Dolores.

-Neruda era una de las pocas personas que no le cerraron jamás las puertas a Tina. Ellos se veían a menudo, eran amigos. Neruda vivía en México y leyó el poema en los funerales, buscando una suerte de rehabilitación pública de la figura de ella, cosa que nadie había hecho desde que los periódicos mexicanos la llamaron ''asesina" y "prostituta".

 
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