Usted está aquí: viernes 12 de agosto de 2005 Sociedad y Justicia Labores de alto riesgo con sello femenino

Labores de alto riesgo con sello femenino

62 mujeres trabajan a la par que varones en el grupo policial de elite Fuerza de Tarea

ANTONIA ESQUIDE GONZALEZ

Ampliar la imagen Descender a rapel forma parte del duro entrenamiento a que son sometidas los integrantes del Agrupamiento Fuerza de Tarea, de la Secretar�de Seguridad P�a capitalina FOTO Antonia Esquide Gonz�z Foto: Antonia Esquide Gonz�z

Rocío, Sandra, Fabiola y Susana son parte de las 62 mujeres que conforman el Agrupamiento Fuerza de Tarea (AFT) -de 617 elementos-, cuerpo de elite de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del DF.

Ellas se preparan diariamente para intervenir en situaciones de crisis en la ciudad de México. Realizan prácticas de apoyo en negociaciones para liberar rehenes y hasta en acciones antiterroristas. Tienen conocimientos sobre explosivos, hacen descensos desde helicópteros, rapel y tirolesa, salvamento acuático, primeros auxilios y han sido entrenadas en artes marciales.

Para ellas no fue fácil entrar a este grupo, ya que de un total de 100 aspirantes a pertenecer al AFT, únicamente logran integrarse tres mujeres y un máximo de 30 hombres.

"Para estar en el agrupamiento se necesita tener capacidad de decisión, dinamismo, disciplina y compromiso con la comunidad", aseguró el segundo superintendente Isaías Cisneros Arellano, quien explica que las mujeres que forman parte de este selecto grupo realizan las mismas actividades que sus compañeros, pues "lo saben y lo pueden hacer", además de que "cualquier trabajo es fácil cuando hay voluntad".

Sin embargo, es necesario que adquieran muy buena condición física. Por eso los entrenamientos son exhaustivos. Corren alrededor de cinco kilómetros diarios a campo traviesa, realizan "gimnasia táctica", practican tiro al blanco, operaciones "aeromóviles y ribereñas", y además reciben capacitación en electricidad, química, operación de radio, primeros auxilios y robótica, entre otras materias.

"La actividad es muy pesada. Habrá ocasiones en que, por ejemplo, tendrán que bajar a rapel llevando a un lesionado sobre la espalda, y soportar su propio peso, aparte 50 y hasta 70 kilos más de la persona rescatada. Correr, por ejemplo, un kilómetro a un punto donde haya una emergencia y no puedan llegar las patrullas, y hacerlo con todo el equipo, que incluye siete kilos de peso del chaleco, las granadas, las armas corta y larga, cuerdas y demás", señala el subdirector del AFT, Armando Palacios.

Con dos hijos adolescentes y 14 años en la policía, cuatro de los cuales se ha desempeñado en el AFT, María del Rocío González Vargas ha tenido que equilibrar su vida familiar y, sobre todo, su papel de madre con su trabajo de alto riesgo, y asegura que, aunque es difícil, está orgullosa.

Entró a la Academia de Policía a los 22 años, por necesidad económica, pues ya tenía dos bebés que mantener y no contaba con el apoyo de una pareja, "así que debía buscar un trabajo y decidí que fuera algo que me ha gustado siempre: ser policía", explicó. Su padre también se dedicó a esta labor y ella siempre lo ha admirado.

A sus 35 años, sabe que sus hijos se sienten orgullosos del trabajo que realiza, pero también les provoca miedo, está consciente de que el riesgo es parte de sus días. Recuerda: "una vez me tocó interceptar una marcha, ahí se pusieron fuertes los golpes, a una compañera la mataron por las patadas que le propinaron en el vientre, le estallaron las vísceras. Pero bueno, lo importante para nosotras es capacitarnos para saber cómo defendernos en estos casos", señala.

Por su parte, Sandra Alicia Santiago Gómez, de 25 años de edad, es madre soltera y tiene un niño de tres años. Cuando se enteró de la convocatoria para pertenecer al AFT su hijo tenía apenas dos meses de nacido; sin embargo, no dejó pasar la oportunidad. "Fue difícil, porque a mi bebé lo dejé muy pequeño y, aunque tengo el apoyo de mi mamá, me duele dejarlo", señala.

El padre de Sandra también es policía, él fue su modelo a seguir para que ella se dedicara a este trabajo, y a pesar de que tiene cuatro hermanos (una mujer y tres hombres), sólo ella siguió este camino y lo hizo por gusto, asegura. "Aunque a veces si sientes miedo. Por ejemplo, yo realizó operaciones ribereñas y claro que he sentido feo cuando me ha tocado sacar cuerpos de personas que se ahogaron, pero pos te aguantas y simplemente haces tu labor".

En el caso de Fabiola Michelle López Corona, las circunstancias fueron distintas. Ella comenzó a trabajar a los 19 años en la policía para poder pagar sus estudios de Turismo. En aquel entonces acudía a la escuela desde las siete de la mañana y salía a la una de la tarde e inmediatamente se dirigía a su empleo en la Dirección de Comunicaciones de la Secretaría de Seguridad Pública, donde se dedicaba a la localización vía satelital de vehículos. Además, los sábados y domingos, de siete de la mañana a siete de la noche, laboraba en la Secretaría de Turismo. En cuanto terminó la escuela, Fabiola llevaba a cabo turnos nocturnos en la SSP para poder trabajar, de lunes a viernes, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, de nueve a seis de la tarde.

Un día, su esposo, quien también es policía, le propuso hacer el intento de entrar a Fuerza de Tarea, donde ha permanecido desde hace dos años."A los 25 me casé y dejé todos mis demás trabajos para integrarme al agrupamiento y convertirme en una mujer normal", señala de forma irónica y entre risas.

Pero en especial, para María Susana Cruz Sánchez entrar al agrupamiento Fuerza de Tarea significa cumplir uno de sus sueños, el cual está por hacerse realidad a sus 39 años de edad, ya que apenas se va a graduar. No le importa que le digan que lo que no hizo de joven lo quiere hacer ahora. "Si uno trae el coraje y ánimo adentro, lo haces, es cuestión de querer" asegura.

María Susana ya estaba casada y tenía dos hijos varones cuando decidió, a los treinta años, ser policía, después de haberse dedicado durante mucho tiempo a realizar trabajos temporales como demostradora en tiendas comerciales.

"Lo que me anima a seguir y a realizar mi trabajo con gusto es el saber que hice algo por alguien y sentir el reconocimiento de las demás personas" señala Susana. Quien al igual que Rocío, Sandra y Fabiola tiene familiares con profesión similar.

Tal vez ninguna de las cuatro ha reparado en pensar si fue por herencia, por contagio o por verdadera vocación que decidieron desempeñarse en este ámbito, pero todas aseguran que les llena de gusto hacerlo, aunque su labor implique sacrificio y "mucha responsabilidad, porque de una decisión pueden depender muchas vidas". Para ellas, la satisfacción del deber cumplido y el orgullo de servir son su impulso para seguir adelante.

 
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