Usted está aquí: miércoles 24 de agosto de 2005 Espectáculos Nacho Méndez logra insólita fusión: ranchero y bossa nova

Presentará Un mexicano en Brasil... el próximo 3 de septiembre en el Lunario

Nacho Méndez logra insólita fusión: ranchero y bossa nova

El primero tiene su fuerza en las letras; el segundo es rico en armonía, logra una intimidad instántanea

Incluye temas de José Alfredo Jiménez y Consuelo Velázquez, entre otros

JUAN JOSE OLIVARES

Surge un disco único y original: Un mexicano en Brasil, Mexican bossa nova, creación caprichosa de la mezcla de piezas rancheras clásicas de autores como José Alfredo Jiménez, Consuelo Velázquez, Manuel Esperón, Ferrusquilla, Juan Gabriel, pero interpretadas al ritmo de la bossa nova por un cantautor enamorado de Brasil: Nacho Méndez, quien asegura: "No concibo dos conceptos musicales más opuestos que la canción ranchera y la bossa nova".

El cantautor agrega: "La primera, originaria de México, representa la voz del arquetipo charro, borracho, parrandero y jugador. Canciones que se entonan con potente voz, llorando en una cantina o dando serenata a una amada, construidas con un mínimo de acordes y ritmos simples, y que tienen su fuerza en las letras. La bossa nova, nacida en Brasil a finales de los años 50, es rica en armonía, su cadencia rítmica es sincopada y se canta emitiendo un hilito de voz, con lo que se logra una intimidad instantánea. Estoy enamorado de Brasil y por eso me aventuré en este camino, en el que espero encontrar muchas almas gemelas".

Nacho Méndez, creador también de discos como Nacho Méndez canta a Serrat (con quien el compositor guarda amistad) y Nacho Méndez canta a Cri Cri, presentará esta dulce rareza auditiva el próximo sábado 3 de septiembre a las 10 de la noche en el Lunario del Auditorio Nacional, con un espectáculo en el que habrá 14 músicos (piano, bajo, batería, dos percusionistas, y una sección de violines y chelos) con los que interpretará las piezas del disco -que está disponible en Mix-up y librerías conocidas-, como Echame a mí la culpa, Amarga navidad, Tu recuerdo y yo, Que seas feliz, Se me olvidó otra vez, además de clásicas de Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes y Joao Gilberto, entre otros.

Méndez es compositor, arreglista, actor, traductor, músico, cantante, dramaturgo, productor musical, guionista y conductor de programas educativos de televisión. Nació en la ciudad de México, y estudió en la Facultad de Filosofía y Letras y la Escuela Nacional de Música (UNAM), así como en la Escuela Libre de Música. Es autor de la música de unos 500 jingles publicitarios, de 60 canciones grabadas (Cuando pienso en ti, Desencuentro y Qué más puedo pedir, entre otras), de la música de fondo de 49 películas (Amor libre, En la trampa, Katy La Oruga y Mónica y el Profesor), de temas para televisión (La Cosquilla, Sábado Loco, Viva el Domingo, Con N de Nacho, Sin Compromisos, Imevisión, Diálogos en Confianza), de música para teatro (El fantasma de la ópera, en 1976; Yo contigo, tú conmigo, y Sylvia, Mónica y el Profesor)... es un indagador sobre la música.

Se ha distinguido también por ser un gran intérprete de la bossa. Desde que nació ese género está enamorado de él. Se fue a Brasil, donde conoció a grandes, como Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes, Joao Gilberto y Carlos Lyra, entre otros. Siempre tocaba bossa nova, era parte de su repertorio, pero este proyecto comenzó a gestarse en enero de este año. Dice: "Estaba en mi estudio y me puse a cantar una canción de José Alfredo, la grabé y experimenté, y en una semana ya tenía la primera canción. Se las mostré a amigos de diferentes edades, que me dijeron que estaba bien. Me di cuenta de que había algo interesante allí, me llevó algunos meses hacer cada una de las rolas, escogiendo; cuando tuve el disco terminado, yo mismo mandé hacer el arte y la maquila".

Nacho recuerda que su experiencia en Brasil fue gracias a que un amigo lo escuchó cantar en portugués y le preguntó si lo había aprendido allá. Le contestó que jamás había estado en ese país, porque no tenía dinero para ir. El amigo le invitó el pasaje. Ya en Brasil se conectó con los grandes de la bossa. De hecho conserva dos cosas "inapreciables" de Antonio Carlos Jobim: una es la partitura original de Desafinado, autografiada con dedicatoria para él, y otra, una guitarra que le perteneció.

El detalle, en la selección de las piezas

En opinión del músico, en escoger un repertorio mexicano para este disco estuvo el detalle. "La gente se sabe las canciones, las canta conmigo. Además el disco tiene un toque de humor, que consiste en que estas canciones siempre las habíamos escuchado con voz bravía, y cuando las oyes de otra manera te hacen sonreír."

-Acústicamente se podría decir que el bossa nova es la antítesis de la canción ranchera

-No hay dos músicas más disímbolas que estas dos. Pero es como cuando dices un mismo texto con otro tono, cambia el contexto.

Para Méndez, José Alfredo Jiménez es uno de los grandes de la canción, "reconocido en todo mundo de habla hispana, por eso este material puede trascender las fronteras de México, por todos los grandes compositores que están en el disco".

-¿Cree que las canciones de José Alfredo Jiménez también podrían haber sido concebidas en Brasil?

-Hay cosas que no van mucho, pero, por ejemplo, en vez de decir que se está tomando un tequila puede decirse que se está tomando una cachaza (aguardiente), y en lugar de decir que se está escuchando canciones rancheras, se oye samba.

-¿Cómo bajó el ritmo?

-Es intuitivo, tengo muchos años de tocar bossa nova, conozco las cadencias rítmicas, armónicas. Las composiciones en ranchero son melodías riquísimas y letras interesantes, pero los ritmos son sencillos. Si coges una guitarra y te sabes cuatro acordes, puedes acompañar cualquier canción ranchera. Para la bossa nova se tiene que avanzar constantemente en la guitarra. Muchas de las canciones estaban en tres o cuatro cuartos y yo las adapté al ritmo de bossa nova, que es fundamentalmente dos medios. Y tuve que buscar los instrumentos que sonaran a brasileño, como la cabasa, el pandero triángulo, el surdo y el piano sencillo, muy a la Jobim.

Agrega: "Vi que tenía un buen material en las manos; lo demás fue seguir buscando el repertorio, viendo las variedades. Las canciones que escogí son rolas que me gustan. No quise poner cosas como que 'estoy en mi caballo', cosas difíciles de convertir. En el mundo ahora se busca la fusión. Yo la hago con el ranchero y la bossa nova, con dos culturas. Dos maneras de ver la vida, no tanto en la actualidad, sino con el mexicano de esa época, la de oro del cine nacional, de esos charros que cantaban al amor, con un entorno de cantinas; y ese mismo material funciona en un ritmo que es de un Brasil de los años 50 y 60, cuando se empezaron a hacer canciones más intelectuales. Se reunieron un conjunto de creadores que revolucionaron la música popular brasileña, la de la samba y el jazz. El problema de la bossa nova es que nació casi junto con el rocanrol y se opacó un poco.

Nacho Méndez ya tiene pensado el volumen dos, que quizá sean boleros en vez de rancheras.

Por lo pronto estará el 3 de septiembre en El Lunario para presentar Un mexicano en Brasil, Mexican bossa nova a las 10 de la noche. Los boletos ya están en el 53259000.

 
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